
Lamentablemente, no pude asistir al acto de entrega pero, al ser Ferran un gran amigo mío, las siguientes palabras serían las que me gustaría haberle dedicado:
Recuerdo una anécdota que me contó, hace tiempo, el propio Ferran.
En un evento como este alguien debía presentarle y, como tenía tal admiración por Ferran, lo único que se le ocurrió decir fue: “Ferran Adrià no necesita presentación. Es impresentable”.
Pues bien, yo creo que Ferran Adrià es perfectamente presentable en muchos sentidos.
Es, sin duda alguna, uno de genios del arte y de la cultura del Siglo XXI. Además, ha dedicado su atención a un sector de actividad tan importante como la cocina y la gastronomía. Pero hubiera triunfado igual en la arquitectura, en la literatura o en la música.
Es una de esas pocas personas que son capaces de cambiar el rumbo de la historia en aquello a lo que se dedica.
El también cocinero Jöel Robuchon me dijo una vez: “Rafael, las personalidades importantes son las que cambian el rumbo de la historia”.
Aunque parezca exagerado, Ferran Adrià ha hecho en cocina lo que Picasso hizo con la pintura y, en general, con las artes plásticas. Consiguió pasar de una actividad artesanal, en la que lo importante era interpretar con calidad las recetas tradicionales o la alta cocina francesa a un nuevo espacio de libertad, en el que el cocinero se convierte en artista, en autor y, si es bueno, en artista mediático.
La cocina y la gastronomía actual se definen por su capacidad de innovación y en el origen de ese cambio radical que fue pasar de la artesanía al arte y de la tradición a la creatividad, Ferran Adrià tiene ya, para siempre, un papel en la historia.
Voy a limitarme a citar algunos recuerdos que poco a poco fueron definiendo la personalidad de Ferran.
En primer lugar, tengo un libro, que espero publicar próximamente, que me dio la esposa del Almirante Liberal Luchini, firmado por Fermí Puig y Ferran Adrià, que recoge las recetas que elaboraron durante su etapa de servicio militar en Cartagena.
Recuerdo perfectamente cuando le conocí, a través de Juli Soler, en elBulli. También las inmensas dificultades iniciales porque no era fácil aceptar las creaciones de un chico veinteañero, que estaba empezando a revolucionar la cocina.
En esa etapa, la presencia de Juli Soler fue fundamental. También él era un inconformista, una persona que venía del mundo de la música y que desde el primer momento entendió la genialidad de su joven cocinero.
Poco a poco, la gente fue entendiendo y aceptando la figura de Ferran.
El cuenta siempre una historia en Niza, cuando preguntó al chef Maximin qué era crear y este le contestó: No copiar
Desde entonces, no ha hecho más que innovar, que llevar a la cocina ese espacio de libertad que es la conquista más importante del ser humano a lo largo de los tiempos.
A partir de ahí, empezaron todos sus triunfos: los tres Soles de la Guía Repsol, entonces Campsa; las 3 Estrellas Michelin; el número uno del mundo en la lista The World’s 50 Best Restaurants durante cinco años; artista invitado en la muestra de arte contemporáneo más importante del mundo; conciertos inspirados en sus platos; cursos de ciencia y cocina en la Universidad de Harvard, con la Facultad de Física; doctorados honoris causa; una de las 100 personalidades más influyentes del mundo en la revista Time; o las portadas de los dominicales de The New York Times y Le Monde.
Sus acuerdos con El Casino de Madrid, con NH y su relación actual con Telefónica, con Universidades, con el Instituto de Empresa.
No existe nada parecido en la historia de la cocina del Siglo XXI.
Millones de personas pedían mesa en su restaurante elBulli en esa época gloriosa en la que compartía éxito con Juli Soler, con Oriol, con Eduard, con su hermano Albert, con la innumerable serie de profesionales que pasaron por su cocina y por la sala del Bulli. Y también, con su esposa, Isabel, su compañera de siempre, una de las personas que más le ha ayudado.
Ferran tiene otro valor importante: ha creado Escuela no solo en España sino en todo el mundo. Los grandes cocineros actuales reconocen y están orgullosos de haber pasado por elBulli y de haber conocido a Ferran Adrià.
Recuerdo muy bien la etapa en la que fue Embajador de nuestro turismo, con Turespaña, cuando era Secretario de Estado Joan Mesquida.
La influencia de la gastronomía en la fidelización del turismo en nuestro país ha tenido una extraordinaria importancia y, actualmente, ocurre lo mismo con la Marca España.
Ferran es, sin duda, un símbolo básico de nuestra Marca y de nuestro orgullo de país.
Pero, sobre todo, quisiera destacar lo más importante. Ferran es ante todo y sobre todo una gran persona. Un genio modesto en el sentido que daba Santa Teresa a la palabra humildad. Santa Teresa decía que la humildad es la verdad. Y Ferran es verdad.
Además, con una extraordinaria capacidad humana que ha demostrado en relación con sus padres, con su mujer, con sus suegros, con sus amigos y con Juli Soler.
Me siento orgulloso de ser amigo de Ferran y creo que he tenido la inmensa suerte de compartir con él sus momentos de gloria y espero seguir compartiendo con él, en el futuro, sus nuevas aventuras.
Como chef, como un extraordinario cocinero, como un gran artista, ha dado al vino la importancia que merece y, sin duda dentro del vino, el de Rioja, uno de los mitos de su niñez y de su juventud.
Aunque delegaba los aspectos relacionados con el vino en Juli Soler y los sumilleres de elBulli, siempre ha dedicado una especial atención al mundo enológico.
Yo he tenido la oportunidad de degustar con él algunos de los mejores del mundo. Muchos de ellos españoles. La mayoría de ellos de Rioja.
Por eso quisiera ahora hacer un brindis virtual con una copa y un gran vino tinto de Rioja. Un gran reserva porque Ferran es, sin duda, una de las grandes reservas y de los grandes protagonistas de futuro que tenemos en España.
Ferran, Rioja, amigos todos, muchas, muchas, muchísimas gracias.