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RESEÑA

Jean-Luc Seigle: Al envejecer, los hombres lloran

domingo 01 de diciembre de 2013, 12:21h
Jean-Luc Seigle: Al envejecer, los hombres lloran. Traducción de Adolfo García Ortega. Seix Barral. Barcelona, 2013. 237 páginas. 18 €. Libro electrónico: 12,99 €
Una obra literaria que muestra varias líneas temáticas: la familiar, la historia nacional de Francia, especialmente en su dimensión militar, la belleza y las posibilidades de la literatura, el amor y sus desencantos.

La familia está conformada por Albert (también su anciana madre que aún vive), su mujer Suzanne y los hijos de ambos Henri y Gilles. El papá Albert había estado en la línea Maginot durante la Segunda Guerra Mundial, cinco años preso de los alemanes; era un hombre fuerte y admirable, que crió a su hermana Lilianne; un gran trabajador. Suzanne por su parte era dueña de la casa, se casó muy joven y amaba y admiraba a su hijo Henri, mientras mostraba desafecto hacia el pequeño Gilles, de diez años. Ella se conservaba muy bien, y algunos rumores la vinculaban con el cartero Paul Marsan; un matrimonio rutinario la había ido distanciando de su marido (él, por su parte, nunca la había querido realmente). Henri se encontraba en la guerra de Argelia, como su abuelo había estado en la Primera Guerra Mundial en Verdún y su padre en Schoenenbourg; era el preferido de su mamá y lejano a su papá. Finalmente, estaba Gilles, ávido lector de Balzac, admirador de su padre y siempre regañado por su madre. El niño conoció al señor Antoine, que se convirtió en su tutor.

La historia transcurre en una sola jornada, en un hogar francés hacia 1961, de la mañana a la noche y culmina en un dramático amanecer. Ahí comienza a aparecer la historia de Francia, la vida del pueblo y la situación y sinsabores de una vida gastada, dividida, donde se van descubriendo problemas de raíz hasta otros reflejados en la convivencia cotidiana.

Siegle logra ir combinando en la narración tanto la vida de la familia como algunas de las pasiones intelectuales y políticas de los protagonistas: la literatura (en el caso de Gilles hay una continua lectura de la obra de Balzac) y la historia, no solo de libros, sino transmitida de generación en generación, de acuerdo a la genial explicación del señor Antoine.

Los problemas domésticos reflejan otros más profundos; las relaciones humanas y amistosas tienen complejidades imprevisibles; el desgaste matrimonial abre posibilidades dolorosas como la infidelidad de Suzanne y el deseo de morir de Albert, que aparece en las primeras páginas; los hijos que no son competencia, aunque sus padres los presenten como tales. A pesar de las dificultades, temores y fallos, es un relato de afectos, amor y entrega. De vida sencilla en un mundo tradicional que va muriendo, con cambios que se aprecian en las costumbres, la tecnología y la idea misma de patria. Un mundo donde la familia aparece como el último refugio, aunque sean visibles los gérmenes de su propia destrucción.

El telón de fondo son las guerras del siglo XX, que da un sabor especial a la obra, donde el heroísmo coexiste con la vergüenza, los recuerdos con el olvido y el silencio, los hechos con lo que se cuenta de ellos (con verdad o con mentiras). Pero en primera fila destaca el drama de la vida cotidiana, la infidelidad de Suzanne con Marsan, el suicidio de Albert, el llanto y el trágico fin de una vida en común. Como corolario, sin embargo, emerge un Gilles ya mayor con 60 años, en pleno 2011, convertido en un profesor universitario de literatura, que orienta una discusión final sobre la guerra y especialmente sobre la línea Maginot, con una reinterpretación de la historia de Francia, en un homenaje póstumo a su padre por el tema, y al señor Antoine como profesor.

Un libro hermoso, bien escrito, profundo, triste, atractivo, complejo, contradictorio.

Por Alejandro San Francisco
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