Crítica de cine
[i]12 años de esclavitud[/i]: Steve McQueen, favorito para los Oscar
domingo 22 de diciembre de 2013, 12:40h
Durísimo drama sobre la esclavitud en Estados Unidos.
La película, que acaba de estrenarse en nuestro país, ya figura entre las favoritas a llevarse más de un galardón en el festival de cine más prestigioso, el de los Oscar. Se trata, desde luego, de uno de esos filmes que reúnen infinidad de requisitos para entrar en la historia de los más premiados. McQueen, que califica su último trabajo en el cine como el más clásico de cuantos ha realizado hasta la fecha, se encontró con la dramática historia de Salomon gracias a su mujer, que es historiadora. Fue ella quien le recomendó leer el libro “12 años de esclavitud”, escrito en primera persona por el protagonista de los hechos, un negro libre que vivía con su familia en el estado de Nueva York en 1841, años antes de la Guerra de Secesión. Hasta que un día dos empresarios de un circo le contratan como violinista para su espectáculo de Washington durante dos semanas. Se trata en principio de una gran oportunidad que se convertirá, sin embargo, en la más terrible de las pesadillas. Porque finalizado ese tiempo, Salomon ya no podrá volver a su casa en Saratoga. Ha sido secuestrado y le han cambiado la identidad, porque el color de su piel vale mucho dinero. De pronto, se encuentra con una durísima realidad: ha sido vendido como esclavo a un traficante, que le lleva al sur junto a otros negros para venderlo al mejor postor.
En todo caso, la tragedia que Salomon intenta comprender no ha hecho más que empezar. El actor británico Chiwetel Ejiofor encarna con extremada solidez a ese hombre que se ha convertido en mercancía humana, un esclavo en un lugar donde no le está permitido hacer preguntas o cuestionar nada. Sin la documentación que le acredita como ciudadano libre, ya no tiene ningún tipo de derechos, ni siquiera sentimientos o necesidades, a los ojos de quienes les obligan a trabajar a cambio, simplemente, de seguir viviendo. Aunque, en ocasiones, lo único que desee un esclavo sea morir para acabar así con una vida llena de penurias. Es el caso de Patsy, la jovencísima esclava que ha crecido entre los abusos sexuales del amo de la plantación y los celos despiadados de la esposa del amo, que intenta destruirla aún más de lo que ya ha hecho su marido. Un triángulo fatalmente dramático para el que McQueen acierta de pleno con los actores encargados de interpretarlos. De modo que si el filme y su director ya suenan con fuerza para los Oscar, también la actriz de origen keniata Lupita Nyong’o es una firme candidata a alzarse con su correspondiente galardón. Es ella quien da vida al personaje más castigado de la terrible historia real que cuenta McQueen, Patsy, cuya única escapatoria parece ser acabar con su propia vida. Por su parte, Michael Fassbender borda el papel de amo sádico, impredecible y arrogante, a quien únicamente se atreve a cuestionar su también cruel esposa, una mujer devorada por los celos, a quien interpreta con solvencia Sarah Paulson.
Completan el elenco, entre otros, Paul Giamatti y Paul Dano. Y, por supuesto, Brad Pitt, con un pequeño pero fundamental papel en la última parte de esta cinta de factura impecable en la que todo está muy bien atado: la impactante música de Hans Zimmer, un cuidado diseño de producción a cargo de Adam Stockhausen, el acertado vestuario de la veterana Patricia Norris y, por supuesto, la exquisita dirección de fotografía de Sean Bobbitt, colaborador habitual del director británico.