www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

teatro en el imparcial

[i]Kathie y el hipopótamo[/i], de Vargas Llosa, o los límites de los sueños

domingo 22 de diciembre de 2013, 19:39h
El Teatro Español ha tenido el acierto de dar vida a los textos teatrales del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Una parte sustancial de su creación literaria que por mucho tiempo ha permanecido en esa duermevela de la obra teatral que es su simple publicación como libro. Ahora, textos como “Kathie y el hipopótamo” pueden alcanzar todo su esplendor cuando son encarnados en el escenario por actores que les dan alma y sangre, proporcionándoles su plena naturaleza.
Kathie y el hipopótamo, de Mario Vargas Llosa
Directora de escena: Magüi Mira
Iluminación: José Manuel Guerra
Intérpretes: Ana Belén, Ginés García Millán, Jorge Basanta, Eva Rufo y David San José
Lugar de representación: Matadero / Naves del Español de Madrid


Por RAFAEL FUENTES

“Kathie y el hipopótamo” supone una inmejorable oportunidad para descubrir el lado embozado de la literatura de Mario Vargas Llosa, su vertiente escénica, teatral, que ha pasado mucho tiempo desapercibida o relegada en apariencia a un plano inferior frente a su obra narrativa, pero que es tan auténtica y creativa como lo son sus novelas. Ahora sabemos de la temprana vocación de Vargas Llosa por el teatro, cuya primera fascinación se produjo, según su propia confesión: “Todavía de pantalón corto, cuando vi en el Teatro Segura una representación de ‘La muerte de un viajante’, de Arthur Miller, por la compañía argentina de Francisco Petrone”. Claro que el futuro narrador de “Conversación en La Catedral” tenía claro -parafraseando a Larra- que “escribir teatro, en la Lima de aquellos años, era peor que llorar: condenarse a no ver nunca lo que uno escribía de pie en el escenario”. Se produjo entonces aquel prodigioso desfile de obras maestras, “La ciudad y los perros”, “La casa verde”, “Conversación en La Catedral”, “Los cachorros”… hasta “La fiesta del Chivo” o la reciente “El héroe discreto”. Pero Vargas Llosa es un escritor mucho más poliédrico donde la fuerza de la escritura también se expresa a través del ensayo, el periodismo y –parte sustancial- el teatro. Tan sustancial que los personajes de su obra dramática exploran una cuestión palpitante para el Premio Nobel: de qué modo se articula el mundo de ficción en una persona y por qué contar relatos de ficción es tan consustancial a la especie humana sea cual sea la época o el rango social que elijamos, desde la caverna o la choza de la tribu hasta la sociedad posmoderna más avanzada tecnológicamente. Vidas con medio cuerpo en la realidad y la otra mitad en el mundo ilusorio que ellas mismas se han fabricado como una segunda dimensión inherente a la existencia humana.

Pero no es lo mismo leer estas piezas teatrales, que verlas, como ahora, encarnadas sobre las tablas en un escenario. “Kathie y el hipopótamo” tiene como punto de partida solo dos personajes enfrentados en un reducido espacio: una buhardilla decorada a imitación de las míticas buhardillas bohemias de la margen izquierda del Sena. Allí una frustrada dama limeña, que se arroga el esnobista pseudónimo de Kathie Kennety, contrata a un escritor en ciernes, el Santiago Zavala de “Conversación en La Catedral”, para que dé forme y redacte sus experiencias reales o imaginarias de su periplo por los lugares más exóticos de medio mundo. A partir de esta situación, aparentemente constreñida a una unidad de espacio, acción y tiempo, se produce -como en “La comedia de las ilusiones”, de Corneille- una tormenta de recuerdos que traen a la buhardilla la evocación de otros personajes, esposo, esposa, hijos, amantes, de los protagonistas, que ocupan efímeramente el escenario y se marchan como un soplo cuando ambos personajes centrales dejan de recordarlos. Conocemos así el entorno de uno y otro, su trayectoria vital, trazos claves de su existencia pasada. Y algo aún más fundamental, el modo en que ese recuerdo es alterado con mentiras y falsificaciones de sí mismos o de su historia real, con el fin de cauterizar heridas, dar cuerpo a sus deseos, contar las cosas como les hubiese gustado que fueran y sobrellevar así los desgarros de su auténtica vida.



No es banal que Vargas Llosa ponga al frente de esta pieza dramática una cita de T. S. Eliot en “Cuatro cuartetos”: “Fuera, íos, dijo el ave: no pueden / los humanos soportar demasiada realidad." La comedia se convierte en una lúcida, apasionante y sarcástica investigación de las máscaras de ficción que uno y otro personaje se construyen para sí mismos, y que se van arrancando hasta entrever la carne lacerada que hay detrás de ellas. El origen, impulso primero, que aboca a contar ficciones, tan llenas de mentiras como contaminadas de verdad afectiva, de la realidad emocional de los personajes.

Este planteamiento le permite a Vargas Llosa realizar una sarcástica -y, a la vez, compasiva- crítica de lo que representan ambos personajes. En Kathie una burguesía ociosa, estrecha de miras, con una ambición vital limitada a la cultura melodramática de la que se ha nutrido y que ni siquiera sabe expresar por escrito sus experiencias reales o apócrifas. Kathie es una versión en falsa bohemia limeña de Madame Bovary, de Thérère Raquin, de Anna Karenina, esas figuras envenenadas por el tóxico ilusorio de la ficción que las saca transitoriamente de una realidad ramplona que se les resulta imposible soportar, por más que Kathie haya sido desprovista del hálito trágico y el glamour de sus celebérrimos modelos, lo que la hace más veraz.

La crítica a Santiago Zavala posee aún más garra sarcástica, probablemente porque presuponga un implícito ajuste de cuentas del propio Vargas Llosa consigo mismo y con su generación. Es el escritor en ciernes que dibuja su futura existencia conforme a hercúleos proyectos que tienen como prototipo a Víctor Hugo, autor de hazañas literarias paralelas a proezas sexuales –resumidas en su mitológica noche de bodas con su esposa Adéle, a la que Hugo llega virgen para tener nueve cópulas consecutivas en una sola madrugada-, convertidas en preámbulo de su gigantesca ascendencia social y política. Ese ciclópeo modelo de Víctor Hugo es una ilusa aspiración para Zavala bajo la influencia del existencialismo marxista de Jean-Paul Sartre, que le convence de que la naturaleza humana no existe, y, por ello, cualquiera puede llegar a ser lo que desee. Llegar a ser, por ejemplo, Víctor Hugo, sin ir más lejos. Aunque, en realidad, las gestas sexuales del autor de “Los miserables” terminen por no estar nunca al alcance de Zavala, ni tampoco su obra épica ni su sísmica ascendencia social y política. Su esposa resume esas limitaciones diciéndole al intelectual fascinado por el existencialismo marxista Santiago Zavala que se parece a los hipopótamos, de aspecto feroz pero con una garganta diminuta incapaz de devorar lo que sus fauces aparentan tragar: “En apariencia tan seguro, tan fuerte, que cualquiera te creería capaz de comerte un tigre con garras y colmillos. ¡Pura pinta! En realidad, solo mosquitas, escarabajos, mariposas, pajaritos.” Este compasivo análisis sarcástico del intelectual comprometido ha herido a muchos militantes de izquierda sin sentido del humor, tanto como hace las delicias de personas abiertas, dialogantes consigo mismas y autocríticas sin histerias ni melodramatismos.



Magüi Mira ha dirigido con mano maestra esta pieza, haciendo entrar y salir con destreza a los personajes convocados por la memoria y la imaginación de los protagonistas, sin cambios de decorado, con una versatilidad y dinamismo que no confunden al espectador. Pese al ágil ritmo con que se cuelan y se ausentan los personajes secundarios evocados por Kathie y Santiago, nunca perdemos de vista el hilo de quién es quién en el trascurso argumental de la comedia, lo que delata un profundo conocimiento de los recursos escénicos que la directora de escena pone en juego. Bajo su dirección, Ginés García Millán, Eva Rufo y Jorge Basanta asumen los distintos roles de los múltiples personajes que encarnan con la perfección de un mecanismo de relojería sabiamente orquestado con una naturalidad sin estridencias, solo matizada por las parodias que realizan de sí mismos. Por algo Magüi Mira ha situado al fondo del escenario unos maniquíes de escaparate de tienda de modas como metáfora de personajes que cambiarán su identidad de modo análogo al cambio de ropa de los muñecos que exhiben diferentes atuendos en los grandes almacenes.

Mención aparte requiere la intervención de Ana Belén, dotada de la misma ductilidad que sus compañeros para representar de forma versátil distintos personajes, pero que añade una cuestión no menor en esta puesta en escena: la música, las canciones, las melodías en vivo. El texto original de Mario Vargas Llosa preveía un acompañamiento orquestal muy irónico, que Magüi Mira ha sustituido por un piano y las canciones en directo de Ana Belén con piezas clásicas francesas del repertorio de Édith Piaf o Jacques Brel. Cuando irrumpen esas melancólicas cadencias, Kathie se borra de la escena y su lugar es instantáneamente ocupado por la Ana Belén cantante, acompañada en vivo por un pianista. Se esfuma el personaje y lo sustituye el hechizo de la intérprete. Quizá sólo por aprovechar la faceta de cantante de Ana Belén. Pero también, de un modo calculado o intuitivo, dentro de la lógica de la puesta en escena de Magüi Mira, esa ruptura de la magia de la representación puede verse como una sutil técnica de distanciamiento de abolengo bretcheano, cargada aquí de una meditación sentimental. Reflexión, exploración deliciosa en los límites de nuestros sueños que Mario Vargas Llosa nos proporciona con inteligencia, humor ilustrado y sin sobreactuados desgarros por las ilusiones perdidas.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.