El radiofonismo nacional
domingo 26 de enero de 2014, 19:33h
Un mentecato de las ondas -sálvese el que pueda-, sociólogo por más señas, sostiene que Lázaro Carreter, el dardo en la palabra que escuece a ignorantes y atrevidos, fue crítico con los parlantes o vociferantes de la radio porque el difunto académico quiso ser tal que Carlos Herrera o Iñaki Gabilondo. A esta aseveración se suman algunos supuestos eruditos que se expresan con faltas de ortografía. No hay nada más fácil que apedrear al muerto.
Los cantamañanas, cantatardes y cantanoches agreden permanentemente el diccionario y, cada vez, con más fuerza (no hay que olvidar a los políticos que hablan tanto o peor que piensan). He aquí un ramillete de desatinos: ya no existe el verbo adelantar, hoy todo es avanzar (“el ministro avanza que…,” ¿por la banda izquierda o por la derecha, incluso por el centro?, ¡gol!?) Se ha extinguido, asimismo, el verbo comenzar; ya no comienza un partido, es el inicio, lo manda el ordenador, para apagar, pulse inicio, loada sea la santa cibernética. Ahora ya nada se valora, se “pone en valor”. Cuán cursi expresión que proclama la casta política y la periodística repite como papagayos. Y pervive desde la noche de los tiempos el “punto y final”. No, miren, no, señores mentecatos; existe el punto; el punto seguido; el punto y coma; los dos puntos; el punto y aparte, y el punto final pero no “y final”. Y ya, para gloria de indocumentados, tenemos bajo palio el “comenzamos desde el principio”, joder, qué descubrimiento.
El tropel de barbaridades, disparates y lugares comunes se consume con “la editorial” cuando se refiere al editorial (artículo), no a la empresa editora, siendo su principal valedor un colega argentino, que también hace de bufón en las ondas, che. Y después, esa terrible moda que corre como la pólvora con lo sincopado: “buen fin-de”, “pausita”, el Geta, el Depor, el Recre…, que se remata -ya que nos adentramos peligrosamente en la modalidad deportiva- con el adjetivo “espectacular”, reiterativo, repetitivo, sin fin, para reseñar la destreza de un jugador o jugada, lo que evidencia la escasez de recursos lexicográficos de estos narradores de futbolín a los que Lázaro Carreter ponía de chupa dómine y yo lo viví en mis carnes cuando dirigí (mandaba el PSOE ) “Estudio Estadio”. Por cierto, el autor de “El dardo en la palabra” no pretendía ser futbolista, señor sociólogo; simplemente, aficionado al Real Zaragoza, sin estridencias y con un correcto lenguaje. Y qué no decir, por último -porque es más largo que un día sin pan-, el uso de la voz “tema”. Todo es el tema; me duele el tema, no, so capullo, la tibia o el peroné. Muñoz Molina, por los años ochenta, escribió un memorable artículo sobre el repetitivo e indebido uso del vocablo.
Para concluir -con la venia del maestro Anson- en chorradas en plan esnob como “escuchantes”, que vocifera en RNE una locutora que juega a ser la “Tonta del Bote”. Y, finalmente, el “atentos a la pantalla” se ha sustituido por “volvemos en breves minutos”; los minutos no son breves, constan de 30”. Lo suyo es: regresamos en unos instantes. Ah, y al borde del suicidio, estalla mis tímpanos “el evento”. Todo son eventos. Desaparecieron los vocablos acontecimiento, hecho, suceso… Y ya, para nota, el lenguaje sexista de una izquierda boba que no conoce el genérico.