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Pedro J.

sábado 01 de febrero de 2014, 19:21h
Me alarma la marcha de Pedro J., como todos le llamamos, me alarma y me preocupa sobre todo en los momentos que estamos atravesando los españoles, momentos preocupantes, delicados y difíciles.

Pedro J. además de ser un referente era un bastión contra todas las iniquidades, corrupciones y chantajes como hemos estado viviendo durante los últimos años.

Destapando las maniobras podríamos llamar del mal, con un coraje, un rigor y un valor excepcionales, el espíritu crítico que ha tenido España en el pasado y que parece haberse oscurecido hoy, tenía en él la voz de la denuncia de los abusos de poder, sabiendo contrastar primero y valorar después las noticias que ponía ante los ojos de los lectores.

Siempre me han maravillado los titulares de sus portadas no solo por el impacto que producían, sino por la visión nueva o diferente desde la perspectiva en que “El Mundo”, su diario, las proyectaba.

Salvando las distancias y los tiempos me recordaba de alguna manera al Emilio Romero del diario “Pueblo” donde colaboré esporádicamente. Aquel hombre al que conocí era impresionante, lo era por su raza de periodista, por la información que atesoraba y por el poder que detentaba, el cuarto poder, el poder de la prensa, todos los ministros de entonces le temían, todos en fila india acudían a sus estrenos teatrales en la primera fila de patio, acudían porque sabían que Emilio Romero les podía derribar ya que conocía cosas y secretos que solo él poseía.

En la madeja, en la telaraña de los secretos de Estado, él manejaba informaciones especiales y es esto lo que muchos nos tememos que haya podido ocurrir en el caso de Pedro J. Ramírez. Y es una de las cosas que más me espantan, la decapitación del llamado cuarto poder, el poder de la prensa como dique de las irregularidades y palanca de denuncia ante el pueblo y los jueces de las maquinaciones insidiosas y secretas.

Ojalá no sea así y el director de “El Mundo” se alejase por motivos menos trascendentes e importantes para el gran público.

Como autor de teatro sé que este género ha tenido y tiene cualidades para la denuncia, que durante el franquismo la censura teatral era temible, te podían recortar el texto, prohibir la obra o quitarla del cartel,

sencillamente y a gusto del poder. Es algo que he vivido, aunque no siempre era así. Estaba la censura de los ministros de información, la de los censores tijera en mano, seres siniestros de los que algunos escaparon – pocos -, con rara habilidad, por supuesto si osaban denunciar o criticar abiertamente el sistema.

Puede que nada sea ahora así, de esta manera, pero las fuerzas centrífugas secesionistas, la crisis económica, el paro gigantesco, unido a la corrupción en todos los niveles, la emigración, el engañoso efecto del descenso del paro cuando es, como repetía una y otra vez “El Mundo”, la emigración y como consecuencia de ella la despoblación de este país con extraña frecuencia tan desgraciado. El sufrimiento de muchos unido al enriquecimiento de unos pocos y las luchas intestinas que no vemos, con un futuro bastante más oscuro que el que propagandean muchas fuentes de poder, hacen pensar que igual que aquellos censores franquistas, el poder o los poderes ocultos pueden llegar a acallar a cualquiera, asfixiándolo económicamente que no comprándolo pues eso sería más terrible aún e impensable en un caso como este.

Esperemos que la marcha de Pedro J. sea por otros motivos, aunque siempre es triste, muy triste. Un día de luto, como decía Anson, para el periodismo nacional.
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