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crítica de cine

[i]La gran estafa americana[/i]: hablando de corrupción política

domingo 09 de febrero de 2014, 10:30h
Arranca la acción del filme en 1978, aunque enseguida sabremos, a partir de la voz en off de los dos personajes protagonistas, Irving Rosenfeld y Sidney Prosser, de qué manera han llegado al crucial momento en el que les conoce el espectador: preparándose en un lujoso hotel de Nueva York para hacer que caiga en sus garras – y en las del FBI – un político corrupto de los que, ya por entonces, andaban trapicheando gracias a sus cargos en el servicio público. Pero lo que narran en off es, sobre todo, la forma en la que ambos se conocieron y cómo surgió su compleja historia de amor. Compleja, porque esta historia, como muchas otras, no sólo afecta a dos. Irving, interpretado con pericia y convicción por un increíblemente irreconocible Christian Bale, tiene una esposa de armas tomar, Rosalyn, a quien da vida Jennifer Lawrence, la joven actriz con la que ya contó O’Russell para su anterior taquillazo, “El lado bueno de las cosas”. Tiene, además, un hijo al que Irving adora, a pesar de ser el niño que su mujer ya tenía antes de casarse.

El cuarto vértice de la trama es el personaje interpretado por Bradley Cooper – otro actor que, igual que Lawrence, repite con O’Russell -, un ambicioso e incontrolable agente del FBI, Richard DiMaso, dispuesto a lo que sea con tal de pillar al mayor número posible de corruptos con las manos en la masa. Aunque ello suponga pisar a su propio jefe y poner en juego no sólo su carrera, sino también su vida privada. Una existencia que, por otra parte, parece tan plana e insignificante que no es de extrañar que Richie se acabe enganchando a la adrenalina con la que viven continuamente la pareja de modestos estafadores, Irving y Sidney, a la que sí logra coger in fraganti. En todo caso, para DiMaso se trata de peces demasiado pequeños. Él quiere mucho más y se ha fijado, especialmente, en el nuevo alcalde de Nueva Jersey, Carmine Polito, interpretado por Jeremy Renner, quien acaba de legalizar los juegos de azar en Atlantic City con la pretensión de modernizar la ciudad y, sobre todo, de reconstruir el viejo casino, aunque para ello se esté encontrando con graves problemas de financiación.

A cambio de quedar libres, Irving y Sidney no tienen más remedio que seguir el loco plan de DiMaso: poner delante de Polito a un falso jeque árabe, dispuesto a invertir millones de dólares, siempre y cuando medien los correspondientes sobornos. Es decir, aquellos famosos maletines rígidos de piel marrón que, llenos de billetes, iban a parar a las manos de quienes tenían el poder de conseguir ciertos favores indispensables para el negocio. El guión, escrito por Ervin Warren Singer y el propio O’Russell, se basa en la operación real conocida con el nombre de ABSCAM, y a la vivacidad de unos jugosos diálogos se une la calidad interpretativa de un reparto en el que también se incluyen nombres como Robert de Niro, Luis C. K., Jack Huston y Anthony Zerbe. En todo caso, aunque, como decíamos, Lawrence y Cooper ya habían trabajado a las órdenes del director neoyorquino, son, sin embargo, Christian Bale y Amy Adams – la amante de Irving y cómplice en sus estafas -, quienes suben más de un peldaño el nivel interpretativo de la cinta, formando una de esas parejas de cine que parecen hechas a medida. Porque es su propia relación y también la que, a su vez, mantienen ambos con Richie y Rosalyn, el motor que mueve en clave de tragicomedia la acción. En definitiva, es el amor, con sus correspondientes celos y rivalidades, lo que irá precipitando los acontecimientos en una espiral típica del “sálvese quien pueda”, cuando el asunto se complica hasta límites que ya no pueden controlar ni el fiscal ni los jefes de DiMaso en el FBI. Por supuesto, con la mafia de por medio, lo mejor es poner los pies en polvorosa.

Nominada en diez categorías de cara a la próxima edición de los Oscar, la cinta ya se ha llevado tres Globos de Oro: Mejor película; Mejor actriz de comedia, para Amy Adams, y Mejor Actriz de reparto, para Jennifer Lawrence. En cuanto a la inminente cita de Los Ángeles, los cuatro actores que encabezan el reparto figuran como nominados, la película compite por el premio gordo y también el director O’Russell opta al Oscar de su categoría. Sin olvidar el de Mejor Guión Original, Mejor Montaje y, desde luego, Mejor Vestuario. En este último capítulo, lo cierto es que el filme no ha descuidado el más mínimo detalle. Su responsable, Michael Wilkinson, ha recreado a la perfección aquellos extravagantes estilismos de los años 70 – escotes de vértigo, terciopelo de colores, licras varias, plataformas imposibles y pantalones de campana – acudiendo a antiguas piezas de Halston, Gucci y Dior, así como a diseños actuales de Diane Von Furstenberg o del propio Wilkinson. Este último, pasó mucho tiempo buceando en las hemerotecas para ver cómo vestían por aquel entonces personajes como Bianca Jagger, Faye Dunaway o Jerry Hall. Y para ellos, por supuesto, se fijó en John Travolta o Serge Gainsbourg, sin dudar en acudir también a tiendas de segunda mano, como la conocida “The Way We Wore” en Los Ángeles.

Aunque, por el momento, La gran estafa americana no ha superado en las taquillas al último trabajo de Martin Scorsese, El lobo de Wall Street, ambientado en los 80 y estrenado en nuestro país una semana antes, su consideración como favorita para llevarse un buen número de estatuillas hará que pronto pueda sacar ventaja a la cinta de Scorsese, que ya cuenta, por su parte, con un Globo de Oro ganado por Leonardo Di Caprio y opta a cinco Oscar en las categorías de Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor, Mejor Actor de reparto y Mejor Guión Adaptado.
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