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Iglesia, ONU y otras cuestiones

miércoles 12 de febrero de 2014, 20:28h
A principios de mes, el Comité para los Derechos del Niño de las Naciones Unidas dio a conocer un informe de 16 páginas sumamente impactante. No es para menos. Dicho informe, entre otras cosas, reprochaba al Vaticano el “no haber adoptado las medidas necesarias para afrontar los casos de abuso sexual a niños y protegerles”. El Comité en cuestión se mostraba también “profundamente preocupado por las consecuencias negativas de la posición y de las prácticas de la Santa Sede de negar el acceso de los adolescentes a la anticoncepción, así como a la salud y la información sexual”.

En todo este asunto, por quien primero hay que mirar es por las víctimas de abusos, y hacer todo lo posible para paliar el enorme daño que se les ha infligido. Soy católico, y me duelen las críticas que se hagan a la Iglesia, pero me duele aún más que alguno de sus miembros, prevaliéndose de su condición, haya cometido actos abominables. La verdad es que hasta hace bien poco, no siempre las autoridades de Roma estuvieron a la altura. Durante demasiado tiempo se ha echado tierra sobre un problema que, desde luego, no se resolvía silenciándolo. Tampoco trasladando a los supuestos abusadores de un lugar a otro porque, con ello, lo que se conseguía era extender el oprobio. Muy pocas víctimas, por no decir ninguna, obtuvieron consuelo ni reparación de una Iglesia que para ellas fue más madrastra que madre.

Todo jardín, por hermoso que sea, tiene sus malas hierbas, y la Iglesia no es una excepción. Sería muy injusto generalizar; máxime, cuando no se miran las cosas con la debida perspectiva. Por todo el mundo, monjas, sacerdotes y religiosos llevan a cabo una labor encomiable con niños y adultos. Conozco de primera mano casas y orfanatos en los que las Misioneras de la Caridad, fundadas por Madre Teresa de Calcuta cuidan a los más pequeños y desfavorecidos. Hay muchos más ejemplos, pero no venden. Un solo cura pederasta tiene mucho más morbo de un millón de ellos con un comportamiento intachable. Es muy recurrente dar palos a la Iglesia; sobre todo, si con ello se mira la paja en el ojo ajeno obviando la viga en el propio.

Siempre me ha parecido deplorable la estrategia del “y tú más”. Algunos han acusado al Vaticano de emplearla cuando desde la Santa Sede se señalaba que la lacra de los abusos sexuales está, desgraciadamente, extendida por todos los ámbitos de la sociedad. En Estados Unidos, sin ir más lejos, por cada caso de un cura católico pederasta había cinco protestantes, y el número se disparaba en asociaciones culturales laicas o simples particulares. ¿Porqué, entonces, se le exige más a la Iglesia que al resto? ¿Porqué se pone sordina a sus virtudes y altavoz a sus errores? Benedicto XVI tomó cartas en el asunto, y Francisco, su sucesor, va por el mismo camino. ¿Puede acaso la ONU decir lo mismo? ¿Y a santo de qué cuela de rondón el tema del aborto en un documento donde se denuncian los abusos a menores? No hay peor abuso que acabar con la vida de un ser humano en pequeñito, aunque parece que eso a la ONU le importa menos.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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