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en un documental de Víctor Moreno

Viaje a las entrañas de (el Edificio) España

martes 01 de abril de 2014, 11:20h
En 2007, el emblemático Edificio España de Madrid arrancó un proceso de reforma integral que pretendía devolverlo a la primera línea de la vida comercial, social, económica y cultural de la capital, tal y como fue concebido por el régimen franquista en los años cincuenta. Sin embargo, la inmensa construcción sigue en su papel de testigo y parte de la historia de nuestro país y la crisis económica y el estallido de la burbuja inmobiliaria lo dejaron en un stand by de cuatro años, desde la cancelación de la reforma en 2010 hasta su actual venta a un magnate chino. Ahora, el documental Edificio España, de Víctor Moreno, destapa las entrañas de ese intento de remodelación y lo que durante casi tres años ocurrió en su interior.
Es imposible imaginar la silueta de Madrid sin su mastodóntica figura despidiendo la Gran Vía. Está tan mimetizado con el carácter de la ciudad, tan asimilado a su imagen, que pese a sus 177 metros de altura y sus 25 pisos asentados sobre toda una manzana, venía pasando desapercibido. Es ahora, tras su adquisición por parte del empresario chino Wang Jianli, cuando el emblemático Edificio España ha vuelto al primer plano de la vida pública, tal y como fue concebido. Sin embargo, para el cineasta Víctor Moreno, el letargo del rascacielos que preside la Plaza de España despertó en medio del trajín del centro madrileño hace ahora siete años.

Fue en 2007, cuando el fondo de inversión del Banco Santander, que había adquirido el inmueble dos años antes, se propuso apadrinar el renacimiento del que fue el primer rascacielos moderno de España. “En aquel momento, vivía cerca de allí y en cuanto tuve conocimiento de que iba a empezar un proceso de reforma integral decidí impulsivamente hacer una película, dejar un testimonio cinematográfico de la transformación que iba a vivir el edificio”, relata el director canario en una charla con este diario. Tras siete años en las que el proyecto de Moreno ha superado las fases propias de una película de tal envergadura y otras no tan habituales, el pasado 22 de marzo Edificio España (The Building) se estrenó en la Cineteca de Matadero de Madrid y desde este lunes puede verse en Pequeño Cine Estudio de Madrid antes de comenzar una gira de exhibición por otras ciudades españolas (Barcelona, A Coruña y Huesca, las primeras confirmadas). La cinta es un pedazo de la historia de España sin narración aparente, contado de una forma física, plástica, un instante preciso como alegoría de la identidad de un país.

Arquitectura del régimen
Construido a partir de 1947 e inaugurado en 1953, el Edificio España nació como símbolo del poder y la prosperidad que el régimen franquista quería reflejar. 25 plantas en las que se repartían 200 viviendas, 400 oficinas, galerías comerciales, restaurantes y un lujoso hotel de renombre internacional. Por su hall pasaban al día unas 3.500 personas. “Empezó con la intención de convertirse en un edificio-ciudad, algo muy común en aquella época”, explica Moreno, quien achaca a “varias dinámicas” la pérdida de protagonismo del inmueble a partir de los años setenta: el desplazamiento empresarial a la zona norte con la expansión de AZCA, la dispersión de la vida cultural y el éxodo al extrarradio de la vida social. En resumen, el eje de la Gran Vía, aunque se mantiene en primera línea hasta el día de hoy, perdió en aquel momento su monopolio como centro económico y lúdico de la capital.

A partir de los años setenta, el Edificio España se fue desinflando: cada vez menos comercios, menos trasiego, menos vida. En 2004, se marcharon casi todos los vecinos que aún conservaban su apartamento en la mole. Un año después, el Banco Santander adquirió el inmueble y anunció el proyecto de remodelación integral que arrancó en 2007 con la intención de devolver la dignidad a un anciano venido a menos. Fue entonces cuando Víctor Moreno consiguió todos los permisos para lanzarse a su interior cámara en mano. Durante dos años, el canario recorrió los pasillos, las estancias y la memoria del edificio y asistió a su vaciado de manos de los casi 200 trabajadores que participaban en la faraónica obra.



“Lo primero que hice fue un inventario de todos los lugares, grabé todas y cada una de las oficinas y de los apartamentos. Me encontré de lleno con la memoria del lugar puesto que el edificio estaba lleno de objetos personales que sus dueños no se habían llevado, como los restos de un naufragio o un desastre nuclear”, cuenta el cineasta. “Entré en un apartamento decorado aún con los muebles originales de los años 50, impoluto. En el dormitorio, la cama estaba hecha. Recuerdo sentir en presente la memoria del lugar, casi parecía que estaban allí sus habitantes”, cuenta.

Después, a medida que se integró en el equipo de trabajo, la historia pasada que sudaba de las paredes del edificio se complementó con el retrato de su tiempo presente: “cerca de 200 trabajadores de diferentes nacionalidades que conformaban el espacio como una especie de Torre de Babel”.

“En aquel momento, muchísimos inmigrantes habían venido a nuestro país motivados por la industria del ladrillo”, dice Moreno y continúa: “La mayoría de los trabajadores eran extranjeros y convivían y confraternizaban durante mucho tiempo con españoles, sobre todo en una obra tan grande como esta”. Los diálogos que la cámara capta –como el ‘interrogatorio’ de españoles y sudamericanos a un compañero musulmán-, los momentos de descanso o las sobremesas en el comedor dejan constancia de ello.

Alegoría nacional
Así se conformaron las dos patas de la cinta: pasado corpóreo y multiculturalidad presente, hasta que los acontecimientos se precipitan y la cancelación de las obras de remodelación en 2010 le otorga una nueva dimensión al trabajo de Moreno. “Cuando se suspendió el proyecto, la economía española se encontraba en pleno proceso de cambio a raíz de la famosa crisis del 2008 y la burbuja inmobiliaria estaba a punto de estallar”, recuerda el tinerfeño, y cuenta cómo las imágenes que había registrado empiezan a hablar “no sólo del edificio sino también de nuestra historia reciente”.

En 2010, el Edificio España se reduce al esqueleto. La memoria pasada, diluida en forma de muebles, cuadros y objetos personales y decorativos que han pasado de ocupar su sitio a dormir en contenedores de obra. La futura, en suspenso hasta este mismo año, cuando parece que la inversión extranjera va a conseguir poner de nuevo en marcha su potencial.

“Cuando el régimen de Franco proyectó esta construcción lo hizo movido por una intención política y económica, como una forma de decir: ‘estamos aquí y después de una guerra civil que nos dejó empobrecidos ahora somos capaces de hacer el rascacielos más grande de Europa”, explica Moreno, quien cree que el edificio “seguirá fiel a los momentos históricos” de España. “Cuando el edificio vuelva a arrancar, la historia de nuestro país, sobre todo la económica, abrirá una nueva etapa”, dice, sumándose a la interpretación de algunos economistas.

“Estamos en un mundo global en el que las economías fuertes buscan oportunidades en las pequeñas y ahora mismo, la situación económica de España, sobre todo en lo referente al ladrillo, es muy pequeña, es el territorio perfecto para las grandes economías”, valora.

Documental de creación
Víctor Moreno se autoimpuso cuatro normas de obligado cumplimiento desde el primer día que pisó el hall del Edificio España: Uno, acudir siempre en el mismo horario que los trabajadores; dos, moverse libremente por el edifico a la captura de momentos cotidianos que transcurrieran durante el proceso de obra; tres, integrarse a sí mismo como si formara parte de ese proceso; y cuatro, no ver nunca el material que grababa para no condicionar los siguientes días de grabación y mantenerse fiel al primer impulso. El resultado es un estilo físico, corporal, fresco y metafórico que, si bien cuenta con muchos encuadres planificados, bebe también del voyerismo.

Tras estrenarse en algunos festivales cinematográficos internacionales tan prestigiosos como el propio San Sebastián, el Santander paralizó la exhibición de la cinta apelando a “presiones comerciales con el edificio”. Moreno dice no entender las “supuestas razones justificadas” y asegura que las operaciones comerciales que ahora parecen haber desembocado en la venta del edificio a un empresario chino ya estaban en marcha en 2007, cuando la misma entidad permitió el rodaje del documental. Aunque califica el año y tres meses que la película estuvo parada como “momentos muy dolorosos”, al final han conseguido continuar con su exhibición, que estará en Madrid hasta el próximo jueves antes de arrancar una gira nacional.

“Para mí es muy difícil desligarme del edifico, pasé mucho tiempo dentro de él y forma ya una parte fundamental de mi vida”, confiesa Moreno. Aún así, intentando zafarse de su subjetividad, el cineasta dice apreciar algo de magia en él. “Creo que es muy inquietante ver ese edificio inmenso con todas las ventanas oscuras, una imagen misteriosa que nos transmite que algo está pasando dentro”.
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