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Huelga general en Argentina

sábado 12 de abril de 2014, 00:11h
Parece que Cristina Fernández no es precisamente partidaria de la sabiduría que encierra el “más vale prevenir que curar”. Ahora, se ha encontrado con una huelga general que tuvo un gran seguimiento. Convocada por tres centrales sindicales opositoras al kirchnerismo, la huelga consiguió paralizar numerosos e imprescindibles servicios, como trenes, puertos, transporte urbano, aeropuertos o abastecimiento de combustible, lo que produjo la sensación de que el país estaba en manos de los huelguistas. Y, mientras, la presidenta argentina guardó silencio sin referirse en ningún momento a la más que preocupante protesta.

Porque los graves problemas que debe afrontar la nación austral no son de ayer, sino que vienen arrastrándose desde hace tiempo ante la falta de decisión de la mandataria para buscar soluciones. Cristina Fernández en vez de remedios realistas y medidas tomadas oportunamente en su momento ha preferido siempre recrearse en discursos a medio camino entre la demagogia y el paternalismo, que ahora se le vuelven en contra al no poder cumplir, sino todo lo contrario, la mayoría de sus promesas. Argentina –un país privilegiado en cuanto a recursos y población- se encuentra, no obstante, en una delicadísima y deteriorada situación económica, con una inflación que supera el 30 % , situándose como la segunda más alta de Hispanoamérica, solo rebasada por la Venezuela de Nicolás Maduro. El Gobierno kirchnerista se ha visto en la obligación de comenzar una política de ajustes y recortes que no casa con los mensajes de autocomplacencia emitidos cada dos por tres, en vez de explicar la verdad de la situación. Y, a la crisis económica, se suma una galopante inseguridad, que llegó a producir hace poco linchamientos públicos en varias ciudades, tras iniciarse en Rosario -convertida casi en un feudo de los narcos-, en condenables acciones ciudadanas de tomarse la justicia por su mano.

Los huelguistas pedían subidas salariales y protestaban contra “el ajuste, la inflación y la inseguridad” y le reprochaban a la presidenta las medidas que está tomando, como recortes de los subsidios, cuando ha visto que la economía se le iba de las manos y caminaba prácticamente directa a un renacido “corralito”. Cristina Fernández se ha convertido, como demuestra esta huelga, en rehén de sus propios errores que vendía demagógicamente en un peligroso ejercicio de poner en marcha un clientelismo masivo verdaderamente insostenible y que ahora se le revuelve y la pone contra las cuerdas y a merced de sus exigencias. Así sucedió, como aperitivo, en la contumaz huelga de los maestros en la provincia de Buenos Aires que, tras el parón, consiguieron sus reivindicaciones.
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