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ENTREVISTA

Francisco Mora: "Las Universidades son un lastre en la investigación científica"

miércoles 14 de mayo de 2008, 00:05h
¿Qué significa para Ud la Ciencia?

La expresión máxima de la curiosidad. Aquella Curiosidad Sagrada de la que hablaba uno de los padres de la Neurociencia moderna porque nos lleva al conocimiento contrastado, único posible para el ser humano. Con la Ciencia se adquiere ese tipo de conocimiento que todos compartimos y aceptamos. Pero es también la fuente más poderosa de riqueza y progreso para cualquier país que apueste por ella. Mire Estados Unidos

¿Sería necesario rediseñar la educación de la ciencia para que pase a formar parte de la cultura?

Sin duda. La Ciencia en nuestro entorno no es considerada propiamente cultura. Es otra cosa. Cultura se equipara a Pintura, Música, literatura, escultura, pero no Ciencia. Sin embargo La Ciencia puede producir tanta emoción como las propias humanidades y ser tan “caliente” como lo es el arte. Pero para que ello cale en la sociedad hay que, como Ud dice, rediseñar la educación en la ciencia, desde los colegios hasta los mismos medios de comunicación. Y desde luego rediseñar “las miras”, a veces tan sumamente cortas, de nuestros políticos

¿Cómo científico curioso, hacia donde avanza la humanidad desde el punto de vista de la neurocultura?

Hacia una reevaluación de las humanidades y una mejor comprensión de ellas, lo que quiere decir la Filosofía, la Etica, la Economia y el mismo Arte. Y esto es lo que ha dado lugar al nacimiento de La Neurofilosofía, la Neuroética, La Neuroeconomia y el Neuroarte o Neuroestética. Es decir, un nuevo enfoque para entender al ser humano desde la perspectiva de cómo funciona su propio cerebro. Porque el ser humano es espejo y creador de su mundo, el personal y el que le rodea. Somos en muy buena medida y creamos un mundo resultado del funcionamiento de los códigos que traemos heredados en nuestros cerebros y que se han construido en ese largo proceso que llamamos evolución.

¿Contempla la Neurocultura la conciencia humana?

Sin duda. Somos seres con conciencia. Pero esa conciencia la produce el cerebro con su funcionamiento. La conciencia no tiene otra naturaleza que la biológica. Nuestro ser conscientes es producto del funcionamiento del cerebro. Funcionamiento, sin embargo, a un grado de complejidad tal que todavía se nos escapa en la Neurociencia actual.

¿Y qué hay del alma?

No parece que haya alma en el ser humano, si por alma entendemos una sustancia de naturaleza diferente a la biología de nuestro cerebro. Somos biología, seres consustanciales con nuestros parientes los animales y producto, junto con ellos, de ese largo proceso que llamamos evolución biológica. Como decía recientemente Churchland “no hay un alma que tras la muerte disfrute de la eternidad en un Paraíso”.





¿No piensa que esta ciencia devalúa la imagen del hombre que cree llevar una vida espiritual muy distinta de los animales?

La Ciencia actual nos lleva a la idea clara de que el ser humano muere todo el, irresolutamente, lo que no cierra ninguna puerta a la fe religiosa porque Ud puede creer en la resurrección de la carne. Tampoco pienso que la visión de la Ciencia actual devalúe la imagen del hombre. Antes al contrario, pienso que la ensalza y potencia, pues creo que engrandece una visión del ser humano que emerge como producto de un proceso biológico largo y complejo y no como imagen hecha por un ser superior a su imagen y semejanza.

¿Esta aventura del cerebro, no pone en peligro los valores humanos tradicionales?

No, no lo creo porque muchos de los valores humanos tradicionales, en ética fundamentalmente, arrancan de los códigos del propio cerebro humano adquiridos a lo largo de la evolución y no vienen dados por nadie ajeno al propio cerebro humano y su intrahistoria. En cuanto a religión tampoco creo que ponga en peligro las creencias religiosas porque estas creencias tienen una profunda raíz en ese mismo cerebro de donde posiblemente nacen como respuesta a la incertidumbre ante el sentido existencial del ser humano

Usted asegura que el cerebro humano no está diseñado para alcanzar la felicidad. ¿Cómo podemos estar cerca de ella el mayor tiempo posible?

El cerebro humano está diseñado para la lucha por la supervivencia. El cerebro humano, como cualquier cerebro de cualquier otro ser vivo, tiene como diseño fundamental aquel de ejecutar conductas tendentes a mantenernos vivos. Toda la información sensorial que viene del entorno y de los demás, sea visión, audición, tacto, gusto u olfato entra al cerebro emocional, aquel que la tiñe de bueno o placentero y de malo o castigo. Y el origen de la infelicidad arranca de ahí. Tanto la búsqueda de lo placentero como la huida del castigo genera siempre y en grado diverso infelicidad. La felicidad arranca de la atenuación de necesidades y si se quiere de la ausencia o rechazo de la lucha en el mundo, lo que significa placer y dolor. El ser humano más feliz, como pregona el budismo, es aquel que evita, con el aislamiento, la entrada sensorial a su cerebro. Para el común de los mortales lo más cerca que podemos estar de la felicidad y el mayor tiempo posible consiste en encontrar un equilibrio entre esos extremos que son el placer y el castigo.

¿Cómo encuentra a España con respecto a otros países europeos en investigación científica?

La investigación científica en España está en un buen momento. Pero la investigación en nuestro país carece de una cultura que la abrigue y ampare. Sin ella, sin esa cultura, la investigación seguirá siendo ajena al interés y admiración social y sin ello nunca generará una cantera de científicos que nos lleven a sentirnos orgullosos y alcanzar los logros que alcanzan los científicos de otros países.

¿Cuáles son las principales trabas con las que todavía hoy tropiezan los científicos?

La Cultura científica de nuestro país. El científico en España no es mimado y regalado lo suficiente. Y las Universidades son un lastre en la investigación científica más que potenciadoras. Todavía son más importantes “las clases”, la enseñanza, que “la investigación científica” cuando una Universidad debiera ser el motor del conocimiento nuevo y eso es la investigación científica. La transmisión de ese conocimiento viene después y eso es la enseñanza. La enseñanza en una Universidad, cualquier enseñanza, parte de eso, de investigar primero y enseñar después. Todavía hoy hay filósofos en nuestro país que, como José Antonio Marina, recordando a Ortega y Gasset dicen en la prensa que no son las Universidades las que tienen que tener la investigación como papel primordial. Y eso es grave. Eso ya retrata el panorama.

¿Qué recetas aplicaría para poder combatirlas?

No le voy a hablar de dinero para la investigación sino de algo que no cuesta mucho dinero. Y esto es un cambio de miras promovido por los responsables políticos que desde la diversidad de foros posibles clamen a los cuatro vientos que la investigación científica es cultura y fuente real de riqueza para el país y el bienestar de sus gentes.

¿Cree que el nuevo ministerio de ciencia e innovación paliará en gran medida, estos problemas evitando así, la fuga de nuestros mejores cerebros?

La nueva ministra me inspira confianza y honradamente, hoy al menos, pienso que es la persona capaz de hacerse consciente de la problemática social y cultural que tiene este país con la Ciencia y hacer algo en este sentido. Si arranca con una iniciativa en esta dirección no me cabe duda de los múltiples apoyos que va a encontrar en los científicos y en la propia Sociedad.
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