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Crítica de ópera

Leo Nucci regala a Madrid otra velada para el recuerdo

miércoles 07 de mayo de 2014, 08:12h
El barítono italiano ha vuelto a poner en pie al público madrileño, esta vez en el Teatro de la Zarzuela, donde ha protagonizado un magnífico recital dentro del XX Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical.

Se trataba de un recital con un programa ecléctico, aunque claramente dirigido al género de la canción de cámara, en el que los compositores italianos eran los protagonistas. Lo aparentemente inusual, era la unión de compositores, en principio tan dispares, como Giuseppe Verdi y Ennio Morricone, por poner un ejemplo. Sin embargo, la velada de esta noche en el Teatro de la Zarzuela dejaba patente que cuando la creatividad es genuina, no existen fronteras ni diferencias. Por otra parte, el propio Nucci aseguraba horas antes del concierto, en una rueda de prensa junto a Antonio Moral, director de CNDM, que mezclar famosos temas napolitanos con bandas sonoras de míticas películas y, más aún, con arias de Verdi o Leoncavallo servía para demostrar que la música italiana no apunta directamente a la música, sino a la palabra. A esos sentimientos profundos - unas veces cargados de suave melancolía, otras de desgarradora fatalidad - compuestos por músicos, sí, pero que al mismo tiempo son enormes poetas.

PIE DE FOTOComo enorme ha sido la acogida que el público ha brindado a quien hace ya cinco años protagonizó el único tris vivido en el Teatro Real, durante un recital junto a Patrizia Ciofi. Aquella noche, el barítono boloñés y la soprano de Siena pusieron en pie al público madrileño y marcaron un hito difícil de olvidar. Por eso, en la capital se esperaba con expectación su recital de esta noche, acompañado por la formación musical Italian Chamber Ensemble, cuyo pianista, Paolo Marcarini, ha sido, además, el encargado de hacer los arreglos de los temas incluidos en el programa. Y, por ello también, las aclamaciones de bravo le llegaban a Nucci al escenario, antes incluso de que empezara a cantar. Sonreía al respetable unos segundos, para meterse enseguida en el personaje de la primera de las canciones, “Non t’amo piú”, de Francesco Paolo Tosti, un rol desgarrador de quien ya ha dejado de amar – o cree haberlo hecho – a quien tanto esperó sin aparente éxito.

Es esta, la capacidad interpretativa de Nucci, que no distingue de óperas o canciones a la hora de meterse en la voz y en la garganta del protagonista, una de las cualidades de quien lleva a sus espaldas 503 Rigolettos y 47 años de carrera en los más prestigiosos teatros del mundo. De este mismo compositor, Tosti, Nucci ha continuado con otros temas igualmente reconocibles de la música napolitana: Malia (Embrujo) y el famosísimo Marechiare, después del cual el público ya estaba dispuesto a que sus aplausos fueran bastante más sonoros. A pesar de que en el programa podía leerse: “Se ruega al público no aplaudir hasta el final de cada bloque”. Sin embargo, hay ocasiones en las que resulta casi imposible refrenar el aplauso, porque brota espontaneo, lo mismo que la exclamación de “bravo”.

Finalizados los temas de Paolo Tosti, Nucci abandonaba el escenario para que los músicos de Italian Chamber Ensemble - Paolo Marcarini, Pierantonio Cazzulani, Lino Pietrantoni, Christian Serazzi, Massimo Repellini y Marta Pettoni - interpretaran una selección de temas compuestos por Ennio Morricone para películas inolvidables, como “La leyenda del pianista en el océano” o “Erase una vez en América”. Para terminar la primera parte, Nucci cantaba la apasionada canción “Voce é Notte”, de Ernesto de Curtis y, a continuación, otro de esos temas que han traspasado las fronteras de Nápoles, “Dicitencello Vujè”, compuesto en 1930 por Rodolfo Falvo sobre versos de Enzo Fusco, una declaración desesperada de amor que a muchos les habrá recordado al famoso tema Caruso, de Lucio Dalla.

La segunda parte de la noche se abría con el indispensable Verdi. Nucci interpretaba Tre Preghiere: la “Oración del poeta”, “Aparta, oh gentil” y la “Invocación a Maria Addolorata”, traducida al italiano del texto de Goethe. Para continuar con una selección de temas de otro de los grandes compositores italianos ligados al Séptimo arte, Nino Rota, de quien los músicos han interpretado los que compuso para Amarcord, La dolce vita, La strada y Otto e mezzo. Volvía entonces a salir Nucci al escenario, para cantar “Lolita”, de Arturo Buzzi-Peccia; “Aprile”, compuesto en 1907 por Roggero Leoncavallo y, por último – al menos de acuerdo con el programa – otro aria de Verdi, “El exiliado”. Eran las 21:30, pero por mucho que lo dijera también el programa, aún quedaba noche por delante. Quizás, la parte más emotiva y apasionada de la velada. Porque Nucci sabía que nadie se quería marchar todavía a casa.

El primer bis que regaló el genial barítono no podía ser más deseado: un auténtico privilegio ver y escuchar a Nucci interpretando al barbero más famoso de todos los tiempos, Fígaro, en su Largo al factótum della cittá, de la ópera de Rossini “El barbero de Sevilla”. Para continuar, generosamente, con “Per me é giunto il di supremo”, de la ópera Don Carlo. Lo cierto es que costaba llevar la cuenta de los bises que iba regalando al público de un teatro en el que, a diferencia de esos grandes templos que suele visitar Nucci, parecía casi uno de aquellos elegantes salones para los que en otros tiempos se componían las canciones de cámara que protagonizaban la velada. Faltaban pocos minutos para las diez, cuando el propio Nucci recordaba en español la noche de hace cinco años que, en realidad, nadie había olvidado. Pero, advertía, aquel tris no podía ni siquiera ser un bis porque entonces – aseguraba cargado de carismática intención – estaba acompañado de una soprano y “esta vez no la hay”. “¿O sí?”, se preguntaba teatralmente, mientras se llevaba la palma de la mano a la frente a modo de visera, para “buscar” una soprano entre el público.

Y, por supuesto, la encontraba. Preparada o no, la soprano María José Moreno – con quien Nucci ya ha cantado en dos ocasiones Rigoletto, en Oviedo y en La Scala – estaba sentada en la fila 10 del patio de butacas y parecía no quedarle más remedio que “acceder” a subir al escenario para interpretar a la hija del bufón que clama venganza. Dos veces seguidas cantaban Nucci y Moreno el famoso aria “Sì, vendetta”, que no podía faltar, aunque tampoco fuera bastante para que el público abandonara el teatro. Con “Non ti scordare di me” y “Di Provenza il mar, il suol” de “La Traviata”, Nucci se despedía, por fin, de un teatro puesto en pie, ya con las luces encendidas. Cuarenta y cinco minutos después de terminar oficialmente el concierto, el genial barítono desaparecía del escenario. Seguro que todavía quedaba algún aficionado con ganas de más. La buena noticia es que el barítono de las mil caras y la eterna sonrisa volverá a Madrid la próxima temporada de ópera, para La Traviata programada en el Teatro Real.
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