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estrenan [i]Por un puñado de besos[/i], de david menkes

El reencuentro de Ana de Armas y Martín Rivas: "No todos tenemos que hacer películas de Haneke"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
jueves 15 de mayo de 2014, 08:15h
Actualizado el: 13 de diciembre de 2014, 00:01h
Tras su tibia acogida en el Festival de Málaga, este jueves llega a las salas Por un puñado de besos, la última película del cineasta David Menkez (Mentiras y Gordas), basada en la novela de Jordi Sierra i Fabra Un poco de abril, algo de mayo, todo septiembre y que vuelve a unir para la gran pantalla a dos ídolos del audiovisual adolescente: Ana de Armas (Santa Cruz del Norte, Cuba, 1988) y Martín (o Martiño) Rivas (La Coruña, 1985). Ella es Sol, una joven que se propone encontrar el amor verdadero después de haber superado una situación personal traumática. A su anuncio en el periódico responde él, Dani, con el que surge una química instantánea amenazada por mentiras y un secreto.
La premisa de la película está basada en una historia real, la que sustenta el libro de Sierra i Fabra, Un poco de abril, algo de mayo y todo septiembre. Al final, por raras que parezcan, ¿se sacan las mejores historias de echar un vistazo alrededor?

Ana de Armas: Creo que, como suele decirse, la realidad supera a la ficción. Lo que te inspira, en realidad, son cosas simples.

Martín Rivas: Lo que propone la película, tampoco me parece un comportamiento tan sorprendente. Yo creo que esta chica ha quemado ya casi todos los cartuchos y no está dispuesta a dejar pasar la oportunidad de seguir viviendo y de encontrar a alguien. Antes, cuando la gente conocía a su pareja por Internet, a mí me parecía algo súper extravagante y ahora se ha convertido en un hábito. No es que yo lo practique, pero gente alrededor mío lo tiene como algo bastante establecido. En este caso, es a través de un anuncio en un periódico, lo que que tiene un componente más romántico que darle un ‘me gusta’ en Instagram. Ese anuncio, que Jordi Serra encontró realmente, fue su punto de partida para escribir esta historia. De hecho, tiene el recorte plastificado y lo lleva en su cartera a todos los lados.

Martín, ¿cómo se defiende a un personaje bastante cuestionable desde el punto de vista ético o moral? ¿Cómo has llegado a entender a Dani?

Martín Rivas: Está claro que moralmente es muy censurable la decisión que él toma. Sí tuve ciertos reparos al principio, leí varias veces la historia y me di cuenta de que realmente sí tenía muchas cosas a las que agarrarme y muchos sitios desde los que defender el error que comete el personaje. Lo que tiene que trascender es el mensaje que quiere transmitir, que incita a vencer prejuicios, a saber perdonar y a comprender los errores de los demás y de uno mismo. Con eso sí que me identifico y es algo que, en su pequeña medida, mi personaje contribuye a contar como antagonista o ‘seudoantagonista’, que tampoco lo veo como el villano de la película.

Tu padre es periodista, ¿cómo crees que está representado el gremio en tu personaje?

Martín Rivas: Creo que mucha gente le ha recriminado a David (Menkes) que difunda esa imagen de un periodista o que le retrate de ese modo. No estoy nada de acuerdo. Creo que es un tío que comete un error, pero se arrepiente y hay una redención final. Precisamente, el mensaje que difunde la película, la idea global, es el opuesto a defender una acción tan reprochable como la que comete Dani. Lo que importa no es la acción individual de un personaje concreto a lo largo de una película, sino lo que pretende difundir, el mensaje global.

Uno de los rasgos más característicos del personaje de Sol se corresponde con su apariencia: su pelo rosa, que fue una propuesta de la propia Ana. ¿Cuánto peso tiene el aspecto físico en esta profesión?

Ana de Armas: Es algo que te puede ayudar en la misma medida que te puede perjudicar. Cada personaje es distinto y, por mucho que te guste uno y quieras hacerlo, puedes encajar o no. Sobre todo cuando tienes un físico que te marca mucho, es muy difícil que la gente te vea en otros tipos de personajes. Sí que es importante en cuanto a que nuestro cuerpo y nuestra voz son nuestras herramientas de trabajo y hay que cuidarlas. Al final, estamos en las manos de un director que quiere algo, que te cambies el pelo o que engordes veinte libras. Es como si tu aspecto no te perteneciera del todo a ti, tienes que saber desprenderte un poco de él y, claro, si quieres lo aceptas y si no, no.

Por un puñado de besos aborda la enfermedad del sida en un entorno adolescente y dentro de una trama romántica. ¿Creéis que, de alguna forma, rompe ciertos tabúes?

Martín Rivas: Desde luego es una enfermedad que está muy estigmatizada y creo que esta historia contribuye a normalizarla y a vencer todos esos prejuicios que hay en torno a ella, precisamente porque no la trata desde un punto de autocomplacencia consigo misma. Es una película bastante honesta a la hora de exponer este problema y tratarlo como lo que es: una enfermedad que, a día de hoy, no tiene porqué tener consecuencias fatales sino con la que se puede llegar a disfrutar de una vida muy normal. Creo que puede resultar alentadora a la gente que padece una enfermedad o una discapacidad, ayuda a difundir un mensaje esperanzador y optimista.

Ana de Armas: En mi opinión, en España este es un tema todavía delicado, del que no se habla mucho, sobre todo entre los jóvenes. Es algo que todavía da mucho miedo. Menkes no ha querido meterse a hacer una película social, sino que a lo largo de la historia, es un tema que está presente, es la premisa, pero desde un segundo plano. A mí me pareció interesante que el personaje de Sol se presente al público cuando ya ha superado eso. No contamos la parte de cuando se entera, le dan los resultados, se deprime… Todo ese proceso lo imaginamos y hablamos de ello, pero en la película no se muestra. Partimos de un personaje que está intentando seguir adelante con su vida, lo que creo que es algo bonito u muestra a la gente que de cualquier enfermedad, problema o situación desagradable que se te pueda presentar en la vida, puedes salir. Es cuestión de actitud.


Martín Rivas y Ana de Armas en un fotograma de la película


En su estreno en Málaga, la película recibió críticas desiguales…

Martín Rivas: Aunque no es pretendido en nuestro caso, creo que es bueno generar polémica. Parece que hay partidarios y detractores y bajo mi punto de vista, eso es bueno. Cuando cuentas una historia no puedes estar intentando contentar a todo el mundo, tienes que tener en la cabeza quién es tu interlocutor. A veces es uno mismo, a veces es alguien que puede compartir nuestra edad o nuestros gustos y otras veces puede ser alguien muy distante a nosotros. En este sentido, esta es una película pensada para el público infantil y juvenil, lo cual no quiere decir que no pueda llegar a gustar a gente de otras edades. Lo verdaderamente universal es lo local sin barreras. La reacción de cierto sector de la crítica especializada era algo que esperábamos y que entra dentro de lo razonable. Muchas veces, cuando un crítico va a un festival de cine creo que espera ver películas de cine de autor, muy personales o que no se puedan encuadrar dentro de lo que es lo ‘mainstream’, lo popular o lo comercial. Esta no es una película pensada para ellos ni para su edad. Es una reacción normal que entraba dentro de lo previsto y que no nos ha cogido por sorpresa ni ha supuesto ningún trauma para nosotros.

¿Creéis que la palabra ‘comercial’ cuando hablamos de cine tiene a veces connotaciones negativas, justas o injustas?

Martín Rivas: Para nada, o al menos a mí no me lo parece. Hay películas con voluntad comercial buenas y películas con voluntad comercial malas. Es simplemente una etiqueta con la que, de algún modo, se las puede clasificar dentro de una categoría. El término ‘pop’ es una abreviatura de popular y no implica ningún tipo de connotación negativa. Hay poco más comercial que Andy Warhol y no precisamente por eso tiene que ser malo, ¿no?

Ana de Armas: No creo que la palabra comercial tenga que ser negativa. Muchas películas comerciales tienen un mensaje, unas actuaciones y una calidad cinematográfica excelentes. No todos tenemos que hacer películas de Haneke. Son maravillosas y no te digo que no me gustaría hacer una, pero hay todo tipo de cine. Concretamente esta es una película muy personal de David Menkes, retrata su mundo interior y todos los personajes somos de algún modo alter egos suyos. Hay directores que no saben hacer una película comercial para el público joven y Menkes, quizás no se le dé bien otra cosa, pero esto lo sabe hacer muy bien. Hay que tener claro lo que vas a ver cuando vas al cine.

En general, ¿cómo os acercáis a las críticas sobre vuestro trabajo?

Martín Rivas: Suelo leer las críticas y cómo me afectan depende un poco de mi estado anímico y, sobre todo, de quien las firma y de la confianza que me merece esa persona en concreto.

Ana de Armas: Creo que estoy en el punto medio. Está bien leer lo que piensan los críticos de tu trabajo, pero a la vez también está bien dejar que te afecte lo justo, tanto para lo bueno como para lo malo. Lo ideal es llegar al equilibrio. Al final no dejan de ser opiniones de gente, expertos obviamente, pero que son distintos entre sí. Es muy raro que todo el mundo opine lo mismo de una peli, siempre va a haber cosas buenas y malas.

¿Cómo ha sido volver a trabajar juntos? ¿Habéis notado cambios, evolución?

Martín Rivas: Ha sido muy fácil y un placer. Cuando entablas un nivel de confianza así con alguien, un nivel tan alto de conocimiento mutuo, verdaderamente sobran las palabras y una mirada es suficiente. Cuando me reencontré con Ana, hacía tiempo que no nos veíamos y quedamos casi directamente para el primer ensayo. Fue un placer poder ponernos a trabajar desde el día uno al tener ya tanto construido de antes. Fue como ver a un antiguo amigo o a una hermana.

Ana de Armas: Sí hemos notado evolución en cuanto a las experiencias profesionales que hemos tenido cada uno por nuestro lado después de El Internado. Cuando David (Menkes) pensaba en Martiño para el personaje yo le decía que había estudiado y se había preparado tanto, que apostaba lo que fuera a que había crecido muchísimo como actor. A eso, le sumas que ya teníamos ganada una experiencia, una amistad y una química, fruto de tantos años trabajando juntos… era la mejor opción que existía para la película. El trabajo se hace más fácil, te ahorras tener que conocer a la otra persona o las vergüenzas en los primeros ensayos. Cuando las bases son tan fuertes como las nuestras, da igual los años que pasen, no se pierden.

Con la perspectiva del tiempo, ¿qué es lo mejor y lo peor de darse a conocer en un fenómeno televisivo como fue El Internado?

Martín Rivas: No podría decir que hay nada malo. Lo que sí fue un impacto, no sólo para mí, sino también para todos los que hacíamos la serie, que éramos muy jóvenes, fue el perder un poco el anonimato o acostumbrarte a que la gente te reconozca o te mire por la calle, lo que a veces puede resultar un poco intimidante. Pero nada más. En realidad, El internado sólo me ha traído cosas buenas. Fue una gran escuela, tuve la oportunidad de hacer muchísimos amigos, de trabajar con gente súper talentosa y estoy muy contento de haber trabajado en ella, fue una suerte.

Ana de Armas: Yo, ahora mismo que lo veo con distancia, tampoco creo que tenga ninguna parte mala. Todo lo que me ha aportado El Internado ha sido para bien. En aquel momento sí que notaba que llevaba muchos años haciendo lo mismo y sentía que podía estar perdiendo otras oportunidades por estar ahí. En aquel momento me desesperé, me veía atascada. Ahora que han pasado los años y lo veo con distancia pienso: ‘¿cuál era la prisa?’ Gracias a El Internado hoy estoy donde estoy.

Ana, tú tienes pendiente de estreno dos películas americanas Hands of Stone, de Jonathan Jakubowicz, y Knock-Knock, de Eli Roth. ¿Cómo has vivido el salto a Hollywood?

Ana de Armas: Aunque las dos películas son americanas, ambas se han rodado en América Latina, la primera en Panamá y Knock-Knock en Chile, por lo que ha sido como integrarme en lo que es una película americana, con actores americanos y en inglés, y a la vez sentirme como en casa, como si estuviese en Cuba todavía rodando. Fue una mezcla bonita que me hizo sentir muy cómoda. Si los rodajes hubieran sido, por ejemplo, en Nueva York, quizá me hubiese muerto de miedo. Han sido experiencias maravillosas, compartidas con actores como Robert de Niro o Keanu Reeves, que no han hecho otra cosa que inspirarme y reafirmarme en que realmente estoy haciendo lo que quiero hacer. Los ves a ellos, que llevan toda la vida en esto, y siguen amando la profesión y es algo tan bonito, tan inspirador.


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