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¿Quién gana en esta campaña europea?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 21 de mayo de 2014, 20:10h
El PSOE dedica muchísimo tiempo en sus campañas a explicar que los socialistas encarnan todas las virtudes de la moral social, sin mezcla de mácula alguna. Son los progresistas, los feministas, los igualitarios, los defensores de la libertad, los debeladores de la injusticia, los solidarios, los impulsores (qué digo, los inventores) de los derechos, los ecologistas, los pacifistas…

Todo ello para explicar que su adversario, el PP, encarna todos los vicios sociales sin mezcla de virtud alguna, porque son los reaccionarios, los machistas, los especuladores, los insolidarios, los destructores de derechos y libertades, los belicistas y tal y tal.

Es sorprendente que no sorprenda a los socialistas que este discurso no les proporcione victoria tras victoria. Es asombroso que no les asombre que la ciudadanía no les vote en masa, encarnando, como lo hacen, todo lo bueno, frente a la terrible derecha que representa lo peor. Es curioso que no les mueva a la curiosidad que ese discurso no les proporcione triunfos eternos, con lo que se lo merecen porque ellos lo valen.

Pero así vivimos desde tiempos de Alfonso Guerra, cuando dijo que el pueblo se había equivocado votando a Suárez. Desde entonces, el pueblo se ha equivocado muchas veces, votando a Aznar o a Rajoy. El pueblo sólo acertó, como es bien sabido, cuando votó a Zapatero.

Y está tan metido en el inconsciente colectivo de los socialistas este pensamiento maniqueo izquierda-derecha, en el que se supone que ellos representan la parte virtuosa, la izquierda, que no se enteran de sus verdaderos problemas en cada momento. Y los que tiene ahora, ay, no están en su gran adversario, el PP, sino en su propia ala siniestra (y no lo digo por otra cosa que para no repetir la palabra izquierda).

Elena Valenciano ha hecho una meritoria campaña para reafirmar a sus electores que la derecha es la caricatura de siempre, la de Forges, la del bombín y el traje negro que aplasta a los trabajadores con su bota, la que les apalea y roba, la que maltrata a las mujeres, los niños y los perros.

Con eso, probablemente ha animado a sus militantes, los que salen ahora en las fotos la mar de ufanos exhibiendo carteles impresos con acusaciones de machismo, o con proclamas sobre la entusiasmante empresa de defender el aborto como ejercicio de la libertad (?!).

En fin, Valenciano y Rubalcaba están en su derecho en hacer las campañas que deseen. Técnicamente, la última no es mala. Al menos, ha tenido la virtud de ir a la ofensiva, mientras el PP se ha mostrado a la defensiva. Y sería estupenda si se tratara de una elección por sistema mayoritario, entre dos candidatos. Pero aquí hay muchos partidos en liza. Por eso, la pregunta es si es eficaz para sus intereses, y si ha fijado su objetivo en el lugar adecuado o se ha equivocado de punto de mira.

La respuesta a esto la podemos tener en la última parte del debate a seis entre candidatos de los diferentes partidos con representación europea. Es posible que no lo viera casi nadie, pero se lo cuento: el último cara a cara entre Ramón Jáuregui, del PSOE, y Willy Meyer, de Izquierda Unida.

Jáuregui se había enfrentado con resultado parejo con González Pons, del PP, que tuvo momentos brillantes frente a la facundia de buena conciencia socialista. Pero Jáuregui no pudo resistir que el comunista Meyer estuviera actuando de mosca cojonera contra los socialistas durante todo el debate. Y se enfrentó a él desde la antes mencionada buen conciencia progresista. Porque, hombre, los dos somos de izquierda y parece mentira que te metas conmigo y los dos vamos a apoyar al candidato de la izquierda socialista, Martin Schultz.

Pero, mire usted por donde, para nada. Los comunistas apoyan al líder de los comunistas griegos de esa Syriza al borde del sistema. Los comunistas españoles no quieren saber nada del PSOE, que son unos blandos. Los comunistas están por las mareas ciudadanas, por el anticapitalismo.

El progresista Jáuregui no podía entender por qué la izquierda española no sigue al PSOE a pies juntillas, quizá confundido porque los comunistas apoyan gobiernos del PSOE, como en Andalucía. Pero es que no comprende que ese apoyo con beneficio mutuo no es por afinidad, sino por interés. No es porque crean en los socialistas, sino porque intentan colocarse al lado por si alguna vez tienen la posibilidad de quitarles el sillón. Exactamento como los izquierdistas de ERC hacen con los liberales de CiU, mientras éstos papan moscas independentistas.

Y así se encuentra el PSOE en estas elecciones: preocupado por un voto inconquistable a su derecha, se han dejado el flanco abierto a su izquierda. IU, que también se llama Izquierda Plural (los comunistas siempre eligen como nombre lo contrario a lo que son) les está comiendo la tostada. Y aún a su izquierda, un grupito antisistema que desea estar en el sistema, dirigido por un líder creado en las televisiones de derechas, también disputa su voto. Y éste, con una cierta gracia, porque para quitarle al PSOE le ha quitado hasta el nombre del fundador, Pablo Iglesias.

Y todavía más. Durante algún tiempo, la ex socialista Rosa Díez había cultivado la equidistancia y logrado votos de la derecha por su apuesta nacional. Ahora no se ha cortado y se ha expuesto como lo que es: socialista. Y también está en la frontera del PSOE, como competidora correosa.

Ahí están los problemas del PSOE, en su entorno ideológico. Su campaña contra Arias Cañete, oportunista, tacticista y mentirosa, es la moneda al aire que tanto puede aglutinar votantes socialistas como populares, porque hay mucho electorado del PP que estaba pasivo y que ahora se puede activar a base de ataques del adversario. No digamos los millones de mujeres simpatizantes del PP, insultadas indirectamente por la campaña socialista. Pero el problema para el PSOE es que el electorado de izquierda está totalmente fragmentado. Y, por cierto, no sólo en España: en toda Europa.

Tal vez me equivoque, pero la campaña de Elene Valenciano ha servido, sobre todo, a Elena Valenciano. Ella misma se ha sentido líder por un día, protagonista haciéndose la víctima. Lo que no sé es si ha calculado que su victoria personal, a fuer de machacona, no contradice una de las virtudes del liderazgo: que es mejor la victoria compasiva que la persecución con ensañamiento al enemigo.

Lo que espero que haya conseguido esta peculiar campaña, basada como ninguna otra en España en la destrucción de la imagen del adversario (en esto nos estamos americanizando: en la siguiente saldrán líos de faldas) es motivar a alguna gente a que vote. Será una buena contribución, en todo caso, aunque, en esta ocasión, el PSOE se haya equivocado de enemigo, porque cuando llegue la hora de la verdad, y si nos descuidamos, los socialistas europeos y los populares europeos no tendrán más remedio que repartirse la Presidencia de la Comisión y la del Consejo Europeo. Y, a lo mejor, Elena Valenciano y Arias Cañete tienen que votarlo. Juntos

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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