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san isidro

Talavante, el único que resalta en una tarde decepcionante en Las Ventas

lunes 30 de junio de 2014, 14:12h
Una faena entonada de Alejandro Talavante al último toro de la corrida fue el único pasaje reseñable de una corrida decepcionante en cuanto al resto de protagonistas, pues falló el ganado de El Pilar, pero también las otras dos "figuras" del cartel, Sebastián Castella y José María Manzanares.
No es de recibo la corrida de toros, o sucedáneo, que se lidió hoy en Las Ventas. Volvían las "figuras", y con ellas la expectación que siempre generan entre el público menos asiduo en la feria, y los que también consiguen poner el cartel de "no hay billetes" en taquillas, todo hay que decirlo.

Pero las "figuras" no sólo llevan a la plaza a ese perfil de espectador que está más pendiente de hacerse la foto con el ruedo de fondo, que lo que acontece en él, sino que con ellos llega también "su" toro, es decir, un animal normalmente dócil y bajito de raza, sin muchas dificultades para los de luces, el típico animal que no gusta en Madrid.

Y qué decir cuando a este animal sin esencia le falla también la presencia. El acabose.

Hoy pasó un cómputo de todo esto: un encierro de El Pilar ayuno de todo, aunque especialmente preocupante fue la presentación: una "escalera" infame de animales de todo tipo, morfológicamente hablando; desde los armónicos primero y sexto, al buey de carreta que hizo quinto, pasando por el escurrido y zancudo tercero o el destartalado cuarto.

De juego tampoco ofrecieron demasiadas posibilidades, únicamente los lidiados en primer y sexto lugar, dos astados nobles, con clase y cierto recorrido, pero mermados también de fuerzas. Un toro medio, que se dice en la jerga.

Y con sendos toros, dos toreros también muy distintos, pues mientras Castella anduvo a la deriva con el que abrió plaza, sin acabar de confiarse, y tirando líneas una y otra vez en los medios y espaciados pases que instrumentó por el derecho, Talavante, en cambio, si dio la talla, aunque falló a última hora con la espada.

Fue la faena de más compromiso de la tarde, donde se vio a un Talavante muy metido y encajado en los largos y ajustados muletazos que recetó por uno y otro lado, siempre a media altura y muy templado, las claves para que el enclasado toro no se viniera abajo.

No fue labor compacta ni rotunda, más bien estuvo en el disparadero casi todo el tiempo, sin llegar a "romper" lo suficiente, pero tal y como transcurrió la tarde hasta ese momento fue como un oasis en el desierto. Eso si, si le mete la espada a la primera le corta la oreja con fuerza.

El resto de la corrida podría resumirse en tres palabras: nada de nada.

El mismo Talavante se estrelló de bruces con un tercer toro manso e inválido, imposible ni tan siquiera para proyectar una labor, que transcurrió entre pitos y "miaus" por la poca entidad del toro.

Castella tampoco pasó de discreto con el cuarto, toro basto, manso y sin raza con el que el francés pasó más bien discreto, como sus cuatro faenas protagonizas en San Isidro, una feria, sin lugar a dudas, para olvidar.

Manzanares siempre levanta pasiones entre la afición que viene a verle, aunque luego su toreo deje mucho que desear. Con su primero, que se movió con brío hasta que se rajó, lo toreó con brusquedad y acelerado en un carrusel de derechazos perfileros y carentes de hondura. Y con el quinto, muy atacado de kilos, hizo un esfuerzo aparente para ninguna recompensa.