“Cosas que perdimos en el fuego” es su nueva película
De un tiempo a esta parte, he seleccionado “con lupa” las propuestas de trabajo, que me llegaban. No dudé en aceptar este proyecto, porque me pareció una metáfora muy aplicable a la vida. El fuego, cuando arrasa, lo destruye todo. Y, cuando en la vida ocurre algo así, puede ser muy purificador.
¿Está en un momento de su vida en el que sólo necesita lo básico?
Con Gabriel y mis hijas tengo suficiente, no necesito nada más. Desde que supe que estaba nuevamente embarazada, mi vida sufrió un nuevo cambio. Sé que mi situación afectiva actual va a afectar a mi trabajo, porque siempre he elegido mis proyectos en función de lo que sucede en mi vida personal. Sin dejar de trabajar por un tiempo, sé que ahora es el momento de dedicarme a mi familia.
¿La maternidad cambia los esquemas de la mujer?
Lo cambia todo: los esquemas, las prioridades, los afectos... Ser madre es la experiencia más enriquecedora que yo he tenido en mi vida. Gracias a ella, me he conocido mejor como mujer, he descubierto cosas que desconocía y he encontrado respuestas que le tendré que dar a mi hija cuando llegue el momento. Ahora estoy totalmente centrada en mi familia.
¿Hollywood es el lugar en el que quiere que crezca?
Hay quien cree que vivir allí es hacerlo en medio de la jungla. En cierto sentido es como una selva. Si no controlas ese mundillo, es posible que llegue a devorarte, pero el truco está en no dejarte vencer, ”no tirar la toalla”, superar las adversidades como si te fuera la vida en ello. A mí no me han regalado nada, he luchado muchísimo y, a pesar de todo, creo que ha merecido la pena.
Con el Oscar le reconocieron esa lucha. ¿Ha cambiado mucho su vida desde ese instante?
La noche que me lo dieron fue la más maravillosa de mi vida profesional. Conseguirlo fue muy importante para la mujer negra. Ese momento, por supuesto que cambió mi vida. Desde ese día estoy bastante más ocupada, más distraída. Antes del premio tenía más tiempo libre y lo disfrutaba por completo. Mis fines de semana eran sagrados y, ahora, muchos de ellos los tengo que dedicar a hacer entrevistas y promocionar mi trabajo. Vuelo sin parar de un lugar a otro, sin apenas tiempo de asimilar lo que me está ocurriendo... pero luché por esto, así que no me puedo quejar.
Aunque parezca un contrasentido, ¿el éxito le ha permitido ser más libre?
Creo que sí. Yo vuelvo mucho la vista atrás. Y no sólo lo hago para no perder la referencia de mis raíces, sino para no volver a cometer los mismos errores por mucho que haya aprendido de ellos. Yo he pasado por situaciones muy difíciles en mi vida. La mayoría de ellas me abrieron los ojos, sobre todo el accidente de coche, en el que atropellé a una persona...
Ha comentado que el atropello le marcó como pocas cosas en la vida...
No te lo puedes imaginar. Durante casi un año no pude hablar del tema, mi ánimo no era capaz de hacerle frente. Los abogados me enseñaron a contestar en público las preguntas a las que tenía que enfrentarme. En cierta medida fue como una terapia, que me vino muy bien. Fueron momentos durísimos que cambiaron mi perspectiva de la vida.
¿En qué le afecto?
Antes de lo sucedido, me importaba muchísimo lo que la gente pensara de mí. Me dolían los rumores, los comentarios, todo ese tipo de cosas que no puedes controlar pero, a partir de ese momento, dejó de importarme lo que opinaran de mí. Sé que no se puede gustar a todo el mundo, que la gente nunca tendrá la misma opinión sobre ti, así que cambié mi manera de pensar al respecto y empecé a ser más feliz.
¿Por qué le obsesionaba tanto tener que gustarle a todo el mundo?
Te comentaba antes que suelo mirar atrás. Cuando lo hago, recuerdo mi infancia en un barrio negro, donde a la gente no les gustaba mi madre blanca. La mía era una familia interracial, que siempre tenía problemas en los barrios negros por la piel de mi madre y, en los barrios blancos, porque no les gustaba mi piel negra. Me he pasado la vida buscando ser aceptada en las comunidades en las que me tocaba vivir, siempre me juzgaban y yo tenía necesidad de gustarles. Era una especie de instinto de supervivencia emocional. En el colegio se reían de mí, era como un payaso... pero un día decidí cambiar mi registro mental. Y eso me hizo más feliz.
¿Hoy lo tiene todo superado?Casi todo. No existe la felicidad completa porque, entre otras cosas, sería aburridísimo. Tengo superadas muchas de mis frustraciones e inseguridades. Ahora siento que la gente me quiere más, que valora mi trabajo, que reconocen mi talento...