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PASO CAMBIADO

Ríndete, Rajoy, que viene Mas

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 16 de julio de 2014, 22:05h
Actualizado el: 17/07/2014 21:50h
Aunque nunca es fácil saber en cuál de sus universos paralelos se moverá ahora Artur Mas, sí se adivina que le está poniendo mucha ceremonia a su previsto encuentro con Rajoy. De hecho, se va a reunir con todos los partidos, partiditos, grupos y grupúsculos independentistas, como para acordar con ellos una estrategia, un memorial que presentar al jefe del Gobierno, tal vez alguna versión de alguna pregunta de alguna consulta...

El nacionalismo catalán siempre ha sido plañidero, quejica, sentimental y, por supuesto, aprovechado. Ahora que se ha pasado al independentismo se ha convertido en hiperbólico, exagerado, grandilocuente, y por supuesto, sin intención de dejar de ser aprovechado. Y tal parece que ahora viene Mas a hablar con Rajoy para darle un ultimátum, un sí o sí a la independencia.

Y como Mas es bastante menos de lo que se cree, aunque bastante más de lo que se merece, se tiene que investir de la autoridad que le prestan sus socios, porque difícilmente se valdría de la suya propia. Porque el papel de Mas es peculiar. Por una parte, es el representante del Estado en Cataluña, condición que no ha abandonado, que se sepa. Pero viene a hablar con Rajoy como si fuera a negociar desde otro Estado, como de igual a igual. Y en esa doble condición de personalidad del Estado español y, a la vez, de traidor al Estado que le cobija, le paga y le da sentido a su poltrona, aparece por La Moncloa como pidiendo y como amenazando; pero, eso sí, previamente apoyado por los socios a quienes se ha apresurado a consultar.

La pregunta es si lo hace porque quiere hablar con Rajoy con respaldo político de los heterogéneos independentistas, o bien tiene miedo de que esos presuntos respaldos independentistas desconfíen de él por si no es suficientemente firme con Rajoy. Y es fácil inclinarse por la segunda opción. Porque si Mas parece el gran baluarte de la reivindicación separatista, lo cierto es que su ambiguo papel en esta farsa le está colocando en tierra de nadie. Ni con los suyos de CiU, a quienes está llevando al abismo político porque pierden votantes por minutos, ni con el núcleo verdaderamente duro del independentismo, que está a su izquierda (ERC) o en la calle tan imprudentemente alimentada por Mas (la ANC).

Si Mas tuviera las cosas claras, no tendría que consultar a nadie. Pero se está enfrentando a una difícil tesitura: después de manifestar sin ambages su traición a España, tiene que convencer a los suyos de que no traicionará la causa independentista. Y no es nada fácil, porque cuando uno es capaz de traicionar una vez, lo puede hacer muchas veces. Hasta el punto de dejar de saber cuándo es traidor y cuándo leal.

Bien, pues Mas va a venir a hablar con Rajoy como a unas oposiciones para sacar la plaza de Estado catalán, con las preguntas preparadas y con el temario estudiado. Los suyos deben estar eufóricos. Se va a enterar Rajoy. Como mucho, al presidente del Gobierno de España le vamos a dejar una salida: cuándo y cómo quiere la independencia. Que es como decirle al condenado a muerte que diga su última voluntad: cómo quiere que maten a España, por ahorcamiento o por fusilamiento.

En toda la extraordinaria construcción montada por el clan independentista, la mejor parte corresponde al momento en que plantean el formato de rendición de España, descontando por supuesto que España se va a rendir. Han interiorizado tanto su visión de la España cutre, indigente, tercermundista, mantenida y casposa, que no entienden por qué no se les pone puente de plata. No es que tengan derecho a irse, es que tienen necesidad de abandonar a esa caterva de paniaguados incultos que sólo servirían como mano de obra barata para Europa (literal, así lo han dicho) y que molestan a la pujante Cataluña, que sería el faro de la Unión Europea. Y lo mejor de esto es que lo ponen por escrito en esos fascinantes informes constituyentes firmados por un tal Carlos Viver, vicepresidente del Tribunal Constitucional de España que fue y a quien nunca lamentaremos más los españoles haber pagado el sueldo. De hecho, nunca lamentaremos suficientemente seguir pagándoselo, porque es lo que hacemos los españoles, que entre todos pagamos el dinero público de Cataluña, como en Cataluña se aporta dinero público al resto de España.

Claro que Rajoy, a quien no sé por qué se le achaca que no dice nada sobre Cataluña, cuando siempre habla de forma palmariamente clara, ya ha adelantado la respuesta. Con algún circunloquio, se resume en una palabra: no. Y ya sé que es difícil de entender para gente tan versada en la reconstrucción de la ONU como los nacionalistas catalanes, pero en casi todos los idiomas, no significa no.

Y va a ser que no, porque no puede ser que sí. Porque es impensable que un presidente de Gobierno español pueda decir que sí a la fractura de la legalidad, de la soberanía y del territorio nacional.

Este es un momento en el que la guerra de nervios encuentra su sentido. ¿Quiere salir Mas con argumentos para un golpe de Estado real, y no verbal como hasta ahora? ¿Busca más bien que pierda los nervios Rajoy con medidas drástica que lleven al martirologio a los mesías catalanes?

Por fortuna, a las permanentes provocaciones, no exentas de racismo y xenofobia del nacionalismo catalán, se ha contestado con templanza. Hasta la última iniciativa, la de un grupo notable de intelectuales y políticos llamada “Libres e iguales”, pone el acento en lo positivo de la unión. Y si plantea beligerancia con los separatistas, es puramente ideológica, a diferencia de éstos que ya se están imaginando un ejército de liberación contra Francia y España (que, por cierto, tendría que pagar España, lo que no deja de ser divertido).

En todo caso, causa una cierta melancolía tener que recordar la obviedad de que la fractura nacional sería un desastre para todos. Pero seguramente hay que hacerlo. Entre otras cosas, porque hasta Rajoy necesita que alguna sociedad civil se mueva cuando explica a Mas por qué dice no. Y, frente a una opinión pública impacientada, hay que recomendar la lectura de las palabras de Rayoy en Bruselas. Meridianamente claras, como hasta ahora. No se va a celebrar un referéndum en contra de la soberanía nacional. Que no mareen más.

Y, además, Rajoy contará con el apoyo del nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Digo yo.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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