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ENTREVISTA A JOSÉ CORONADO

"Los diez primeros años de profesión me dediqué a destrozar personajes"

miércoles 10 de septiembre de 2014, 08:05h
El actor estrena este viernes el thriller policíaco hispano-argentino Betibú.
José Coronado (Efe)
José Coronado (Efe)
Cuando ingresó en la escuela de Cristina Rota a la tardía edad -para la profesión- de casi 30 años, la madrina de buena parte de los más sobresalientes actores y actrices españoles le dijo que tenía voz y presencia, que si se lo trabajaba bien, quizás podría vivir de esto. Casi otras tres décadas mediante, es indiscutible que José Coronado se lo ha trabajado. Sigue haciéndolo después de cuarenta películas, una decena de montajes teatrales, un buen puñado de éxitos televisivos y uno de los premios Goya –el que le dio en 2012 “su” Santos Trinidad en No habrá paz para los malvados- más unánimemente celebrados de la historia del gremio. Lo de Coronado es un ‘suma y sigue’. Mientras rueda la segunda temporada del bombazo televisivo El Príncipe y con cuatro estrenos pendientes en cine, este viernes llega a las salas la coproducción hispano-argentina Betibú, dirigida por Miguel Cohan, en la que interpreta al director de un periódico cuyo equipo investiga el asesinato de un importante empresario bonaerense y comparte plano con Alberto Amman, Mercedes Morán y Daniel Fanego. Casi otras tres décadas mediante, el actor madrileño repasa en una entrevista con El Imparcial sus pasos en el mundo de la interpretación, empujados, casi por casualidad, por una presencia y una voz engrandecidas con los años.



P.- ¿Qué sensaciones te ha transmitido volver a “ser” periodista quince años después del que fue uno de tus mayores éxitos en televisión?
R.- Ha sido muy placentero volver a entrar en una redacción y a tomar contacto con el mundo del periodismo, que es una profesión que yo, desde la etapa de Periodistas, cogí muchísimo cariño. En esa época estuvo a punto de matricularme en periodismo.

P.- Aunque esta vez te han ascendido…
R.- Sí, en realidad es un personaje absolutamente diferente al que hacía en la serie. El que yo hacía en sus tiempos era el jefe de Local, un tipo blanco, con ética, con imparcialidad, con objetividad… Aquí lo que me toca es hacer de cretino, poderoso, interesante y seductor, pero cretino por encima de todo. Este tipo, Rinaldi, piensa que por su poder puede seducir a todo el que quiera y puede manipular sin escrúpulos a su antojo. Viene a poner de manifiesto que hasta el mundo de la prensa, el Cuarto Poder, está también sujeto a los dictámenes de los poderes fácticos. Estoy seguro de que mi personaje fue en su día un buen periodista, pero ahora se ha sometido al poder. Ha olido la noticia, la ha querido mandar, pero en el momento en que le dicen ‘eso se guarda’, obedece como una puta. Él mismo también usa su poder como influencia: sustituye al frente de una sección a un periodista de raza, imparcial y ético por un pipiolo con mucho máster pero muy poca experiencia del que sólo le importa que es manejable.

P.- Los periodistas de Betibú andan detrás de una información delicada y se chocan con ciertos intereses que les cambian los planes. ¿Crees que actualmente en España hay prensa realmente libre?
R.- Pues está muy difícil. Creo que de los grandes grupos de prensa, no hay ninguno realmente libre. Pueden decir lo que quieran, pero al final siempre hay un consejo de dirección que dirige la línea del periódico y el enfoque de las noticias. Los que pretenden salirse de ahí, quizás lo consiguen una vez, pero a la segunda van a la calle o a otro medio. Hoy en día ya no vale el francotirador, el freelance que cuenta simplemente la verdad esté donde esté, sino que se tiene que estar sujeto a la línea del periódico. Y ya no tanto a la línea del periódico que se pudo en su día establecer, sino a los poderes fácticos que controlan ese periódico y dicen cómo hay que hacer las cosas. Creo que, por desgracia, está muy difícil poder ser libre en esta profesión.

P.- Esos poderes fácticos, ¿los sitúa en la política, en la economía…?
R.- Al final de cualquier poder siempre hay un banco, del de los políticos, el primero. Es el poder financiero el que mueve el mundo. Los políticos están al servicio del poder financiero y son los que hacen que todo ciudadano de a pié contribuya a que los poderes financieros sigan engordando mientras el ciudadano mismo vive cada vez con más carestía.

P.- ¿Te puedo preguntar si te has inspirado en algo o en alguien para este personaje?
R.- Por desgracia, veo muchos en la tele cada día, pero no hay un nombre. Digamos que no soy Iñaki Gabilondo, que para mí es un referente.

P.- Rinaldi es un personaje oscuro, de moral altamente cuestionable, ese tipo de papeles que hemos comprobado que se te dan de lujo. ¿Fue Enrique Urbizu quien sacó ese lado negro de Jose Coronado del que tanto disfrutamos de un tiempo a esta parte?
R.- Sin duda alguna, la película que marcó la diferencia en mi carrera fue La Caja 507 de Urbizu. Y luego hicimos No habrá paz para los malvados y me regaló ese 'personajazo' que Santos Trinidad. Está claro que Enrique Urbizu es pieza clave en mi trayectoria y que mi carrera es hoy como es en gran parte gracias a su aportación, a la historia de amor que tuvimos desde el primer momento y que seguimos manteniendo, porque entendemos los dos el cine de la misma forma.


"NUNCA HE RENEGADO DE LOS PAPELES DE GALÁN, PERO NO ME SATISFACÍAN"


P.- ¿Y antes de él? ¿Sabías tú mismo que eras capaz de sacar ese lado turbio de tus personajes?
R.- Yo soñaba con hacerlo pero, para ser honesto, no sabía si era capaz. Lo bueno es que estos papeles me llegaron después de un periodo bastante largo de prueba y ensayo. Llevo casi 30 años en la profesión y los diez primeros me dediqué a destrozar personajes y a aprender. Tuve suerte; en aquel momento éramos muy pocos en la profesión y el aprobado estaba más barato, lo que me permitió que yo me mantuviese dentro. En esos años me daban los papeles del galán, de los que nunca he renegado pero que no me aportaban mucho, no me satisfacían demasiado. Con ellos tuve la suerte de poder ir haciendo kilómetros y kilómetros, aprendiendo, para estar dispuesto y preparado para cuando me llegase la oportunidad que quería. Me vino, por un lado, con el cine de Urbizu, y por otro, con el teatro, con la obra Algo en común, de Harvey Fierstein, la historia de un homosexual que perdía a su marido por Sida y que me hizo llegar a profundizar en la construcción de los personajes de una forma que nunca lo había hecho y me ayudó, sin duda alguna, a ser mejor actor y mejor persona. Todo esto creo que me empezó a llegar en el momento preciso. No me gusta pensar que si hubiera empezado a los 18 años me hubiera dado tiempo a llegar antes o a hacer más cosas. Los personajes que me ofreció Enrique (Urbizu) me llegaron cuando yo estaba preparado para ellos. Posiblemente si me hubieran llegado antes no hubiese hecho lo que hice.

P.- Dices que, por suerte, en aquellos años de tus comienzos eráis pocos. ¿Lo ves más difícil ahora para los que empiezan?
R.- Sí, ahora mismo es difícil empezar en cualquier cosa, en esta profesión, en la tuya y en la de mucha más gente. Ahora somos como veinte veces más de los que éramos cuando empecé yo, y encima todos con el inglés, el gimnasio… mucho más preparados de lo que estábamos nosotros antes. Hay mucha más competencia para conseguir llevarte un trofeo.

P.- Pasados dos años del Goya y de la vorágine que supuso No habrá paz para los malvados, ¿qué te queda de Santos Trinidad?
R.- Lo que me queda es un trabajo maravilloso que me dio muchísimas satisfacciones. Del personaje, menos mal, no me queda nada. Era un monstruo, el Diablo. Siempre digo que el mundo de la interpretación te da el privilegio de vivir otras vidas, de poder enriquecerte personalmente. Muchos personajes me han hecho incorporar cosas a mi vida, me han hecho ser mejor, o por lo menos así lo pienso yo. Lo que me dio Santos Trinidad fue la satisfacción del trabajo bien hecho y el convencimiento de cómo hay que hacer cine, de cómo se cuenta una película exenta de grasa, en la que todo es puro músculo, en la que una serie de departamentos consigue, trabajando en equipo y sin mucho presupuesto, hacerla trascender.

P.- Al no empezar a trabajar como actor a la edad temprana que es más habitual, hiciste muchas cosas antes de terminar dedicándote a la interpretación. ¿Dónde crees que estarías si un día no te hubieras matriculado en la escuela de Cristina Rota?
R.- La verdad es que podría haber acabado en cualquier sitio. Lo que sí sé es que yo no hubiese acabado nunca en una oficina porque no sabes cómo necesito huir de la monotonía. Tampoco me gustan los jefes que me dicen lo que tengo que hacer. Posiblemente hubiese seguido en el mundo de los negocios o en la hostelería, pero en realidad no me imagino en otra cosa.

P.-Imagino que los directores, como jefes, también te dicen lo que tienes que hacer…
R.- Claro, pero con los directores, y más ya a estas alturas del partido, tengo la suerte de que puedo decirles también lo que yo quiero hacer. Y me escuchan, me compran ideas. En realidad es un trabajo en equipo.


"MI SUERTE VIENE DE QUE NUNCA LE HE HECHO ASCOS A NADA"


P.- Estás en pleno rodaje de la segunda temporada de El Príncipe después del gigantesco éxito de la primera. ¿Cómo ves la evolución de la ficción televisiva española en los últimos años?
R.- Impresionante. Ahora mismo estamos entre los cinco primeros del Mundo en cuanto a calidad, tanto de intérpretes como, sobre todo, de equipo técnico. En la televisión española tenemos unos técnicos absolutamente maravillosos, que no tienen nada que envidiar a los de las series americanas, inglesas o de cualquier otro país. Además, creo que sabemos tocar todos los géneros; antes estábamos más cerrados a contar lo nuestro, pero ahora estamos abiertos a contar cualquier cosa. Hemos perdido el miedo a ser originales y a innovar y hemos mejorado en general.

P.- Aunque suene a tópico, puede decirse que te encuentras en uno de los mejores momentos de tu carrera, en una profesión en la que es muy fácil vivir en altibajos. ¿Qué ves cuándo miras atrás?
R.- Que tengo la suerte de que no ha habido un año entero en el que no me haya venido nada, aunque, por supuesto, ha habido rachas de más o menos trabajo. Creo que mi suerte viene de que yo nunca le he hecho ascos a nada, siempre he valorado poder hacer de todo: cine, televisión y teatro. Ahí es donde yo me he agarrado, a que cuando el cine flaqueaba y tampoco había series, me he ido al teatro, que además es donde más aprendes y sigues creciendo. Y con la televisión, lo mismo. Cuando empecé, algunos compañeros me dijeron que cómo iba a hacer televisión, que era un medio menor. ¿Cómo va a ser un medio menor si tu trabajo llega a cinco o seis millones de personas cada semana? Desde el principio amé la televisión y la sigo amando. Lo que me ha salvado, a parte de mi tesón, mi ilusión y mi amor por la profesión, ha sido moverme en los tres medios.
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