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CRÓNICA GASTRONÓMICA

Cuatro productos para cuatro cavas singulares

miércoles 15 de octubre de 2014, 15:18h
Cuatro productos para cuatro cavas singulares
Pienso que se come bebiendo y se bebe comiendo (o se debería)... Por Rafael Anson
Pienso que se come bebiendo y se bebe comiendo (o se debería), por lo que, en gastronomía, es cada vez más interesante saber armonizar lo sólido con lo líquido. Y digo armonizar, y siempre insisto, porque me parece más adecuada y bonita la palabra armonía que la palabra maridaje para hablar de la combinación entre comida y bebida. Esta última siempre denota obligación y nadie tendría que sentirse obligado a beber tal vino con tal comida, o viceversa. En temas sensoriales, cada uno elige y hay que respetar la sensibilidad de cada uno.

Al hilo de esto, hace unos días, invitado por Vila Viniteca y Cavas Torelló, tuve el placer de asistir a una divertida experiencia gastro-enológica en Madrid, que consistía en armonizar cuatro productos españoles, excepto el caviar –aunque en España también lo hay muy bueno como el Per Sé ecológico–, con cuatro cavas de la casa Torelló, también españoles, en la que descubrí combinaciones verdaderamente interesantes.

La primera consistió en cuatro tipos de caviar BC Arian: Beluga, Oscietre, Imperial dorado e Imperial Beluga con cava Torrelló Jeroboam Brut Nature gran reserva 2009, el más seco de todos, que encontró un buen equilibrio.

Después llegaron los espectaculares berberechos de Frinsa, que son los más grandes y mejores de la ría de Noia. Por su frescura y su potente carácter salino se propuso el Torelló 225 Magnum Gran Reserva 2009, un cava de las tres variedades clásicas (macabeo, xarel•lo y parellada), que aporta un toque de madera muy interesante, al tener más cuerpo e intensidad.

Los siguientes productos fueron pimientos y espárragos de La Catedral, que combinaron con un Torelló Rosé Magnum reserva 2010, un cava de garnacha y monastrell. La armonía fue interesante teniendo en cuenta que los piquillos estaban ligeramente horneados y, por tanto con un ligero dulzor, que en boca resultó agradable y fresco.

Por último, se propuso un jamón ibérico, uno de los productos que tradicionalmente más ha sufrido esa rigidez de tomarlo con vinos tintos y tranquilos. Después de probar mucho, yo he comprobado que el jamón funciona muy bien con vinos de Jerez y también con espumosos. En esta ocasión, para el puro de bellota de Dehesa de Extremadura Monteporrino, que tiene más de 50 meses de crianza, se propuso un Gran Torelló gran reserva 2008, un cava elegante, intenso y sabroso.


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