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AGENCIA ESPACIAL EUROPEA

Así hará historia la misión Rosetta el próximo 12 de noviembre

Así hará historia la misión Rosetta el próximo 12 de noviembre
miércoles 15 de octubre de 2014, 17:31h
Actualizado el: 16/10/2014 13:43h
La misión de la ESA realizará el primer aterrizaje en la superficie de un cometa.

El 12 de noviembre de 2014, si todo va bien, pasará a la posteridad como el día en que el hombre llegó a un cometa. La sonda Philae, que viaja en el satélite Rosetta, se separará del este y comenzará su andadura en solitario hasta posarse en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko con el fin de estudiarlo mientras se acerca al Sol.

Cinco lugares diferentes de la superficie del cometa fueron preseleccionados el pasado mes de agosto para el aterrizaje, aunque sólo dos de ellos, el “J” y el “C”, han sido los elegidos. La mejor opción es el “J”, aunque si algo falla en el último momento se reservan como plan B el “C”.

Hasta mediados de 2014, después de que Rosetta se despejara de una hibernación de 31 meses viajando a través del espacio, los científicos pensaban que la superficie del cometa era más redondeada. Según se han ido acercando a él, han constatado que sus previsiones eran erróneas y que la superficie del mismo es mucho más irregular de lo pensado en un primer momento. Eso ha condicionado la elección del lugar de aterrizaje de la sonda el próximo 12 de noviembre.

Los criterios determinantes a la hora de elegir un lugar u otro han sido, entre otros, la iluminación (la sonda necesita más de seis horas de luz para cargar las baterías), y el tiempo de caída, que en caso del lugar denominado “J” será de 7 horas frente a las 10 necesarias en otros casos. Más horas de caída implican un gasto superior de batería a pesar de que Philae cuenta con dos: la primera se usa una única vez y la secundaria se alimenta de los paneles solares y es la que va a permitir continuar la misión.

También ha sido necesario tener en cuenta la emisión de gases del cometa. Al parecer, según ha explicado Matthew Taylor, responsable científico de la misión, la zona del 'cuello' es la que más gases emite, que pueden afectar a una sonda que apenas pesa 100 kilos y que mide 1,3 metros de ancho y 1,46 metros de ancho.

Se han sorprendido, según ha informado este miércoles en la sede de la Agencia Espacial Europea en Madrid (ESAC) Laurence O'Rourke, coordinador de Operaciones Científicas de Rosetta, al descubrir que la superficie del cometa no es tan helada como esperaban aunque sí mucho más polvorienta. Y lo que es aún peor, los científicos han comprobado que en la superficie hay acantilados, agujeros y rocas de hasta 12 metros de altura, por lo que se trata, según O'Rourke, de “una zona con muchos retos”.

En cuanto a la zona de aterrizaje, la precisión de los cálculos realizados abarca una elipse de 1 kilómetro de diámetro alrededor del punto seleccionado.

En estos momentos, Rosetta se encuentra orbitando alrededor del cometa a 400 millones de kilómetros de la Tierra y una distancia de 10 kilómetros de su superficie. A finales de octubre emprenderá una serie de maniobras milimétricamente calculadas para posicionarse en el lugar adecuado a su objetivo: primero se alejará hasta alcanzar los 30 kilómetros de distancia y volverá acercarse hasta los 22 kilómetros de altura sobre el punto “J”. “Hay que subir para poder bajar”, explicaba O'Rourke. Hasta este momento, tanto el equipo de Rosetta desde las bases terrestres de operaciones como el módulo Philae de forma autónoma en base a sus cálculos, pueden abortar la operación y recalcular la trayectoria; incluso acudir al plan B –aterrizar en “C”- si lo creen conveniente. Si todo marcha según lo previsto, en ese punto concreto y crucial a 22 kilómetros, la sonda Philae se separará del satélite emprendiendo una caída libre y comenzando su aventura en solitario.







Los tres tornillos que la mantienen unida a Rosetta serán desatornillados a una velocidad que determinará el ritmo de caída, previsto en 18 centímetros por segundo acelerables hasta 95 cm/segundo en el momento del contacto con la superficie. De forma simultánea, y por si este sistema fallara, serán accionados unos dispositivos pirotécnicos que también separarán la sonda de forma que caiga a esa misma velocidad.

Y en este punto es en el que se vivirán los minutos más tensos, ya que se perderá el contacto con la sonda y no se recuperará hasta dos horas después de la separación, momento en el que se sabrá si algo ha fallado o no. Por su parte, Rosetta emprenderá otro complejo conjunto de maniobras y volverá a orbitar al 67P/Churyumov-Gerasimenko, garantizando las comunicaciones.

Una vez recorridos los 100 primeros metros, se desplegarán sus patas, dotadas de arpones que serán lanzados a cuarenta minutos del aterrizaje y permitirán el anclaje de Philae a la superficie. Si la fase de separación entre Philae y Rosetta supone el momento crucial en la toma de decisiones -al implicar un punto de no retorno en el lanzamiento de la sonda-, la caída libre y, sobre todo, el aterrizaje son instantes decisivos en los que “la suerte” es un factor a considerar, tal y como ha reconocido O'Rourke. Aunque el dispositivo de arpones cuenta con márgenes variables, adaptables a posibles dificultades del terreno, el posado del Philae en zonas de más de 30 grados de inclinación o podría impedir la fijación correcta.

Los responsables de Rosetta son conscientes de que la misión emprende un camino “con muchos riesgos”, según ha señalado O'Rourke en declaraciones a El Imparcial, pero todos ellos están “muy estudiados para que todo funcione bien”. Dado lo inédito del proyecto, que supera ya la década de duración desde el lanzamiento del satélite en marzo de 2004, el cometa ha ido revelando secretos y arrojando sorpresas tan poco gratas para el equipo como esa estructura abrupta inesperada. Aun así, el coordinador de operaciones científicas asegura que están “preparados para cualquier cosa”.

Con el trabajo de 25 investigadores internacionales, 11 de ellos españoles, como garante y un poco de suerte a favor, Philae se convertirá en pocas semanas en el primer contacto del ser humano con un cometa. Anclada en un cuerpo en movimiento con una gravedad 10.000 veces inferior a la de la tierra, la sonda emprenderá una investigación de tres meses de duración mientras el cometa sigue su trayectoria acercándose al sol, con el consecuente aumento de temperatura en la superficie. Transcurrido ese tiempo, el equipo estima que el calor impedirá el correcto funcionamiento de los diez instrumentos de científicos a bordo de Philae.

¿Qué se busca en el 67P/Churyumov-Gerasimenko?

La importancia de poder estudiar de cerca un cometa reside en que estos cuerpos de hielo y polvo que cruzan el espacio profundo se consideran elementos constitutivos del Sistema Solar primitivo y, por tanto, pueden brindar una información valiosa sobre la formación de nuestro entorno, su desarrollo y, en concreto, sobre el origen del agua en nuestro planeta. Incluso, en un futuro cercano, en análisis de los datos de la misión Rosetta podría esclarecer la realidad de la Teoría de la Panspermia, que propone que la vida llegó a la Tierra desde cualquier parte del espacio a bordo de meteoritos o cometas. Aunque Philae no incluye ningún instrumento preciso para detectar una hipotética presencia de vida, sí dispone de herramientas para el análisis químico, capaces de detectar moléculas necesarias para la vida tal y como hoy la conocemos.

Mientras la sonda realiza su labor en la superficie, el satélite Rosetta se encargará de trasmitir toda la información a la Tierra y, pasados los tres meses de vida útil de Philae, continuará su periplo como “escolta” del cometa, hasta llegar a otra de las fases más interesantes de la misión: el día 15 de agosto de 2015, cuando alcanzará el punto más cercano al Sol y las altas temperaturas extremarán la actividad del cometa. El final de la misión está previsto para diciembre del próximo año, aunque es probable que pueda alargarse hasta entrado 2016.

Por el momento, Rosetta ya se ha convertido en el satélite que ha alcanzado el punto más lejano a la Tierra, ha conseguido las primeras imágenes de la historia de un cometa tomadas a corta distancia y ha entrado, por primera vez, en la órbita de uno de estos cuerpos celestes de máximo interés científico. El día 12 de noviembre se desvelará si amplía su ya de por sí abultada lista de hitos.
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