El Teatro Real ha sido escenario este lunes del apoteósico estreno de una de las óperas más famosas de Donizetti.
"Ojalá todas fueran así", era la frase que más se escuchaba este lunes, durante el entreacto y a la salida del coliseo madrileño, con ocasión del segundo estreno de la presente temporada. Solo habían trascurrido algo más de dos horas y media desde que el público había llegado al teatro acompañado de la expectación que 'La hija del regimiento' suele crear en cualquier escenario. Una de las óperas más conocidas de Gaetano Donizetti, que supuso la consagración en París del compositor italiano, y que se convirtió, desde su estreno en 1840, en la ópera del famoso aria de los nueve "do de pecho". Es la escarpada cumbre a la que el intérprete protagonista, Tonio, ha de escalar, aunque, como advertía el maestro italiano Bruno Campanella, no sea, sin embargo, la más difícil y exigente para el cantante. Pero si esta opéracomique en dos actos crea siempre expectación en cualquier lugar, con mayor razón en Madrid, porque la misma no había podido verse aún en el Real desde su reinauguración en 1997. Eso sí, ahora podrá decirse que la espera valió la pena, porque la frase más repetida por el público hacía referencia, por supuesto, a la obra de Donizetti, pero también, desde luego, a la exquisita producción dirigida por Laurent Pelly que lleva años cosechando éxitos por los grandes templos líricos del mundo. Una coproducción del Metropolitan, del Covent Garden y de la Ópera de Viena que ha sabido reunir todas las claves que un rotundo éxito precisa. Desde la dirección escénica a la cuidada elección del elenco – encabezado por Javier Camarena y Aleksandra Kursak en el primer reparto -, en una obra que requiere de mucha técnica para afrontar su enorme dificultad vocal y de una buena dirección actoral, que no descuide ninguno de sus matices. Capaz de demostrar que el más puro divertimento no siempre atenta contra la más alta concepción de la cultura, de la intelectualidad.
El director de escena francés acierta de pleno con su equilibrada combinación de ironía, de parodia sutil y conmovedoras situaciones. Nos acerca una obra que habla del "amor en tiempos de guerra", esos tiempos en los que un regimiento puede encontrarse con el inesperado “regalo” de un bebé y criarlo como si fuera su propia hija. Más de cien padres para Marie, la niña de modales poco femeninos que, cuando creció, hizo la solemne promesa de casarse con un miembro de ese glorioso regimiento XXI -temido por los maridos, deseado por las señoras y con crédito en las tabernas-, pero que se enamora de un tirolés, es decir, de un enemigo. Pelly sitúa la acción en la Gran Guerra –el libreto original la sitúa durante la invasión napoleónica en Austria–, sin caer en la tentación de acudir a artificiosos mecanismos para intentar modernizar aquello que no lo necesita, cayendo en ese error, por desgracia tan común, de hacer incongruente lo que con tanto tino escribieron compositor y libretista. Así, las partes habladas en la obra han sido adaptadas por Pelly, junto a la dramaturga y libretista Agathe Melinand, al objeto de reducir unos textos originales excesivamente largos para otorgarles mayor carga dramática, y el buen resultado salta a la vista. Su dramaturgia sabe confrontar el entusiasta mundo de las clases populares y el grotesco modo de comportarse de la aristocracia, gracias a un humor inteligente que no deforma. No hay complejos de falsa modernidad en su propuesta, y la escenografía de Chantal Thomas se coloca al servicio de la obra, es decir, de la música y, sobre todo, de las voces. Una fundamental premisa, muy de agradecer además: los cantantes demuestran su faceta actoral sin verse por ello "castigados" a cantar desde el fondo del escenario, de espaldas al público o haciendo equilibrios imposibles. Gana la voz, ganamos todos.
Y de vez en cuando, no es pecado pasarlo bien, reírse, emocionarse. Relajarse, incluso, en la butaca. Porque está claro que ese amor en apariencia imposible entre Marie y Tonio acabará bien. "Por la gente que uno ama, lo que hay que hacer es conservar la vida", advierte Marie ya en el primer acto a su confeso enamorado. Y, aunque las cosas se compliquen y hasta aparezcan personajes antipáticos, como la estirada duquesa de Crakentorp, a cargo de Ángela Molina en su primera actuación en el Teatro Real, uno sabe que todos los demás acabarán dejándose convencer por el amor juvenil de Tonio y Marie. De modo que en “La hija del regimiento” caben risas, recogidos silencios, piel de gallina, aclamaciones de bravo y continuas interrupciones para premiar el espectáculo. Muchas más de las habituales en un género en el que la acción de aplaudir se reserva, con intención y casi en exclusiva, para cuando llega el momento de bajar el telón. Y, entonces, sí, se aplaude: para repartir, primero, entre la compañía; y, después, para premiar a cada uno lo suyo. Pelly, ha sido, junto a su equipo, aplaudido y aclamado como pocas veces lo suelen ser en estos últimos tiempos los encargados de la escena. Bruno Campanella, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, experto belcantista, recibía también el aplauso del público. Lo mismo que el Coro Titular del Teatro Real, acompañado de su director Andrés Máspero.
Capítulo aparte merecen, por supuesto, las voces solistas. Empezando por el tenor mexicano Javier Camarena en su debut en el Teatro Real, a donde ha llegado precedido por el enorme éxito que lleva cosechando en todo el mundo, bis en el Met durante La Cenerentola incluido, y que le ha valido para convertirse en uno de los tenores del momento. Ahora, también en Madrid. Los "bravo" del público acompañados de aplausos, no se escucharon solo después del famoso y escarpado aria del primer acto. Y la cerrada ovación con la que le acogió el respetable al final de la función, presagian que su éxito en la capital ya está asegurado. Más aún, que no ha hecho más que empezar. Junto a él, brilló asimismo la soprano polaca Aleksandra Kurzak por su interpretación del también exigente rol de Marie, muy premiada por los aficionados. Como lo fue la contralto Ewa Podles, estupenda marquesa de Berkenfield, y, especialmente, el siempre convincente y genial barítono italiano Pietro Spagnoli, dando voz y vida al indispensable personaje del Sargento Sulpice. Una delicia.
Este primer elenco se alternará hasta el próximo 10 de noviembre, para las trece funciones que el Teatro Real tiene programadas, con el formado por Antonino Siragusa, Desireé Rancatore, Rebecca de Pont Davies y Luis Cansino en los papeles principales.