El pasado 28 de octubre se conmemoró el 70º aniversario de la liberación de Ucrania. El presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, felicitó al pueblo ucraniano y a los veteranos de la II Guerra Mundial. Parte del mensaje dice así:
En las sangrientas batallas por Ucrania, durante la Gran Guerra Patriótica, nuestra nación multiétnica demostró en toda su grandeza, su determinación y unidad, el coraje y la firmeza del ejército de liberación, los partisanos, los miembros de la resistencia y los trabajadores de la retaguardia.
Nuestros padres y abuelos, desinteresada y valientemente, lucharon codo a codo por la liberación y la independencia de nuestra patria y aplastaron al enemigo acercando la victoria largamente esperada. Tenemos que preservar con cuidado las maravillosas tradiciones de amistad fraternal y apoyo mutuo que nos legaron. Es de vital importancia inculcar nobles valores patrióticos en la generación más joven y resistir activamente cualquier intento de revivir la ideología nazi fomentando el odio interétnico y falsificando nuestra historia compartida.
De todo corazón deseo a los veteranos de la Gran Guerra Patriótica salud y bienestar […], y deseo paz y prosperidad a todo el pueblo hermano de Ucrania.
En pocas líneas, se resumen algunas de las cuestiones centrales del conflicto que desde hace casi un año sacude a Ucrania. Es difícil exagerar la profundidad de los lazos entre Ucrania y Rusia. Por encima de las fronteras políticas, los dos pueblos comparten una historia común que –en el siglo XX- conmueve a partes iguales por la tragedia y el heroísmo. Durante la Guerra Civil Rusa, en Ucrania combatieron las tropas blancas de Denikin y Wrangel, los anarquistas de Makhno y el Ejército Rojo. Chaves Nogales describió, tomando el testimonio de Juan Martínez, la entrada del atamán Petliura en la capital de Ucrania: “a media mañana, entró el ejército nacionalista ucraniano en las calles de Kiev, y desfiló entre los vítores entusiásticos de la población camino de la Duma. Al frente de sus tropas, iba el propio atamán Petliura a caballo, con el brazo izquierdo colgando y manchado de sangre. Sangre llevaba también el caballo en el pecho y en las patas como el de un héroe legendario. A su paso las muchachas de Kiev arrojaban flores sobre su cabeza y los representantes de la ciudad salían a ofrecerle el pan y la sal de la bienvenida. Desde los balcones y las ventanas una multitud gozosa le aclamaba”.
Sin embargo, junto a la euforia nacionalista, con Petliura llegaba el antisemitismo: “Sólo el Podol, el barrio de los judíos, permanecía hermético, con sus calles desiertas y sus ventanas cerradas. Los viejos rabinos del Podol habían salido, no obstante, enfundados en sus largos levitones negros, a dar la bienvenida al atamán triunfante; pero de nada les valió. Los soldados de Petliura se tiraron como fieras sobre el Podol, asesinando a diestro y siniestro, saqueando las casas de los judíos y sacando ensartados en sus bayonetas a los bolcheviques escondidos. Fue una carnicería espantosa.”
Cuando los nacionalistas de Maidan sacaron los retratos de los nacionalistas ucranianos, los prorrusos supieron lo que venía. Hay episodios de la Historia con los que no se debe frivolizar. Vasili Grossman e Ilyá Ehremburg recopilaron minuciosamente los crímenes cometidos por los nazis y los colaboracionistas ucranianos contra los judíos. Leer “El libro negro” es adentrarse en las simas más profundas de la Historia de Europa. Los episodios del Holocausto en Ucrania tienen nombres casi demoníacos para cualquiera que tenga memoria sea cual sea su religión o sus ideas políticas: Babii Yar, la Granja agrícola de Zelenópol, la destrucción de la judería de Lvov…”.
Sin embargo, Grossman también relató la resistencia épica de los ucranianos y los rusos contra la invasión nazi. No, no todos los ucranianos eran nacionalistas y muchos, muchísimos de ellos, lucharon contra los nazis y sus aliados colaboracionistas como partisanos en los bosques o en la resistencia urbana. Volaron trenes, atacaron destacamentos de tropas, espiaron los movimientos de los ejércitos del Reich que avanzaban hacia el interior de Rusia. Durante dos meses de 1941 –que resultaron ser decisivos para la defensa de Moscú- ucranianos, rusos y otros pueblos de la URSS pelearon con todo lo que tuvieron contra un ejército invasor que parecía invencible. Hay que ver lo que fue aquella resistencia con armas, uñas, dientes, puños… Grossmann describirá en sus “Escritos de guerra” la emoción de volver a la Ucrania liberada de los nazis y evocará la lucha contra los invasores: “Y el pueblo ucraniano, el pueblo de la libertad cosaca, el pueblo de la Siech de Zaporozhie, el pueblo que creó canciones magníficas, el pueblo que convirtió su tierra en un jardín floreciente y en un trigal generosos, este pueblo se alzó contra los invasores fascistas con todo su orgullo, con toda su dignidad.”
Rusos y ucranianos comparten siglos enteros de una Historia prodigiosa, conmovedora, dramática. Olvidarla tendrá un precio muy alto para toda Europa.