El
Atlético de Madrid regresaba al campeonato doméstico tras el paréntesis reservado para las selecciones nacionales con la obligación que acarrea su estatus de flamante dominador y tercer puntal referente del balompié patrio:
vencer solidificando la convicción en el proyecto y ganando tiempo y legitimidad en el proceso de reconversión después del desembarco estival de calidad. En este escenario volvía el bloque capitalino también al horario que la LFP entiende como idóneo para asomar la cabeza en el mercado chino, para enfrentar al conjunto que representa la rebeldía esta temporada. El Málaga ha tomado el testigo en juventud y descaro para ilusionar al aficionado neutral este deporte y tratar de arrodillar a algún que otro gallo de este campeonato.
Diego Pablo Simeone concibió el duelo como el termómetro de la evolución de su idea de plantilla y juego para esta temporada. El técnico argentino señaló desde su alineación inicial la intención de
relegar la brega en la medular para pugnar por una posesión de balón controladora y punzante. Elevar los grados de técnica en el centro del campo significó sentar a Raúl García y arropar a
Gabi con Tiago, Koke, Arda y Griezmann. Mandzukic sigue ejerciendo de punta fijador de centrales en un esquema que pretende dominar y elaborar por encima de replegar y salir. Ansaldi y Gimenez sellaban las dudas en la zaga colchonera. El equilibrio entre la nintensidad y orden férreos sin balón y la disposición para manejar el diapasón de partido a través de la asociación marcaría el punto de avance del ejercicio.
Javi Gracia, por su parte, dispuso el desequilibrio ofensivo en transición que sube los kilates de rendimiento de sus pupilos. Con
Darder, Samuel y Juanmi en la dirección de las salidas efervescentes y Santa Cruz en el rol de desahogar el repliegue de sus compañeros debía crecer un Málaga
ordenado, con intención en al disputa de la posesión y a la espera del paso de los minutos. Camacho seguiría cubriendo las líneas de pase que trató de dibujar Simeone entre las líneas de retaguardia andaluzas y Antunes representaba la salida clara de pelota si el combinado malacitano buscaría frenar la inercia local a través de la posesión en fases del partido.
Así pues, con esta batalla entre dos clubes con disposiciones y querencias similares arrancó el partido. Con ambas escuadras inmersas todavía en el proceso de conocimiento mútuo
Mandzukic ejecutó el primer remate, desviado y desde el primer poste, tras centro de Ansaldi. Sin embargo, este chispazo inicial del minuto dos representó un espejismo. El
Málaga asumió con personalidad la batuta del ritmo de juego con combinaciones horizontales de balón, fluidas y sin profundidad, con el fin de amostiguar el ardor tradicional de las salidas rojiblancas.
De hecho, el bloque andaluz se manejó con placidez bajo el paraguas combinativo hasta que un cambio de banda de Tiago hacia la zona de ataque derecha del equipo local desnudó las
lagunas defensivas de Antunes. Juanfran recibió tras el error de cálculo del lateral luso y centró al punto de penalti para regocijo de Koke, que se relamía en el interior del área observando cómo Arda efectuaba el amague de remate en el primer poste. El canterano embocó pero su intento chocó en un zaguero que se lanzó
in extremis.
No solo no se conjugó la inquietud malagueña sino que se agravó al dolencia. En el saque de esquina posterior,
Koke destapó su varita para desencadenar la pizarra irreductible a balón parado del Atlético. Tiago remató a la red en el primer poste, adelantándose a toda la zaga visitante -en una oda a la repetición sistemática- y el Atlético golpeaba primero en el minuto 12. Sin dominar y casi sin desperezarse, penalizaba el primer fallo en el repliegue andaluz con la virulencia de contendiente que lleva la competitividad al extremo.
Tras el gol, el Atlético pareció oler la sangre y adelantó su defensa para ahogar la posesión del Málaga. Subió la presión y obtuvo, en consecuencia, el dominio táctico del terreno y el control del ritmo de juego, que fue conducido hacia la intensidad que le interesa al Cholo.
Arda, pegado a la derecha,
templaba y lanzaba, dueño del encanto en la tenue asociación rojiblanca. Buscaba entonces el Atlético jugar con el repliegue y salida, entregando la responsabilidad de la creación a un Málaga espeso, en el que Juanmi, centrado, y Samuel, en banda derecha, no contactaban con la pelota. El cerebro turco cambió de banda para ceder al
chut de media distancia de Koke que se perdió desviado. Era esta la primera ocasión desde el gol. Se había quemado ya la primera media hora de partido y la fase defensiva del Atlétivo solo cedió un centro tímido y excesivamente bombeado de Samuel que atajó Moya con condescendencia.
Agonizaba el primer tiempo con el
Málaga haciendo deambular la pelota frente a la intensidad defensiva del Atlético en campo propio. La imposibilidad de Darder y Camacho de filtrar pases entre líneas sentenció el ritmo de juego ante un equipo local centrado en su propio orden. La mera presencia adelantada de Gabi en la presión y la capacidad milimátrica para vascular del conjunto desestimaba toda intención vertical del maniatado rival, presa de la horizontalidad.
Sin embargo, en el 41,
Turan ejecutó un desmarque y control en profundidad, tras pase de Mandzukic, para envolver en papel de regalo un centro que concibió la llegada de Griezmann -inoperante en la creación-
en el segundo poste como autor del segundo tanto del duelo a portería vacía. Se cerraba un primer acto de despliegue de la receta tradicional colchonera a la que Gracia no encontraba respuesta. Juanmi debía bajar a recibir y desestabilizar el orden rojiblanco o las jugadas seguirían chocando con la cabeza de Gimenez y Godin, con envíos largos a un descorazonado Santa Cruz y los artistas de los extremos empotrados en una extraña línea de 4 piezas arriba. El 2-0 al descanso no susurraba el diagnóstico de otro día en la oficina local.
Empezó la reanudación con el juego más trabado y un cierto cambio de escenario. Griezmann vio la amarilla por una falta táctica tras error en el saque de una falta en la frontal del área rival y el Málaga pidió penalti por supuesto derribo de Godín a Castillejo en una transición rápida. La pelota volvía a pertenecer a los visitantes que, esta vez, no sentían timidez para aplicar velocidad, con balones planos y desborde individual a las contras. Pero el Atlético mostró las garras en el 54 con un robo y salida frenético que Turan cerró con asistencia y
Gabi con chut demasiado cruzado. La intensidad malacitana otorgaba picante.
Los pupilos de Gracia no entregaban su ánimo.Mandzukic se retiró del terreno de juego en el 57, una vez más desconectado en la fase ofensiva y muy laborioso en la defensiva, presa de una lesión que dio entrada a Raúl Jiménez, que apuró su estancia con la
Tri con dos goles entre semana. Al tiempo, se inundaba la medular de faltas e interrupciones que favorecían los intereses colchoneros. Y de ese marasmo nació otro agijonazo del Atlético. Ansaldi desbordó en la izquierda, centró un balón blando para que
Jimenez cabeceara y Kameni luciera sus reflejos. A continuación, en el 61, Gracia sacó del campo a un inconsistente Torres y
dio entrada a Horta, buscando más verticalidad en la propuesta. Aún a riesgo de padecer nuevas contras puntiagudas. Pero con esa subida de líneas arribó una llegada hasta la línea de fondo de Antunes que centró al segundo palo para el complicado
remate de Santa Cruz que se coló en la meta colchonera. La subida en el desenfreno y revoluciones del bloque celeste apretaba el duelo en el 63. Y parecía desatarse entonces el intercambio de goles en otro contragolpe de libro con Griezmann llegando y pasando al centro del área.
Jiménez volvía a toparse con Kameni tras su intento centrado.
El envite entraba en un
intervalo de incertidumbre,
sin dominador claro de la pelota ni del juego y las faltas gobernaban el centro del campo. Así, solo de acciones aisladas se construiría el desequilibrio. Un pelotazo de Kameni que peinó Santa Cruz otorgó a Juanmi el mano a mano con Moyá pero su carrera no encontró portería. En el 71, minutos después, su compañero de ataque
Samuel vio la roja por doble amonestación y el duelo parecía entrar en un punto de inflexión. Darder dejó su sitio a
Recio en la reacción táctica de Gracia. La revuelta del Málaga había tomado cuerpo y conseguido incomodar a un Atlético replegado con disciplina desde el inicio de segundo acto.
Los pupilos del Cholo seguían desdeñando el control de la pelota para cerrar partidos. Tan solo Arda Turan contemporizaba con la posesión.
Rozó la sentencia el Atlético en otro fallo de la retaguardia malacitana. Un centro muy bombeado de Ansaldi supuso el
fallo de cálculo de Kameni y el remate al lateral de la red de Griezmann, casi sin ángulo. El genio turco lanzó entonces otra contra fulgurante a la que Jiménez no supo poner el cierre tras la prolongación de Griezmann en el balcón de los últimos 10 minutos de choque. Decidió
Simeone en aquel punto apostar por bajar el ritmo de la brega a tavés de la pelota sacando del campo a Griezmann -más afinado en velocidad que en combinación estática- y
dando entrada a Saúl. Y, por contra
, se cerró el duelo con otra acción a balon parado. A falta de que se engrase la asociación que demanda la calidad de la plantilla, la vieja receta. Juanfran centró en el 83 para que el desconcierto de la zaga rival dejara la pelota en el borde del área pequeña a un Taigo que, de primeras y de memoria, la puso en el segundo palo para el
cabezazo libre de Godín. Con el 3-1 respiró la grada del casi repleto coliseo del Manzanares y, por ende, arribó la soltura al césped del trabajo cumplido. Quedó espacio solo para que ambos técnicos quemaran su tercer cambio -Luis Alberto por Juanmi y Arda, ovacionado como solo merecen los futbolistas de culto, dejó su lugar a Raúl Garcia- y para que Gabi viera la tarjeta roja.
El Atlético sumaba tres puntos más pero no mostraba evolución en el salto hacia el enriquecimiento que impulse el proyecto.