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'El Papa sacó a la Iglesia de una especie de apartheid espiritual'
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Navarro Valls: "El Papa sacó a la Iglesia de una especie de apartheid espiritual"

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
domingo 23 de noviembre de 2014, 08:07h
Actualizado el: 24/11/2014 13:28h
EL IMPARCIAL entrevista a Navarro Valls con motivo de su último libro. Por Borja M. Herraiz
53Leyendo su libro, uno identifica muchas más semejanzas que divergencias entre el Papa Francisco y Barack Obama a pesar de proceder de ámbitos diferentes pero con determinados puntos comunes. ¿Qué rasgos compartidos destacaría como los más reseñables?
Ambos son elegidos para sus puestos de modo inopinado. Barack Obama era un desconocido cuando en 2008 gana, sorprendentemente, las primarias a Hillary Clinton y es elegido presidente. Jorge Bergoglio no aparecía en las “quinielas” del cónclave que lo elige en 2013. Ambos tienen también una especial preocupación por los desheredados de la fortuna. Hay, no obstante, una gran diferencia entre ellos. Obama consulta continuamente las encuestas, y actúa de acuerdo con lo “políticamente correcto” del momento. Francisco actúa sin tener en cuenta lo que dirán: lo que hace lo hace en conciencia.

¿En qué medida los éxitos tanto del Papa como de Obama son suyos y no tanto una comparación en la que salen ganando debido a la menor aceptación o popularidad de sus antecesores?
Los tiempos cambian y con ellos los protagonistas. Pero la popularidad de uno o de otro depende, fundamentalmente, de ellos, no de sus antecesores. A veces esa popularidad es transitoria. Pensemos en Obama: en sus inicios la prensa lo veía como un mito. Para The New York Times su elección era “una catarsis nacional”. Pero a mitad de su segundo mandato es ninguneado por los adversarios y abandonado por los correligionarios. Es curioso como la fuerza del Yes, we can de ayer es hoy un mensaje de impotencia: “no pudimos”. Aviso para navegantes a las versiones española de Sí, Podemos. Es verdad que sustituye a un presidente Bush con popularidad bajo mínimos, pero hoy este es más popular que aquel.

¿En qué consiste y hasta dónde puede llegar lo que usted califica como 'El Efecto Francisco'?
Cuando Francisco realiza una serie de pequeños gestos (vivienda, prendas del atuendo, cercanía a la gente) se produce una reacción en cadena que, a través del ejemplo, dispara una sensación de cambio. Sin haber hecho grandes alteraciones estructurales (la Curia aún sigue prácticamente igual), cambia de algún modo los corazones. Un “efecto” de potencia incalculable, una onda en el lago cuyos “efectos” van a morir a playas muy distantes.

¿No cree que ambos líderes, fruto de ese halo de rupturismo con lo anterior y de esperanza en una nueva gestión, tuvieron un inicio en sus respectivos cargos demasiado aplaudido sin todavía hechos que los respaldaran? Sin ir más lejos, Obama fue Nobel de la Paz a los pocos meses de aterrizar en la Casa Blanca...
Efectivamente, los principios de Francisco y de Obama fueron esperanzadores. Los media se volcaron y, como antes dije, en el caso de Obama, fue como un tsunami que asombró al mundo. Francisco –con menos estridencias– también sacó a la Iglesia de una especie del apartheid espiritual en que se encontraba, fruto de las tempestades que se cernieron sobre el Vaticano. Pero hoy, Francisco mantiene la popularidad. Cuando hace poco Obama lo visitó en el Vaticano, era consciente de que, en Estados Unidos, el prestigio de Francisco rozaba el 85 por ciento y el suyo andaba por el 41%. ” Vengo a escuchar”, manifestó prudentemente el presidente afroamericano. Sabía lo que se decía.

¿Cómo valora el hecho de que la religión y la política vayan tan de la mano en EEUU, hasta el punto de que casi no hay políticos que se reconozcan ateos o agnósticos e incluso esto pueda llegar a perjudicarles de cara al electorado?
Cuando Obama tomó posesión, TVE tuvo la amabilidad de invitarme a que les ayudara en los comentarios en torno a la ceremonia . En esta, Obama citó cuatro veces a Dios, dos pastores protestantes pidieron a la multitud congregada en el Mall de Washington oraciones por el nuevo presidente y este juró el cargo sobre la Biblia de Lincoln. Cuando con cierta extrañeza me preguntaron lo que usted ahora me inquiere, dije que la razón estriba en que en Estados Unidos la separación Iglesias/Estado no tuvo esa carga de hostilidad que se adivina en Europa.

Para decirlo en palabras de un conocido analista: “su objetivo no fue hacernos a los americanos “libres“ de la religión, sino más bien hacernos oficialmente libres para la práctica de la misma”. Se entiende así que una estadística realizada antes de la elección de Obama dijera que el 90 por ciento de los americanos votaría a un afroamericano, a un judío o a una mujer. Solamente el 49% manifestó que votaría a un candidato presidencial ateo

Durante su viaje a Brasil, Francisco pronuncia una frase que usted recoge en su libro y que para muchos fue tan histórica como para otros alarmante: "La fe es revolucionaria". Esta afirmación esconde mucho de su forma de ver la teología y la vida...
Efectivamente, más de un observador internacional dio un respingo cuando le oyeron . Y es que una de las expectativas del viaje al Brasil era cómo afrontaría el Papa argentino el dilema de articular unas estructuras económicas equidistantes del turbo-capitalismo, ajeno a la solidaridad, y de un nuevo marxismo vergonzante, alérgico a la libertad. Es decir, qué versión daría el Papa de su «Iglesia de los pobres». ¿Existía una liaison del mensaje del Papa Francisco con la teología de la liberación, una de cuyas cunas fue Brasil? Con todos mis respetos a los teólogos, después de un atento análisis de las intervenciones del Papa Bergoglio, me temo que esta hipótesis olvida algo importante en el pensamiento y en la acción del Papa argentino: su fuerte conexión con la doctrina social de la Iglesia, anterior en el tiempo a la teología de la liberación.

En su libro dedica un espacio apreciable a la “leyenda” Kennedy. Ayer (22 de noviembre) se cumplió el 51º aniversario de su asesinato en Dallas en 1963. ¿Hubo conspiración en el magnicidio ?
Desde mi punto de vista, no la hubo. El asesino fue solamente Lee H. Oswald, una persona neurótica y desequilibrada por motivaciones personales, políticas y afectivas. La tesis de la conspiración se basó en la inquietud producida por el hecho de que el presidente del país más poderoso de la Tierra, que había sobrevivido políticamente a la amenaza de los misiles nucleares soviéticos, sucumbiera, sin embargo, a la acción de un atormentado personaje y mediocre tirador.

Pero así fue. La verdad es que, en mi opinión -ya lo he dicho en otra ocasión- el verdadero enigma sobre el presidente tiroteado en Dallas debe ser referido a su vida, más que a su muerte. La pregunta en torno al enigma no es primordialmente quién mató (o no mató) a Kennedy, sino más bien quién era, en realidad, el presidente de los Estados Unidos.
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