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Y DIGO YO

A Rajoy lo que es de Rajoy

Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
jueves 04 de diciembre de 2014, 20:09h
Actualizado el: 12/05/2014 01:12h

Efectivamente, Mariano Rajoy no es el presidente más simpático que haya pasado por Moncloa. No se está caracterizando, precisamente, por su locuacidad con los medios de comunicación ni por su cercanía a la ciudadanía. Igualmente, dista mucho de ser la alegría de la huerta y su expresión oral, corporal y ánimo no animan a irse de cañas con él. Tampoco se le eligió para eso.

La valoración del presidente del Gobierno en la última encuesta del CIS que recogía este dato alcanzó un tristísimo 2,3 sobre 10, al tiempo que se le abren frentes con los que, probablemente, no contaba al principio de legislatura y que ya le están avisando de que o cambia de estrategia o le retiran la confianza que habrá de depositarse en las urnas.

Pero, de la misma forma que al César se le reconocían los méritos de los que se hubiera hecho acreedor, a Rajoy lo que es de Rajoy. Cierto parece que se ha olvidado de hacer política y ahora todos se lo reprochamos, pero también es verdad que cuando ganó las elecciones los españoles lo único que queríamos, lo que deseábamos, lo que ansiábamos a toda costa era que mejorara la situación económica. Y hay que ser justos, lo está consiguiendo a pesar de todo.

Si nos retrotraemos al CIS de enero de 2012 vemos que el principal problema para los españoles era el paro, con el 83,2%, seguido de los problemas de índole económica con el 53,6%. En el barómetro de este jueves, lo que más acucia sigue siendo el desempleo, pero a menos gente (77%), mientras que las cuestiones económicas caen a la tercera posición y preocupan al 25,5%. Notable diferencia.

En medio de estos dos problemas se cuela la corrupción. Es de reseñar que hace casi tres años le importaba al 12,3% de la población y ahora, nada menos, que al 63,9%. Son más de 50 puntos que pueden explicar bien a las claras cómo van cambiando las prioridades. Obviamente, no es para alegrarse comprobar que la preocupación por la corrupción sube puestos porque eso significa que convivimos con ella y aunque también la había en 2012, estábamos a otras cosas.

Ahora Rajoy, que quiere ganar las próximas elecciones, va a tener que dar más peso político a su equipo de Gobierno una vez comprobado, datos de sondeos en mano, que conseguir evitar un rescate, reducir la prima de riesgo a cifras impensables, emitir deuda a tipos de interés increíblemente ventajosos y empezar a salir de la crisis (con un crecimiento lento, pero seguro) y a generar empleo no sirve para eso que llaman intención de voto. Los datos son buenos y hay que reconocérselo, aunque no es suficiente.

Pronto nos olvidamos de una prima que superaba los 600 puntos y de unos tipos de interés para una deuda que iban a tener que pagar nuestros nietos, pero somos así. Rajoy, chato, lo has hecho bien en el plano económico, pero una vez superados estos miedos es cuando queremos otras cosas.

Quizá por ello el nuevo ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, tiene más peso político que su antecesora y, a aparte de comunicar mejor (que era lo suyo), tiene el encargo de una Ley de Maternidad que aplaque los ánimos de, según dicen algunos, dos millones de votantes cabreados porque se quedaron sin reforma del aborto.

Quizá por ello también el Ejecutivo acaba de presentar una nueva ayuda a parados de larga duración con cargas que han agotado su protección y que podrán compatibilizar, incluso, con otra actividad económica.

Quizá por ello, igualmente, la nueva directora general (lleva sólo desde octubre) del Instituto Nacional de Artes Escénicas y de la Música (INAEM), Monserrat Iglesias, ha anunciado que el proyecto de ley del Impuesto sobre Sociedades contempla que los gastos realizados en la producción y exhibición de teatro y musicales tendrán una deducción del 20%.

Y quizá por ello puede que el presidente del Gobierno y del PP haya ordenado a sus ministros y líderes del partido que se pateen más las calles y hagan más caso a los medios de comunicación porque quiere que la gente les oiga explicar todo lo que se ha hecho, que, indudablemente, es bueno y no es poca cosa.

Javier Cámara

Periodista

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