A punto de presentar Será nuestro secreto (ACEN editorial), su última novela, el escritor madrileño nos desvela algunas de las claves de su carrera literaria, así como de su trabajo de educador social, experto en intervención con mujeres víctimas de violencia de género e intrafamiliar.
Aunque Francisco Rullán estaba convencido de que el tiempo con el que contaba para escribir, repartido entre su trabajo y su familia, solo daba de sí para escribir microrrelatos como los que publicó en “Pequeñas historias”, la insistencia de aquellos que los habían leído y disfrutado hizo que decidiera intentar sacar ese tiempo de donde fuera. “Pensé que tenía que hacerlo aunque tardara dos años en escribir mi segunda novela”, nos confiesa, “Y, sin embargo, una vez que me puse, con poco tiempo y todo, tenía las ideas tan claras que la terminé en seis meses”. Esto no quiere decir, en todo caso, que tuviera la historia completamente pensada, pero sí que contaba con un guión. Y, como decíamos, ideas muy claras. “Tenía muy claro, por ejemplo, que quería una protagonista que fuera una mujer poderosa, en el sentido de una fortaleza mental que le permitiera ir afrontando todos los problemas que pudieran ir viniendo”, nos asegura Rullán que, además, aclara que esto le viene de su trabajo en intervención con mujeres víctimas de violencia de género. “Desde hace cinco años, cada día estoy en contacto con mujeres que han sufrido mucho, que están en situaciones muy duras y que demuestran ser auténticas supervivientes y luchadoras”.
En este sentido, el escritor asegura que ha querido que la novela sea también un homenaje a estas mujeres. “El hecho de que la protagonista sea una mujer de un perfil determinado, cuarenta y tantos años, separada, con dos hijos que tiene que sacar ella sola adelante y luego las circunstancias que van a ocurrir en la novela hacen que pueda considerarse un homenaje”, nos explica. Otro punto que tenía muy claro Rullán a la hora de sentarse a escribir, era que la historia arrancase de una decisión- Porque, afirma: “Así creo que empiezan todas las historias, en las novelas y en la vida. A veces una decisión que has tomado tú y otras, una que la ha tomado otra persona”, añade. “Otro aspecto que quería que tuviera la novela era que, una vez tomada la decisión, surgieran dudas, algo que también pasa en la vida real. Cuando uno se pregunta si ha hecho bien o mal o, por ejemplo, si ya es tarde para volver atrás”, asegura. En la novela hay asimismo un viaje, un cambio de escenario que el autor ha querido situar en Túnez, con el ambiente del desierto como telón de fondo de un aspecto espiritual también presente en la historia de Elisa Márquez, la protagonista, una conductora de autobuses que decide separarse de su marido después de quince años de matrimonio porque no soporta más el tedio y la rutina de su vida. Se trata, en palabras de su “creador”, de una mujer muy reflexiva, que intenta seguir hacia delante cuando toma una decisión aunque sea consciente de que a veces se pueda equivocar. “Lo que más me gusta de ella”, afirma el escritor, “es que acepta sus errores y tira para adelante”.
Francisco Rullán quiso ser escritor desde siempre, aunque primero fue un lector incansable desde la adolescencia. “Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre contestaba que escritor. Por eso, cuando digo que esto es como un sueño hecho realidad, no estoy exagerando. De hecho, me gustaba disfrazarme de escritor. Paseaba por Madrid con mi sombrero, mi gabardina, como un bohemio”, asegura con una sonrisa entre satisfecha y nostálgica. Con 18 años empezó a escribir una novela, titulada precisamente Bohemio, que contaba la historia de un chico que anhelaba ser escritor. “Era, por supuesto, la historia que yo quería para mí”. Después de haberlo logrado, le preguntamos cómo lo ve ahora desde dentro, y no duda en asegurar que escribir un libro es difícil, “pero que lo es mucho más conseguir que escribir llegue a ser tu oficio”. En todo caso, a pesar de haber convertido en realidad su sueño, Rullan sabe bien volver a la realidad: la de esas mujeres con las que trata a diario porque son víctima de una violencia que sigue existiendo con intensidad. Le preguntamos qué es lo que, a su juicio, aún falta para erradicar tan terrible lacra y su respuesta surge de manera inmediata. “Faltan muchísimas cosas”, advierte, “Sobre todo, que los hombres nos involucremos de verdad, que creamos en esa lucha como algo fundamental. Tenemos que convertirnos en protagonistas de la lucha contra la violencia de género”. El escritor madrileño está convencido de que el problema reside en no haberlo combatido desde niños, en la escuela y en la familia. Aunque hay algo para lo que siempre se está a tiempo: denunciar. Encontrar, con la ayuda necesaria, el coraje para dejar atrás la humillación y la violencia. Volver a vivir. Tomar una decisión, para que de ahí arranque una nueva historia. Como la de Elisa Márquez en “Será nuestro secreto”.