Los goles de James y Jesé ante un Sevilla muy solvente construyen un colchón vital en la cima de la Liga.

Escapar o perecer. Inmerso en un cruce de inercias de duda y confianza que coronará en el test en el Calderón del sábado, el Real Madrid encaró el indigesto partido aplazado ante un Sevilla sin complejo ante los gigantes del balompié patrio. Un tropiezo condenaba al equipo capitalino a jugar sin red en el horno del Manzanares y vislumbrar, muy de cerca, lo lejos que queda ya la racha de victorias.
Decidió Ancelotti colocar a Khedira en la medular para contraponer centímetros a la apuesta física andaluza. Además, Arbeloa y Marcelo ocuparon los laterales con Isco y James en un centro del campo de cuatro pizas. Benzema y Bale se encargarían de iniciar la presión y conjugar la asociación, en estático o en transición, de la creatividad merengue. Varane regresaba al centro de la defensa en un baile resbaladizo ante Bacca.
Emery, por su parte, desplegó de inicio la intencionalidad competitiva de cada salida de su plantilla. Así, colocó a Iborra en la mediapunta y trató de cerrar las líneas de pase locales flanqueando a su zaga con la potencia y desarrollo físico de Mbia y Krychowiak. Deulofeu y Vitolo representarían las opciones de crecimiento punzante desde las bandas y a la contra. Carriço, Kolo, Diogo y Navarro conformarían una línea defensiva destinada a cerrar, en primera instancia, y salir desde el lateral con el paso de los minutos.
Arrancó el duelo con el Sevilla maniatando de manera prolongada la salida de pelota fluida del bloque madrileño. La línea de presión permanecía muy arriba y ahogaba el toque en combinación rival, reduciendo a Kroos e Isco a meros peones de equilibrio, horizontales, sin profundidad. Sobre este escenario, que se prolongó hasta bien entrada la media hora de juego, empezó pegando el sistema de Nervión. Vitolo abrió fuego marrando un mano a mano con Casillas tras el pase de Mbia, en el 2 de juego.
En pleno escorzo de ahogamiento sevillista,con el Madrid desplazado del mando en el ritmo de partido, se lesionó -dolencia muscular- Sergio Ramos, subiendo el telón de la desgracia en el primer acto en el helado Bernabeu. El zaguero se retiraba para dar entrada a Nacho en el minuto 8. Un golpe serio que asomaba la nube negra de fortuna de cara al derbi sabatino, aliñado con la elevación del nivel de intensidad traducido en repetidas patadas a destiempo de Mbia sobre Isco y de Krychowiak sobre Khedira.
Iborra y Bacca bajaban pelotas por alto para la llegada de segunda línea de Vitolo y Deulofeu en un Sevilla que discutía la posesión pero no elaboraba, encontrando en la verticalidad su acomodo. El Madrid permanecía al filo, con los mediocentros desconectados de sus centrales, incapaz de ganar los balones tras pelotazo visitante. Pero apareció la pegada madrileña con un centro sensacional de Marcelo hacia el segundo palo. James, libre de marca tras el desajuste entre Navarro y Vitolo, cabeceó a placer a la red en el 11 de juego. Se adelantaba el líder aunque pareciera fuera de sitio.
Reaccionó el contendiente sevillano subiendo los grados de presión, ahondando en la falta de sincronía a la espalda de los puestos de centro del campo merengue, y se genero un intervalo con dominio andaluz absoluto en las llegadas: un pase de Vitolo entre líneas encontró la llegada de Iborra que regateó a Casillas y chutó al poste en el 16; Krychowiak cabeceó al lateral de la red en el córner posterior; Vitolo remató sin marcaje local a las manos de Iker en otro balón ganado con pelotazo a la posición de Iborra en el 22; y el medio polaco repitió remate desviado, esta vez desde media distancia y de nuevo sin oposición, para cerrar un tramo de claro color rojiblanco.
Entonces arribó la segunda lesión madridista. James sufrió un pisotón en su pié derecho y debió marcharse a los vestuarios -desapercibido en la impotente creación de juego merengue- para dar minutos de calidad a Jesé. Seis minutos después, en el 33, se cerró el tríptico de las tinieblas con un choque entre Benzema y Beto, a centro dividido del canario, que tuvo como consecuencia nefasta el ingreso del meta luso en un hospital de la capital por una dolencia vertebral. Rico tomó su lugar bajo palos.
Cuando se reanudó el fútbol, el Sevilla había descendido su estrangulamiento y el Madrid disponía de la pelota sin llegadas. Sin embargo, la fatalidad, otro error, se cebó con el buen despliegue táctico andaluz. Bacca bajó una pelota y, tratando de sacar a los suyos del agobio, aguantó la pelota. El colombiano cambió el juego en un envío errático que cazó Isco para lanzar la contra, encontrar a Benzema en el 3 para 4. El galo puso la efervescente transición en el segundo poste para el remate, a placer, de Jesé que encontró la red. Corría el minuto 36 y el Madrid abría distancia sin juego.

Quedó noqueado el Sevilla, estupefacto ante la improductividad radical de su gran rendimiento en el esfuerzo colectivo. Benzema remató lamiendo el poste tras una buena combinación en banda entre Bale y Arbeloa en el 38 y Khedira se descolgó para encontrar el pase aéreo dibujado por Bale y encañonar cruzado. Rico salvó a los suyos con una estirada sensacional y los pupilos de Emery desembocaron en el descanso tras entrar en un histerismo de patadas a destiempo y en terreno intrascendente que provocó la cosecha de tres amarillas (Mbia, Navarro y Diogo).
Se abrió el segundo acto con el Madrid aposentado de la pelota y gozando, con el sosiego del marcador, de posesiones verticales que generaron oportunidades claras de remate. Un pase al espacio de Isco arrancó el bagaje ofensivo de la reanudación. Bale desbordó y sufrió un bloqueo que le llevó a cegarse en el remate al muro defensivo y obviar la presencia cercana y sin marca de Benzema. Avanzó el reloj dos minutos y Marcelo vio el espacio a explotar por Jesé a la espalda de Diogo y el canario desbordó a Kolo y remató al lateral de la red en el 49. Bale concluyó el arranque fulgurante con una falta desde el pico del área ejecutada cruzada y muy cerca del poste sevillano antes de que Benzema elevara la calidad del juego con un control y salida a la transición liderada y concluida por Isco con chut que despejó Rico. Diez minutos a los que sobrevivió el Sevilla.
Reaccionó Emery sacando del campo a Deulofeu -que nunca desbordó en su perfil de banda- y el Sevilla trató de recuperar la sensación de peligro por arriba. Así, Navarro puso un centro tenso que Iborra remató muy desviado cuando disponía de una posición franca para anotar. Entró el duelo en un escenario de incertidumbre, con el Madrid cayendo en intensidad, alejado del mando en el ritmo de partido, y el colegiado entendió por falta táctica una caída de Vitolo, que venía de una carrera de 40 metros. Marcelo vio la amarilla y la zaga blanca quedaba sentenciada de cara al derbi: el carioca no podría jugar por la quinta amonestación, Ramos y Pepe lesionados.
El conjunto visitante encendió en la última media hora su competitividad, subiendo la presión y llevando el juego al plano físico, con continuos ejercicios de pelotazo y presión al rebote. va arriba ante un Madrid relajado. Por el camino Bacca dejó su sitio a Iago Aspas -minuto 66- y el Madrid trataba de acomodarse a una escena ajena a la que era incapaz de encontrarle manejo. Una falta frontal lejana que bajó y remató Iborra con peligro en el 79 confirmó una fórmula que encadenaba al Madrid al achique en inferioridad por lo desacostumbrado de la faceta aérea.
Iago Aspas redujo distancias en el 80, otorgando al Sevilla el respeto que le había negado el marcador, tras una gran jugada de slalom de Vitolo, que rebasó a tres rivales. El crecimiento del bloque andaluz era ya palpable con la recompensa goleadora y el Madrid sollozaba por arribar a puerto de pié, sin sangría de puntos. Isco dejó su lugar a Illarra, con la intención de cerrar el resultado desde la defensa y la tenencia de la pelota -el vasco pagó su deficiencia física en la elección inicial de Ancelotti- y sobrevino el desenlace con el líder acurrucado en cada balón parado sevillano. Carriço mandó a las nubes la última en el 91 y el Madrid ganó un colchón muy necesario considerando los imprevistos y la exigencia física y mental a la que el visitante colocó este miércoles al puntero de la Liga. Por esta variable el derbi parece allanado para los de la ribera del Manzanares, pero de esta batalla salió el equipo merengue con 7 de ventaja sobre el Atlético y cuatro sobre el Barça, por lo que, ocurra lo que ocurra, el Madrid sale de la cuesta de enero y el bajón de concentración, físico, de resultados y rendimiento con el liderato amarrado. La mejor noticia en Chamartín en lo que va de año.