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TRIBUNA

La gran mentira sociológica

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
lunes 09 de febrero de 2015, 14:43h
"Suponiendo que mañana se celebrasen elecciones generales, es decir, al Parlamento español,¿a qué partido votaría Ud?". Se trata de la pregunta número 18 de la edición de enero de 2015 del Barómetro del CIS, la famosa “intención de voto”. Si bien últimamente se ha dedicado mayor atención a las peculiaridades de dicha encuesta, y se ha destacado la diferencia entre intención de voto y estimación del voto (la última de las cuales, desde mi punto de vista, no tiene interés alguno), los medios han vuelto a ignorar datos muy interesantes publicados por el CIS.

Sin ir más lejos, a la pregunta 18, entre quienes no contestan, no lo saben todavía, no votarían, votarían nulo o en blanco, suman más del 41% de los encuestados. Este comportamiento está en línea con el 32,4% de ciudadanos que ante la pregunta “¿por cuál de los siguientes partidos siente Ud. más simpatía o cuál considera más cercano a sus propias ideas?” responde con un tajante “Ninguno”. Es decir, casi un tercio de los encuestados no se identifica con ningún partido político de los dieciséis propuestos. Sólo estos dos datos ensombrecen cualquier idea de “éxito” referida a las menciones de apoyo electoral plasmadas en las encuestas (esa técnica de investigación social que muchos deciden hacer caso cuando les interesa y menospreciar cuando no les conviene).

Destaquemos más datos interesantes: el 60,6% afirma que "con toda seguridad, nunca votaría al PP", y casi el 42% aplica esta postura hacia Podemos. Una información valiosísima para complementar la intención o estimación de voto y que arroja dudas sobre el aparente éxito de cualquiera de ambas formaciones.

Lo más grave de todo es que el barómetro es tomado simplemente como una herramienta para medir la disputa electoral, cuando en realidad arroja valiosísima información sobre un presente que no puede ser obviado, y que debería activar las alarmas de una crisis política en toda regla. Casi el 86% de los encuestados asegura que Mariano Rajoy le inspira poca o ninguna confianza. A excepción de Soraya Sáenz de Santamaría, ningún ministro llega al 3 en una escala de 0 a 10 y la hazaña de esta última es alcanzar una media de 3,10. La gestión del gobierno del PP es valorada como “regular” por un 23,5% de personas y como “mala” o “muy mala” por un 67,8%. Y a pesar de los datos, el Gobierno sigue su actividad como si nada.

No hace falta ser sociólogo para interpretar los avances de resultados que hace públicos el CIS, sin embargo los rotativos se conforman, por lo general, con una superficial lectura basada en lo que la gente hace y deja de hacer ante las urnas.

Más aún, cuando en octubre de 2014 la sorprendente irrupción de Podemos en el podio del barómetro amenazaba al bipartidismo, los siguientes datos, mucho más escalofriantes que el programa de cualquier partido político, no generaron ningún titular: cerca de un 41% aseguraba estar de acuerdo ante la afirmación "generalmente, la política le parece tan complicada que la gente como Ud. no puede entender lo que pasa", y cerca de un 44% se mostraba de acuerdo con que "es mejor no meterse en política".

Pues sepan, muy señores míos, que la política lo es todo, que en las democracias occidentales, pocos espacios escapan a la regulación. En la política se decide cómo trabajamos, qué comemos, y por dónde nos podemos mover; de la política depende la calidad del aire que respiramos, qué es legal y qué no es legal hacer con nuestros cuerpos y los de los demás y en qué medida podemos expresarnos públicamente; de hecho, es en la propia política donde se establecen qué mecanismos de decisión son los institucionalmente aceptados.

Al igual que la democracia no se reduce simplemente a votar cada cuatro años, el barómetro del CIS no es sólamente un medidor de la batalla electoral, sino que aporta mucha más información cuyo interés es sistemáticamente ninguneado por los medios de comunicación. Y sin duda, las últimas ediciones no sólo reflejan una crisis de gobierno, sino también del bipartidismo y de eso que muchos se empeñan en llamar “democracia”. Los datos retratan una sociedad despolitizada y apática que amenaza con convertir la política en una lucha entre los cuatro motivados que se interesan por ella o que están en ella por el interés.

José María Zavala

Sociólogo

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