Aunque ya se ha usado infinidad de veces, el comienzo de un libro con un asesinato no deja de ser una excelente manera de crear un punto de partida, generalmente relacionado con lo policiaco, aunque no necesariamente de esa temática. Así se inicia esta novela, con la aparición del cadáver de una mujer que por su maquillaje y por su atuendo indican claramente que era la novia de una boda. La salvaje mutilación que presenta el cuerpo hace presumir que se trata de un crimen ritual, que empieza a investigarse. La comisaria encargada del caso tratará de encontrar la respuesta a la pregunta de quién ha sido el desalmado que ha llevado cabo ese brutal asesinato. Parece un inicio común inicio para una novela pero hay ciertas particularidades que dan mucha importancia a este punto. La primera de todas es el lugar donde se desarrolla la historia, Argelia. Un país lleno de tradición y teocentrismo en el que muchos consideran a las mujeres ciudadanas de segunda, incluso, en algunos casos extremos, meros objetos.
La comisaria Nora Bilal, durante sus pesquisas, va a tener que luchar con esta idea generalizada de que es una ciudadana con menos derechos que los hombres, contra todos esos prejuicios y tradiciones machistas. En el transcurso de la investigación acabará teniendo que enfrentarse con los altos poderes de la sociedad civil, tanto empresariales como políticos, sufriendo las consecuencias de ser tratada como alguien inferior. Pero también vamos a poder apreciar esta discriminación entre sus subordinados. Así, Zine, un policía que asume por completo y entiende la situación de tener a una mujer como superior. Mientras que el Guerd, además de ser uno más de los miles de funcionarios corruptos, no acata como una situación lógica el hecho de que una mujer haya llegado a un alto escalafón dentro de la propia Policía y le dé órdenes a él.
Al final, la trama policiaca no es el único elemento de la novela, ya que lo que más destaca es el retrato que se hace de la sociedad argelina, donde se exhibe la cruda realidad en la que la gran masa social es, para los que ejercen el poder, una simple marioneta que debe estar adormecida. Por eso el título, A qué esperan los monos, haciendo clara referencia a la necesidad de la sociedad civil de rebelarse contra la situación de su país.
Yasmina Kadra es el pseudónimo bajo el que Mohammed Moulessehoul ha tenido que escribir sus novelas para poder salvaguardar su integridad, ya que ha sido militar argelino. De ahí el doble valor de esta novela: uno la crítica social y la importancia que se da a la obligatoriedad de una sociedad justa e igualitaria, y, otro, ver como alguien que estaba inicialmente atrapado dentro de esa injusta corriente de continuidad en lo ancestral, ha sabido dar un paso adelante para tratar de cambiarla.