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CRÍTICA DE ÓPERA

Ermonela Jaho, aclamada en el Teatro Real por su deslumbrante Traviata

martes 21 de abril de 2015, 08:23h

El Teatro Real ha estrenado este lunes La Traviata con lleno absoluto y un enorme éxito del que ha sido responsable, en buena parte, la soprano Ermonela Jaho gracias a su magnífica y vibrante interpretación del rol protagonista.

Nadie mejor que el propio compositor para saber que su ópera basada en la novela de Alejandro Dumas “La dama de las camelias” precisaba de una Violetta creíble y apasionada para que tuviera éxito. Por ello, de cara a su estreno en La Fenice el 6 de marzo de 1853 Verdi intentó transmitir al director del prestigioso teatro veneciano – a través del libretista, Francesco Piave – su punto de vista sobre las características que debía reunir la soprano encargada de interpretar a Violetta: una cantante “con una figura elegante que sea joven y cante apasionadamente”. No le hicieron ni caso. El intento de Verdi fracasó, igual que lo hizo su famosísima obra el día del esperado estreno. Al respetable, la soprano Fanny Salvini-Donatelli le resultó demasiado vieja – 38 años – y, sobre todo, excesivamente corpulenta como para poder ver en ella a la jovencísima cortesana parisina que habría de morir consumida por la tisis, protagonizando una de esas trágicas historias de amor que se convierten en mito lírico y literario. El público de aquella lejana velada, muy al contrario del que anoche llenaba el coliseo madrileño, acabó riendo a carcajadas en lugar de bañado en lágrimas o con la piel de gallina después de tan dramático final. Al día siguiente, Giuseppe Verdi escribía una carta a su amigo Muzio para ponerle al corriente del penoso acontecimiento. La Traviata había resultado un fracaso. “¿Fallo mío o de los cantantes?”, se preguntaba a sí mismo en aquella misiva. Para a continuación darse, también a sí mismo, la única respuesta con sentido común: “El tiempo lo dirá”.

Y el paso del tiempo, fiel a su crucial papel de poner las cosas – casi siempre - en su sitio, lo dijo. El trío protagonista resulta clave para que brille en todo su esplendor una partitura exquisita, y lo es, muy especialmente, el rol de Violetta. Un papel reconocidamente complicado que en el primer elenco – serán tres los que se alternen - de la gran ópera verdiana que se subirá al escenario del Real hasta el próximo 9 de mayo ha saldado con enorme éxito la soprano albanesa Ermonela Jaho. Dotada de una espléndida garra interpretativa y gran calidad vocal, la soprano ha sido premiada después de las principales arias y, desde luego, cuando ha salido a saludar al final de la representación para recibir una de esas ovaciones que brotan unánimes. Con tal fuerza que parecen haber permanecido contenidas, esperando a salir con pareja intensidad a la que ella desborda incluso cuando su Violetta, entre sanguinolentas toses y ya por completo desahuciada, aún espera volver a ver a Alfredo. Solo una vez más. Ermonela Jaho ya daba pistas en la rueda de prensa anterior al estreno acerca de lo que consideraba más importante a la hora de meterse en tan dramático y psicológico papel: hacía falta, a su juicio, una soprano lírica con buena técnica vocal, pero siempre que la misma estuviera a merced del sentimiento. “El corazón del artista”, aseguraba tajante, “habla al corazón del público”. La soprano albanesa, anoche, se encargó de dejar bien claro que esa afirmación ante los medios no era solo un puñado de palabras, sino una verdadera y absoluta declaración de intenciones, encontrando su réplica en el barítono Juan Jesús Rodríguez. Considerado uno de los barítonos verdianos más destacados de la actualidad, el cantante onubense ha sabido construir un magnífico Giorgio Germont, padre del amado y amante Alfredo, a quien, sin embargo, el tenor Francesco Demuro ha interpretado con irregularidad, alejado de sus compañeros de trío.

Por lo que se refiere a la escena de esta coproducción del Teatro Real con el Liceu de Barcelona, la Scottish Opera de Glasgow y la Welsh National Opera de Cardiff, su director, David McVicar, ha apostado claramente por un realismo que ya inspiró en su día al compositor de la obra. Aunque, por aquel entonces, Verdi no lo tuviera tan fácil para mostrar tan alta dosis de “cruda” realidad. Se trata, de hecho, de una ópera atípica en la producción del compositor italiano porque la misma no se refiere a hechos históricos, como Nabucco, o a otras civilizaciones, como Aida. En el caso de La Traviata, Verdi tenía la intención de realizar una ópera de ambiente contemporáneo, de manera que al levantarse el telón los espectadores vieran sobre el escenario a personajes vestidos igual que ellos, aunque aquello no le gustara a la censura de la época. McVicar ha tratado, por otra parte, de despojar La Traviata de elementos decorativos superfluos para acentuar ese realismo de la ópera que, a su vez, se basaba en una novela que retrataba la historia de un personaje real, la vida hedonista y lujuriosa de la bella cortesana Marie Duplessis, amante de artistas y bohemios en el París decimonónico, que muere después de haber encontrado, por fin, ese amor en el que nunca pudo llegar a creer antes de conocer a Alfredo. Un amor que, por desgracia, llega demasiado tarde para “salvarla”. Con una acertada y muy coherente escenografía a cargo de Tanya McCallin, el director de escena escocés se encarga de insistir en la realidad, que las escenas de La Traviata transcurren en abarrotados salones o desoladas habitaciones, pero no en palacios. Y que las mujeres que acuden a las fiestas de Violetta no son condesas sino cortesanas. No son duquesas, sino actrices, bailarinas o costureras.

Con Renato Palumbo al frente del Coro y Orquesta del Teatro Real y de los citados tres repartos –en el tercero se espera el regreso al coliseo madrileño del barítono Leo Nucci– La Traviata promete hasta el próximo 9 de mayo grandes momentos de ópera, coincidiendo con la Semana de la Ópera en el Teatro Real, el Día Europeo de la Ópera y la celebración en el teatro de la Plaza de Oriente de la Conferencia Internacional de Ópera Europa, que tendrá lugar entre el 6 y el 8 de mayo y traerá a Madrid a representantes de 150 teatros y festivales líricos de más de 40 países. La famosísima obra de Verdi será, por supuesto, el centro de las actividades que el Real ha preparado para la Semana de la Ópera con la retransmisión en directo de la función del 8 de mayo, a cargo del primer reparto que ha estrenado este lunes, en diferentes espacios culturales de Madrid y otras ciudades españolas, así como a través de la pantalla gigante que el Real instalará en la Plaza de Oriente con el patrocinio de Santa Lucía Seguros. Tres intensas semanas de ópera con el gancho de la que se ha convertido, sin duda, en una de las más populares. Méritos no le faltan.

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