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NOVELA

Umberto Eco: Número cero

domingo 24 de mayo de 2015, 13:39h
Actualizado el: 24 de mayo de 2015, 18:28h
Umberto Eco: Número cero

Traducción de Helena Lozano Miralles. Lumen. Barcelona, 2015. 224 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. Nos llega la última novela del autor de "El nombre de la rosa", una brillante -con su punto de controversia- exploración sobre el mundo periodístico actual.

Por Francisco Estévez

En una mesa de novedades como la actual, donde se confunden hasta el merengue la obra de valor con la superproducción literaria, debido a un mundo editorial engullido en su propia lógica capitalista, es un descanso tropezar con novelas de nombre seguro, como el de Umberto Eco. Con una novela más delgada que las habituales suyas, vuelve el mejor Eco, el más penetrante para presentarnos un sofisticado estudio de la elaboración del embuste, es decir, sobre el mundo de la información y del periodismo en la peor de sus dimensiones, la actual, vaya.

Es tentación la de trazar la etopeya de Umberto Eco a través de los apasionantes prólogos de sus ensayos que postergaré a otro papel de mayor extensión. En esta misma columna ya he sintetizado ideas de sus últimos textos: Historia de los lugares legendarios o El vértigo de las listas. Sí podré, al menos, afirmar que el italiano entiende siempre la semiótica como una lógica de la cultura. Su curiosidad infatigable comenzó a verterse al papel gracias al incentivo de Italo Calvino, quien le animara en 1962 a escribir Opera Aperta. Allí concilió la singularidad de la obra literaria con la abierta interpretación del lector. Más tarde el italiano lamentó que algunos como Derrida pusieran más acento en el adjetivo que en el sustantivo del título. Claro parece, aunque la interpretación de una obra pueda ser, en efecto y en potencia, ilimitada, ello no implica que tal interpretación no tenga un objeto. El semiólogo proponía con acierto un férreo ligamen entre la fidelidad creadora y la libertad interpretativa. De sus novelas baste recordar que la posmodernidad alcanzó rango literario con esos guiños excelentemente trabados de El nombre de la rosa (1982) a cierta cultura (laberíntica como la de Borges, la disputa nominalista en este caso, como centro del conocimiento…), la trama detectivesca aprendida en Conan Doyle y otros logros geniales del erudito escritor.

En la novela presente se plasman con oportuno don muchas de las obsesiones de Eco, como aquella sobre la teoría del complot planteada en El péndulo de Foucault (1988), o del poder de las invenciones (recordemos ese personaje de Baudolino engullido en su propia ficción). Bajo el palio aparente de una incisiva novela sobre el periodismo, Número cero propone una devastadora radiografía del último cuarto de siglo de historia italiana. Contemplamos los antecedentes inmediatos del derrumbe de nuestra sociedad de la información, al que asistimos con ojos atónitos pero también con indiferencia pasmosa y cómplice. La novela arranca no en vano en ese año de esperanzas (Manos Limpias, el caso Tangentópolis) de 1992 a la postre truncadas en Italia (Berlusconi y la deriva individualista). De lleno entenderá la novela quien haya vivido la idiosincrasia italiana, pero cualquier occidental puede comprender a las claras. No acaso dicho año 1992 representa también un ecuador en España entre las esperanzas de la proyección internacional logradas con la Expo o las Olimpiadas y las perversidades y corrupciones que después emergerían.

La trama de Número cero, llena de apasionantes detalles, es fácil de sintetizar. A propuesta de un emprendedor (el commendatore Vimmercate) un presunto director de periódico (Simei) contrata a una serie de periodistas para bocetar un diario de sintomático título, Mañana (Domani). Deberán preparar unos bocetos o “números cero”, doce a lo largo del año, para servir a los intereses de ese hombre en la sombra con deseos de acceder a los grandes círculos de las finanzas, de los Bancos, en suma, del poder. Así el periódico, o al menos la amenaza de editarlo, será instrumento de presión y chantaje para acceder a la élite del poder. Un periódico o su promesa con voluntad de intervención y control sobre el poder, sobre los políticos. Simei sospecha malas intenciones del empresario, pues no es preciso editar el periódico para presionar, basta la amenaza. Por ello contrata al narrador de la novela que nosotros lectores leemos, como redactor-jefe pero también como negro literario que tome notas de lo sucedido. Y así arranca el relato. Pocas veces se alcanza tanto grado de ambigüedad en el inicio de una novela: una sombra que nunca conoceremos contrata a otra (presunto director) y ésta a su vez se defiende contratando a un negro para que redacte el testimonio de todo. Como en la vida real, el lector ya no tendrá seguridad sobre la información presentada.

Del magnífico inicio podrían destacarse muchos otros detalles: como el uso abusivo de anglicismos (calco de esos perniciosos usos periodísticos que se extienden como plaga por la sociedad). A lo largo de la novela Eco parece trasvasar todas sus inquietudes intelectuales a dimensión narrativa: el valor de las ruinas, la consideración del libro como soporte de información, las disquisiciones entre verdad y mentira, el poder de la ficción y un largo etcétera. En efecto aquí laten las pasiones de Eco que brillan con luz narrativa envidiable: la comunicación, la literatura, la semiótica. Pero al mismo tiempo deconstruye con socarronería los males que aquejan el periodismo actual.

Todo periódico es transmisor de una ideología y forjador de una opinión pública, cierto, pero de ahí a afirmar "no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias”, como proponen los personajes aquí, hay un trecho. Y, sin embargo, nuestra actualidad es así. En otro orden de cosas, el profesor italiano plantea la enfermedad de la pérdida de la memoria, esa plaga de la Edad Media que hoy vuelve con mucha más insidia a nuestras vidas. También planea la cultura de la inmediatez, la banalidad circundante y el presente continuo propuesto en las redes sociales. Y como estos obvian el pasado y la reflexión histórica de vital trascendencia.

Umberto Eco expone a sus ochenta y tantos una vitalidad creadora, una originalidad en el tratamiento de ideas y una radical forma de señalar las lacras de la sociedad a través de una crítica furibunda a los canales de información. No hace tanto que Aranguren vio en El País la formación del “intelectual colectivo” durante años trascendentales en España. ¿Qué ha pasado para la deriva ideológica, sensacionalista, falaz siempre, no solo de tal periódico sino de la mayoría de la prensa y de nuestra sociedad en conjunto? La valía de la escritura no está en aportar respuestas, sino en bocetar con precisión las preguntas. Número cero se convertirá en poco tiempo en novela de culto para muchos profesionales, curso avanzado para cualquier interesado en la comunicación y corrosivo deleite para cualquier lector atento. El testamento literario de uno de los grandes intelectuales de nuestra ruinosa Europa.

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