Florentino Pérez medía esta tarde de postemporada el calibre de su peso en relación con la trascendencia del estado de ánimo y potencial elemento de presión de una plantilla de voluntad en escorzo. Se reproducía una de las versiones de la influencia de la hierba sobre la tribuna que ya había experimentado el mandatario madrileño: un vestuario al que se le indigesta la perspectiva de cambiar la inercia y dinámica laborales con la expulsión del entrenador afín. Como ya ocurriera en el contestado epílogo de Vicente del Bosque al frente del buque galáctico -en los primeros dos mil- con un equipo liderado por Fernando Hierro en repliegue fronterizo con el motín, el Real Madrid quedaba avocado, un verano más, a la revolución intestina.
Una revuelta a la insatisfacción de los futbolistas antagónica a la que expulsó a Mourinho del banquillo merengue, en contraria dirección con respecto al paisaje que ha confluido en esta comparecencia. Bajo este boceto convulso, repitiendo el modelo inestable de los últimos ejercicios, el presidente descendía del palco a la superficie. El terreno que reclama explicaciones y luz ante la amalgama de rumores que llevan al icono, el capitán de facto y al epicentro estelar a mostrar su afecto y apoyo hacia la continuidad del ansiolítico italiano que escaló hasta la Décima. El enésimo punto de inflexión de este intervalo histórico de madridismo.
Abrió fuego la cima del presidencialismo deportivo capitalino con una breve argumentación inicial, que susurraba el cariz del evento. “La junta directiva ha adoptado la decisión de relevar a Carlo Ancelotti como entrenador del Real Madrid”, sentenció Pérez con tono grave para aclarar que “ha sido una decisión muy difícil, sobre todo para la junta, pero no hemos venido al club para tomar decisiones fáciles sino las mejores para una institución referencia en el mundo”.
“Ancelotti se ha ganado en dos años el cariño de la junta, el mío propio y el de la afición y ha pasado a la historia por haber ganado la Décima. Pero la exigencia es máxima y creemos que es el momento de dar un impulso para alcanzar el mejor nivel competitivo”, explicó el presidente. El prólogo de la comparecencia bajó el telón anunciando que "la próxima semana daremos a conocer el nombre del nuevo entrenador" y recalcando que "tenemos un grupo muy bueno para conseguir dar satisfacciones a nuestros aficionados". "Quiero agredecerle a Carlo su trabajo de estos dos años", concluyó.
Se inauguró, entonces, la ronda de preguntas. Un formato al que Florentino aconsejó brevedad con gesto ciertamente afligido. Pero la primera cuestión exigía profundidad en el análisis que ha significado este despido. "Nosotros hacemos esta reflexión todos los años, después de que termina la temporada. Ha sido una decisión analizada durante todo el año pero tomada en la última semana. Antes de venir aquí he estado con Carlo Ancelotti y, como todos saben, es un señor, un caballero, que entiende todo perfectamente y deja unas buenas relaciones con todos nosotros porque una cosa es lo personal y otra lo profesional".
Confesó a continuación el presidente que los futbolistas se estaban enterando en ese preciso momento del futuro de la cabeza de su vestuario otorgando un guiño a la candidatura de Rafael Benítez: "sería muy bueno que el entrenador próximo hable castellano". Pérez, que se negó a expresar su opinión sobre los fallos que han precipitado la marcha de Carletto, por no ser "oportuno", subrayó que "hemos analizado todo, desde todos los puntos de vista, pero este puesto no es fácil y el de los compañeros de la junta tampoco". "Si tenemos el convencimiento de que necesitamos un nuevo impulso, tenemos al responsabilidad de tomar esta decisión", señaló para repetir el dibujo de la conclusión extraída por la directiva: "La exigencia del Madrid es de tal nivel que hemos creído que necesitamos volver a encontrar nuestro máximo nivel competitivo".
Cerró su explicación y etapa del técnico italiano mostrando su comprensión a las explícitas muestras de oposición de la plantilla a la decisión publicada este lunes: "Los jugadores han pronunciado el cariño que le tienen a él, que es el mismo que le tengo yo y todos los aficionados. No me molestan las declaraciones de los jugadores. Me parece bien que manifiesten su cariño a alguien con el que hemos compartido estos dos años, como hacen con cada uno que se va".
Por último, antes de que el Bernabéu cerrara sus puertas a otro proyecto de extinción prematura, Florentino resaltó que "durante la temporada he tenido una relación buena con él pero nunca de carácter técnico. Nunca he sido capaz de decirle a un entrenador que ponga a un jugador", defendió. Su proclamación final, a modo de epílogo que rompió el temple melodramático del evento, apuntó hacia la prensa: "Nunca hay un culpable. El puesto de entrenador está sujeto a la convivencia y se sufre deterioro con el tiempo. He oído (que se ha publicado) que han pasado muchos entrenadores en estos años. Les animo a que vean el número de entrenadores que han pasado por Barcelona, Chelsea, Juventus y verán que es un puesto en el que se sufre deterioro".