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FERIA DE SAN ISIDRO

Tarde plomiza de toreros sin recursos e "ibanes" irreconocibles en Las Ventas

Efe
lunes 01 de junio de 2015, 08:52h
Tarde plomiza de toreros sin recursos e 'ibanes' irreconocibles en Las Ventas
Una tarde de lo más aburrida, por lo poco resolutivos que estuvieron los tres toreros ante una corrida irreconocible de Baltasar Ibán, por sosita y baja de raza, fue lo poco que dio de sí el vigésimo cuarto festejo de la Feria de San Isidro, celebrado hoy en Las Ventas.
La Feria de San Isidro enfila ya su última semana con la celebración de la primera corrida torista del serial, la de Baltasar Ibán, que, sin embargo, no respondió a tal calificativo. Es verdad que, en términos generales, fue noble, no molestó a los toreros, lo que se dice facilona, pero la falta de raza y la ausencia de finales en los cinco astados que se lidiaron propició que aquello careciera de la emoción que siempre han caracterizado a estos toros. Si la esencia de los astados anduvo "ahí, ahí", en el límite, con la excepción del buen tercero, donde sí suspendió el encierro fue en su presentación, muy bajos de agujas y vareados, sin remate, algunos tapándose por la cara, o lo que es lo mismo, impropios para una plaza de la categoría de Madrid.

Una vez despachado el capítulo ganadero, ahora toca contar que los de luces no ayudaron nada a que la tarde pudiera tomar algo de vuelo. Se juntaron, pues, el hambre con las ganas de comer. A Robleño se le vio demasiado en descentrado, y eso que acostumbra a apechar con corridas infinitamente más duras; Serafín Marín anduvo tan insistente como anodino, mientras que Bolívar, aceleradísimo toda la tarde, dejó escapar el lote con más opciones.

El primer espada del cartel, Robleño, tardó mucho en acoplarse con su primero, al que instrumentó una primera parte de faena a base de muletazos de uno en uno, sin quedarse quieto. Pero cuando se asentó en la arena, ya casi al final, surgieron las dos única tandas ligadas y, más o menos jaleadas. Ya era demasiado tarde. El cuarto tuvo un prometedor inicio de faena, moviéndose con codicia y repitiendo por el derecho, con el que Robleño no dijo gran cosa, menos aun cuando el animal se afligió a mitad de su lidia, apagándose y agarrándose al piso.

Marín viajó sin rumbo alguno toda la tarde. Anduvo porfión, e incluso plomizo en sus dos largas y espesas faenas ante dos toros de que se acabaron también a las primeras de cambio. A su primero lo toreó siempre "al hilo", es decir, para afuera y sin apreturas en las pocas arrancadas que tuvo. Y ya, cuando se negó por completo el astado, fue cuando el catalán insistió tanto ante un imposible que los tendidos acabaron por desesperarse. Con el quinto pasó algo parecido, un toro muy venido con el que Serafín se eternizó para, al final, acabar aburriendo al personal sin lograr sacar nada en claro.

Bolívar no supo aprovechar las facilidades que le ofreció el lote más apto en conjunto. Tanto con el tercero, el de más transmisión de los titulares, como con el sobrero de Torrealta que hizo sexto, estuvo acelerado, sin mando ni sitio, y, por momentos, desbordado también por dos astados que marcaron el ritmo de sendos trasteos.
Fecha del festejo

Cinco toros de Baltasar Ibán, de pobre presencia para Madrid, nobles y en el límite de la raza, que en general sirvieron, aunque sin finales. Destacó el tercero, el de mayor transmisión. El sexto fue un sobrero de Torrealta, más aparente que los titulares y bueno aún sin humillar lo suficiente.

Fernando Robleño: estocada desprendida (ovación); y estocada (palmas).

Serafín Marín: estocada ligeramente atravesada (silencio); y pinchazo y estocada corta (silencio).

Luis Bolívar: dos pinchazos y estocada (silencio tras aviso); y pinchazo, y estocada corta, tendida y atravesada (silencio).En cuadrillas, Raúl Adrada se desmonteró tras banderillear al cuarto.

La plaza tuvo tres cuartos largos de entrada en tarde de nubes y claros.
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