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EDICIÓN DIRIGIDA AL LECTOR ADULTO

El Quijote en castellano actual, ¿favor o traición?

martes 02 de junio de 2015, 16:44h
Andrés Trapiello ha dedicado 14 años a traducir El Quijote al castellano actual, una tarea que nadie había emprendido hasta ahora. Cervantistas y expertos en Literatura Española explican a este periódico su opinión sobre una adaptación que moderniza la obra magna de Cervantes, pero al mismo tiempo desvirtúa su esencia, según los expertos consultados.
Andrés Trapiello, arriba, y su adaptación de 'Don Quijote de la Mancha', abajo.
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Andrés Trapiello, arriba, y su adaptación de 'Don Quijote de la Mancha', abajo.

Adaptar El Quijote no es una novedad. Las aventuras del ingenioso hidalgo han sido versionadas para niños, convertidas en cómic o transformadas en un guion de cine. Nunca antes, sin embargo, habían sido adaptadas al lector adulto.

Durante los últimos 14 años, Andrés Trapiello se ha dedicado a traducir la obra de Cervantes al castellano actual. El resultado es una edición retocada en la que el autor ha despojado al texto del Siglo de Oro de refranes en desuso o arcaísmos incomprensibles para el lector del siglo XXI, además de corregir los conocidos descuidos del escritor barroco.

Trapiello cuenta en el prólogo que hasta ahora estábamos “obligados” a leer El Quijote en un castellano del siglo XVII “que ni hablamos ni a menudo entendemos”. Romper, pues, esa barrera ha sido uno de los objetivos del novelista, quien reconoce la imposibilidad de intervenir en todas las palabras utilizadas por el autor original: “Las hay que han quedado sin traducir por intraducibles (busilis), por significativas (fechos y fazañas) o por específicas (ferreruelo, saboyana)”.

Una tarea tan “procelosa” como esta, ha dicho Trapiello este martes durante la presentación del libro, no ha estado exenta de críticas. Lo ha reconocido el propio autor cuando ha recordado lo “asustados” que se mostraron algunos cuando se filtró hace dos o tres meses que iba a ser publicada esta traducción inédita. “Lo he mantenido en secreto para evitar malentendidos”.

¿Qué opinan los expertos?

Rosa Navarro Durán, catedrática de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, cuenta a este periódico que si alterar significa modificar y cambiar el sentido, "no solo no se se consigue la incomprensión, sino que se engaña al lector". La filóloga explica así su razonamiento: "Trapiello mantiene la palabra 'lugar' al comienzo del texto, cuando 'lugar' quiere decir 'aldea'. ¿Por qué no ha sustituido el término? En cambio, ha cambiado 'duelos y quebrantos' por 'huevos y torreznos'. Eso es un disparate porque así se destruye la ironía que Cervantes puso en esa expresión". Es una muestra, dice Navarro Durán, “de que algunas alteraciones pueden llevar a traicionar la obra original en vez de acercarla al lector actual”.

José Manuel Lucía Megías, presidente de la Asociación de Cervantistas, difiere de la autora de El Quijote contado a los niños: “Ha sido traducido desde 1612 hasta nuestros días. Cada una de las cientos de traducciones completas o adaptaciones que se han hecho a más de 58 variedades lingüísticas han permitido que millones de lectores que no sabían español puedan acceder al texto cervantino”.

Ningún lector inglés, añade Lucía Megías, “lee hoy El Quijote según la traducción de Shelton del siglo XVII, por más que sea la más cercana cronológicamente al texto original cervantino”. ¿Por qué un lector español del siglo XXI – se pregunta- no puede aspirar a tener una relación lectora semejante a millones de lectores que no saben español?

El catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza y experto en castellano antiguo Juan Antonio Frago considera que la novela original “sin duda gana” gracias a las adaptaciones, sobre todo en lo que se refiere a su comprensión. Sin embargo, duda de que la calidad literaria “no vaya a sufrir por ello”, pues “el respeto al orgullo que como autor tuvo el de Alcalá de Henares aconseja no trastocar en exceso su extraordinario relato”.

Favorecer su comprensión "no debe ser el propósito de la adaptación escrita por Trapiello". Así lo cree el hispanista y cervantista francés Jean Canavaggio: “Esta obra debe tan solo ampliar el conocimiento básico de su contenido a lectores que se revelan incapaces de citar otras aventuras que la de los molinos de viento”.

Precisamente, los “fracasos de lectura cosechados” por El Quijote, como ha dicho Trapiello, ha sido otro de los motivos que le han animado a llevar a cabo esta empresa, pensada con el propósito de “devolver la obra de Cervantes a los lectores, pues todos tienen derecho a leerla de la misma manera fluida y sin tropiezos”, en referencia a las anotaciones a pie de página de ediciones tan eruditas y respetadas, también por el poeta, como la del académico Francisco Rico, cuya edición cuenta con 5.552 aclaraciones.

Refranes y arcaísmos

“Creo que se exagera su distanciamiento lingüístico”, explica Frago: “Vía por veía es usual en muchos pueblos de España, como trujo por trajo, y no es desconocido aún aquí vamos por vayamos, corriente entre cultos americanos”. Si bien, “más allá de ciertos nexos oracionales, en el léxico sí hay más diferencias por los siglos transcurridos”, a lo que añade que considera complicado sustituir refranes como los “enhebrados por Sancho”, de “difícil” cambio por su rima, al igual que los juegos de palabras. Un ejemplo: 'pedir cotufas en el golfo' ha sido sustituido por Trapiello por 'pedir peras al olmo'.


De izquierda a derecha: edición de 1605; edición comentada por Francisco Rico; edición adaptada por Andrés Trapiello.

Preguntada por si la historia y la esencia del libro pueden verse trastocados por la sustitución de arcaísmos y refranes, Navarro Durán es clara: “La pregunta tiene en sí la respuesta: son nuevas traiciones a la creación cervantina, es como abrir en ella pequeños agujeros, que no le dan aire, sino que la apolillan”.

En opinión de Canavaggio, “si se eliminan de la adaptación, se puede conservar hasta cierto punto la historia original, así como parte de su contexto, pero no su esencia, porque así desaparece una de las muestras más significativas de la voluntad de estilo de Cervantes, que no se puede conservar tal cual en el proceso”.

Una lectura conduce a otra

¿Servirá para dar a conocer el original? Según Trapiello, sí: “Es un libro de paso hacia el importante”. Lo mismo opina Canavaggio, aunque matiza su respuesta: “Ocurrirá al estilo de lo que consiguieron en su día algunas versiones teatrales o películas como las de Kozintsev o Gutiérrez Aragón, pero pasar de un interés en la adaptación a la versión original supone un salto importante. Me temo que no serán muchos los que lo vayan a dar”.

El hecho de que su publicación coincida con el IV centenario de la publicación de la segunda parte de la obra invita a Frago a creer que “llegará a muchos lectores”. Si alguno de ellos acaba acercándose a la “pluma bien cortada de Cervantes, la cultura de nuestro país saldrá ganando”.

La edición de Trapiello se suma, explica Lucía Megías, a otras como la traducción al coreano de la segunda parte, a cargo de Chul Park, o al hindi, de Vibha Mauyria. “Muchas personas que confiesan que no han leído El Quijote, que son muchas más de las que nos gustaría a los cervantistas, ya no tienen excusa para no intentarlo”.

Navarro Durán no duda de que esta adaptación será leída, pero insiste en cuestionar su idoneidad: “La belleza y la ironía del texto no pueden permanecer con toda su fuerza en una 'traducción' al español. Quien quiera divertirse en la medida que le ofrece El Quijote, tiene que leer la obra tal y como la escribió Cervantes. Borges vio muy claro lo que había que hacer cuando escribió el relato Pierre Menard, autor del Quijote: volverlo a escribir exactamente igual sin cambiar una sola palabra”.

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  • Andrés Trapiello traduce El Quijote al castellano actual, ¿favor o traición?

    Últimos comentarios de los lectores (3)

    895 | Francisco de Paula Martínez - 13/10/2015 @ 11:24:55 (GMT+1)
    He tenido la ocasión de leer una serie de opiniones sobre la adaptación de EL QUIJOTE al castellano actual que, sorprendentemente, dan a entender que es, como dijeron en TV1, “UNA INICIATIVA PIONERA” siendo tal cosa inexacta y, quizá, fraudulenta, pues desde marzo del pasado año 2.014 existe tal trabajo con el título EL QUIJOTE PARA LECTORES DEL SIGLO XXI, inscrito en esa fecha en Registro de la Propiedad Intelectual con números M002002/2014 y 008447/2014 .
    Con respecto a las opiniones que aparecen en EL IMPARCIAL, solamente comentar que no estoy de acuerdo con Rosa Navarro ni con Jean Canavaggio pues, por esa regla de tres ningún libro debería ser traducido a otra lengua, y me pregunto si la Sra. o Sta. Navarro y el Sr. Canavaggio lo han leído pues no sería la primera filóloga ni el primer cervantista que me haya demostrado que, presumiendo de ello, fallaran a la hora de demostrarlo.
    De hecho, en un muestreo que he llevado a cabo a lo largo de tres años, solamente he podido encontrar tres personas, de entre varios cientos, que sí me demostraron haberlo leído.
    En relación con las opiniones de los Srs. Megías y Frago, opino que son más tolerantes y lógicos, pues para mí, lo más importante de la obra es que pueda ser disfrutada de verdad por cualquiera de los quinientos millones de hispanohablantes que hay en el mundo, sentimiento este que es el que me hizo dedicar mucho tiempo a resolver el problema.
    169 | gumer - 05/06/2015 @ 19:09:37 (GMT+1)
    Blasfemia, Trapiello.
    148 | Federico Robles - 02/06/2015 @ 20:25:36 (GMT+1)
    La opinión de Alberto Manguel (tomada de el diario El País):
    Alberto Mangue considera las versiones actualizadas de los clásicos un síntoma de “pereza intelectual”. “Cada libro establece con sus lectores una relación de aprendizaje: cada libro nos enseña a leerlo”, apunta. “Por supuesto, en una época como la nuestra, en la que queremos que todo sea fácil y rápido, no queremos perder tiempo aprendiendo a leer un texto que no nos parece inmediatamente accesible. Pero al simplificar un libro, al quitarle palabras que juzgamos difíciles o anticuadas, lo destruimos. Hablar de ‘simplificar’ un texto es suponer que el estilo, el vocabulario, el tono, lo que nosotros desde nuestro siglo hallamos oscuro o confuso, no es parte esencial de la obra sino una suerte de decoración superflua, y que solo la anécdota vale. Si fuese así, el Infierno de Dan Brown tendría el mismo valor literario que el Infierno de Dante”.

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