El desacierto de los jinetes con los aceros de muerte, ya fueran los rejones desde el caballo o el descabello pie a tierra, dejó en un sólo trofeo el balance estadístico de la última corrida de rejones de la feria de San Isidro.
Esa solitaria oreja fue a parar a manos de Sergio Galán tras su faena al segundo toro, que no fue precisamente la mejor de las dos que hizo el conquense, ya que tuvo mayor mérito y emoción la del quinto, con el que sus únicos fallos llegaron a la hora de matar. Con su primero, Galán destacó especialmente sobre 'Trópico', un bayo valiente sobre el que templó a un astado al que, pese a su nobleza, le faltó ritmo en la embestida. Remató el trasteo con piruetas y alardes que calentaron al público y, como mató al primer intento, se llevó ese único trofeo de la tarde.
En cambio, llegó mucho más al tendido con su segundo, un toro noble pero que se fue apagando y obligó a Galán entrar en terrenos de cercanías a lomos de 'Apolo' y 'Ojeda', dos caballos de sobrado valor. La faena creció aún más en un final muy ligado de banderillas cortas y desplantes, pero al marrar con el rejón de muerte y el verduguillo, Galán se negó a sí mismo la posibilidad de una salida a hombros que tenía al alcance de la mano.
El portugués Rui Fernandes sorteó los dos toros de más complicaciones de la corrida, dos serios y cuajados ejemplares que mansearon, se reservaron, esperaron a los caballos y echaron la cara arriba en los embroques. Pero a ambos les dio el lusitano una lidia tan adecuada como valiente, siempre tomando la iniciativa y llevándolos con precisión de un tercio a otro para buscar las mejores opciones de lucimiento evitar que desarrollaran mayores problemas.
Sin que las faenas cogieran demasiado vuelo, tuvo mérito la manera en que Fernandes clavó banderillas montando a 'Estoque', con el primero, y a 'Único', con el cuarto, siempre citando y llegando a la cara de los toros con frontalidad y pureza. Pero sus fallos con el rejón de muerte y el descabello, en uno, y la tardanza en morir del cuarto impidieron que también Fernandes "tocara pelo" hoy en Las Ventas.
Tampoco Manuel Manzanares logró matar a sus toros al primer intento, que es condición sine qua non para que el amable público de las corridas de rejones pida las orejas. Aun así, al alicantino le faltó ajuste con un tercer toro rajado pero noble, durante cuya lidia sufrió un aparatoso percance: un error de medida en el embroque para clavar la quinta banderilla hizo que el caballo resultara arrollado por el astado y Manzanares descabalgado hasta caer violentamente a la arena.
Se repuso Manzanares para matar al toro y pasó a la enfermería, de donde salió para lidiar al sexto, también manso y rajado y con el que, probablemente afectado por el percance, repitió desaciertos y clavó los rehiletes excesivamente pasados y a la grupa.