La Fenice de Venecia, el Teatro Real de Madrid, el Palacio Garnier de París y el Matropolitan de Nueva York son algunos de los teatros de ópera que el fotógrafo estadounidense David Leventi ha retratado para el libro titulado Ópera, recientemente publicado.
David Leventi quería rendir tributo a su abuelo, el rumano
Anton Gutman - recluido de 1942 a 1945 en un campo de concentración soviético - a través de lo que a él más le gustaba:
la ópera. Desde hace 8 años, su nieto se ha dedicado a ello en cuerpo y alma. Utilizando la luz propia de cada coliseo, es decir,
sin añadir ningún foco artificial, y siempre desde el mismo ángulo,
el centro del escenario, el libro editado por
Damiani muestra panorámicas de todos los imprescindibles escenarios de ópera del mundo. Desde los míticos - la Scala de Milán, el Metropolitan de Nueva York, el Covent Garden de Londres, la Staatsoper de Viena o el Mariinsky de San Petersburgo -, hasta otros que llaman la atención por diferentes motivos. Entre estos últimos, el
Amazonas de Manaos, en plena selva tropical brasileña, o el
Amargosa Opera House, en el Valle de la Muerte de los EE UU.
De los escenarios líricos españoles, Leventi ha elegido para su libro al
Teatro Real de Madrid, los barceloneses
Palau de la Música Catalana y Gran Teatre del Liceu y el
Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia. El libro, con prólogo a cargo de
Plácido Domingo, añade además una sección con los datos más interesantes de cada templo lírico - construcción, origen, capacidad y otros apuntes técnicos - escrita por el crítico
Thomas Mellins.
“En cierto sentido”, ha asegurado Leventi, “imagino a mi abuelo en el escenario”. Y es precisamente el escenario la parte más misteriosa de un teatro, a juicio del joven fotógrafo que en estos últimos ocho años ha recorrido
19 países para retratar 40 coliseos líricos con una cámara de gran formato. El resultado: espectaculares imágenes que constituyen un juego con las texturas y los distintos tipos de papel. También con una factura visual impecable donde los teatros adquieren
un tamaño descomunal. Leventi montaba en la cámara objetivos de granangular para captar la amplitud intimidante de la platea, los palcos y anfiteatros de los templos de la música donde se escenifican historias de amor, tragedia, dolor y muerte.
Por otra parte, las fotos permiten trazar
una cronología de los cánones del diseño de las óperas. Hijo de una pareja de arquitectos, Leventi opina que "el espacio en sí mismo puede ser el evento" y, desarrollando la idea, se ocupa de componer cada fotografía con la naturalidad e intención necesarias para que veamos las pequeñas salas regionales italianas de los siglos XVII y XVIII, cuando la música era sólo para unas docenas de personas. En el siguiente paso surgieron los imponentes edificios que se levantaron en el XIX en las metrópolis europeas, capaces de acoger a entre 1.500 y 3.000 personas gracias a la colocación ascendente de butacas en sucesivas galerías para que la nueva clase media tuviese cabida en un espectáculo nacido para la nobleza.
Finalmente, aparecen las enormes salas de ópera de EE UU y China, con hasta 4.000 asientos, donde la expansión ha eliminado la forma clásica de herradura y anulado el sentido de la intimidad. Las imágenes captadas por la cámara de Leventi aluden también a los sentimientos de los músicos y cantantes, "analizados por los miles de ojos de un público crítico y expectante". Para Plácido Domingo: “Leventi ha capturado la esencia de estos grandes templos del arte musical y ha creado una obra de arte en sí misma, un trabajo de amor de alguien que no sólo tiene los ojos expertos de un fotógrafo, sino también los oídos de un amante de la música verdadera".