La selección española desembarcó en la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) con la
necesidad de reafirmar el lustre refrescado en Oviedo, de juego y compromiso, y apremiado por la obligación inherente a su estatus que conllevaba cosechar un triunfo que le permitiera cuajar su primer puesto en el Grupo C de la fase clasificatoria para la intrigante Eurocopa de 2016. Todo ello con el fin de evitar que Ucrania ejerciera de juez imprevista. Porque Eslovaquia, rival temible en los titubeos españoles, se medía a los ucranios este martes y el último partido de la ronda guardaba una visita a Kiev para Iniesta y compañía. Por tanto, para curarse en salud, la dominadora del balompié entre 2008 y 2012 había de secundar las sensaciones y los guarismos.
Vicente del Bosque detectó que se planteaba un partido agrio y buscó en la frescura anatómica la clave para no resbalar en Skopje. Bajo este pentagrama introdujo seis variantes, nada menos. El timón cambiaba de nombres: Iniesta y Cesc otorgaban sus galones a
Isco y Mata. La movilidad de Pedro quedaba sacrificada por el equilibrio de
Cazorla y Silva adelantaba su posición para acompañar y alimentar a Costa. La zaga, resguardada por De Gea, asomaba modificada en las bandas, con
Bernat por Alba y
Carvajal por Juanfran. El movimiento de la pelota y la vigilancia tras pérdida para controlar las contras del efervescente bloque local recuperaban su vigencia como elementos nucleares.
Ljubinko Drulović, emblemática flecha de, entre otros, el Oporto, dispuso sobre el césped un once descabezado. Desde su apuesta inicial, con un conjunto desmembrado tras la renuncia del campeón de Europa Goran Padev y con los futbolistas mejor dotados técnicamente -Ibrahimi y Trajkovski- en la banca, el seleccionador serbio esbozó su idea de juego: presión, fragor en la búsqueda del cierre de espacios y tensión competitiva. La capacidad combinativa de piezas como Hasani, Petrovikj o Radeski esperanzaba la perspectiva de cazar alguna contra y respirar del esfuerzo. Sin embargo, no lo tenia fácil el preparador. Debía motivar a un equipo que cayó hace escasos días ante Luxemburgo, muy por debajo de la capacidad técnica de su convocatoria, para dejarse el alma en busca del único premio de la honra con cuatro jugadores de la sub-21.
Se desplegó, entonces, otra reedición de la lucha de estilos que se desarrolla casi cada vez que España está en liza. Sin embargo, dos variables dibujaron desde el primer suspiro el cariz diferente de este enfrentamiento en parangón con el de Eslovaquia: ARYM no iba a aceptar el encierro sin argumentos de circulación aplastante y la conexión en el juego nacional no repetiría nivel en el presente envite ni la verticalidad. Así, los obreros locales se afanaron en desquiciar la posesión visitante con ejercicio de presión y repliegue que complicarían la digestión de los españoles durante los 90 minutos. Y los
campeones continentales se acomodaron en el cortejo a una línea defensiva poco amenazante con el paso de los minutos.Isco figuró cerca de Busquets para aglutinar intenciones en la creación primaria del fútbol patrio mientras que Silva buscaba hueco entre líneas y Cazorla y Mata se apostaban al papel de los interiores clásicos. Con cierta libertad de movimientos la pelota circulaba pero la gestación de ocasiones no perpetraba una periodicidad respetable debido a la incomodidad arrancada por los balcánicos. Pero, con los pies de ambos equipos todavía haciéndose al guión del duelo Silva fue derribado en el balcón del pico del área.
Juan Mata lanzó la falta lateral y, tras un rechace de la zaga y una apertura de Busquets, la pelota regresó a la zurda del jugador del United. Con el control del cuero de nuevo y los rematadores desplazados apostados en el punto de penalti, el mediapunta trató de centrar con la diestra pintando un envío que impactaría con el poste para sorpresa del meta macedonio.
Pacovski sufrió el rebote del balón, que acabó por entrar en su portería. Un gol tan rocambolesco abriría el marcador en el 8 de partido y terminaría por convertirse en símbolo de lo que estaba por venir.
El equipo dirigido por Del Bosque trató de
anestesiar la batalla a través de la asociación horizontal de la pelota y, antes de que consiguiera imponer su determinación táctica, se desató un territorio de desequilibrio en el que Isco detectó el desmarque de
Costa para el chut al lateral de la red del punta -en la única opción al espacio de su participación en el choque- y
Petrovic probó suerte en la única transición que pilló a la zaga española descolocada. Sin suerte. Todo ello antes del minuto 20. A partir de esta suerte de punto de inflexión se cercenaron las llegadas a portería decretándose una pugna por el centro del campo que enfrentaba el intento de congelación del ritmo español y la guerra de guerrillas con que ARYM salpicó la tranquilidad combinativa nacional.
Antes del intermedio tan sólo destacaría el pique entre Diego Costa -otra vez descontextualizado- y Petrovikj, que concluyó con una amarilla por cabeza, y la confirmación de las aptitud del meta local, que otra vez se veía sorprendido por un centro desde la banda derecha española. En el 41 de juego fue Carvajal el que marró el envío a la testa de algún compañero y se encontró con el larguero macedonio. El tedio había vencido con un
74% de posesión para la selección española, sin llegadas claras y un 0-1 de más riqueza resultadista que estética.
Amagó el cambio de escena la visita con el acelerón de revoluciones que propuso Drulovic a los suyos en la reanudación. Así,
Hasani rozaba el gol en una falta en la frontal cometida por Busquets tras un error clamoroso en la circulación del mediocentro catalán. Se atravesaba el minuto 48 y se equilibraba el mando de la pelota, con las primeras circulaciones calmadas balcánicas, que generaban el crecimiento en confianza y desparpajo de los locales.
Isco, intrascendente en la creación y empecinado en
slaloms intrascendentes y chuts imposibles, lo intentó sin éxito en el 53 y, nuevamente, Hasani rozaba el empate al no conseguir rematar desde el punto de penalti un despeje defectuoso de Bernat con Piqué y Ramos desdibujados en la marca.
Y hasta ahí alcanzó a morder ARYM. Del Bosque entendió que necesitaba asustar a su rival con la inclusión de un nueve
cazagoles como
Alcácer y sacó de la competencia a un Diego Costa cada vez más gris -y contrariado con su fortuna-. España ganó entonces relevancia en su manejo del cuero y extendería de manera irrebatible su monopolio del susodicho para amarrar tres puntos de oro -Eslovaquia acabaría empatando en casa ante Ucrania-. El gol mal anulado al puntiagudo Alcácer dio paso a la entrada de
Koke e Iniesta -por Cazorla e Isco, ambos sin brillo-. Drulovic colocaría en escena, en un ejercicio de futilidad a las dos estrellas en rebeldía por la suplencia, a Trajkovski e Ibrahimi y éstos no llegaron a la orilla por la vía del individualismo.
La horizontalidad valía y el crono jugaba a favor. El gol tempranero había susurrado la inconveniencia de subir los decibelios de la pulsión competitiva con el balón como amuleto y se cumplió a rajatabla, con el tradicional virtuosismo en el rincón.
En esa apuesta murieron las opciones de campanada balcánicas y se solventaron los riesgos asumidos por una España que, al fin, se postula como candidata número uno al primer puesto. Con un juego más pragmático que brillante, serio en el control de las aisladas transiciones oponentes y sin sustos, la certificación del billete a Francia-16 quedan pendientes de tres puntos. Una victoria ante Luxemburgo en Logroño serviría. Las connotaciones intangibles y parangones con versiones pretéritas del modelo español, "para otro día", pareció decir el despliegue nacional.
"Hemos ganado de casualidad", aseguró el seleccionador en sala de prensa. La tosquedad y atentado a la espectacularidad y al regusto estético resultaron tan evidentes como la valía de lo mostrado. El estilo de escaramuza y callejón macedonio ganó al romanticismo de Silva.
Ficha técnica:
España: De Gea, Carvajal, Piqué, Sergio Ramos, Bernat, Busquets, Cazorla (Koke, min. 68), Isco (Iniesta, min. 78), Silva, Mata y Diego Costa (Alcácer, min. 60).
ARYM: Pacovski; Brdarovski, Sikov, Ristevski, L. Zhuta; Aškovski (Bardi, min. 76), Gligorov, Petrovikj; Hasani, Radeski (Ibrahimi, min. 84) e Ivanovski (Trajkovski, min. 68).
Goles: 0-1, minuto 8: Pacovski (p.p.).
Árbitro: Paolo Tagliavento (Italia). Amonestó a Costa (min. 30), Petrovikj (min. 33) y Busquets (min. 47).
Incidencias: 26.000 espectadores en el partido de la octava jornada de clasificación para la Eurocopa 2016 disputado en el Nacionalna Arena Filip II.