En el mundo de la ópera, las agendas de los artistas –músicos, cantantes y directores– se programan tan a largo plazo, que el actual director artístico del Teatro Real había tenido que mantener durante los dos últimos años algunos de los compromisos contraídos por el anterior director, Gerard Mortier. Hasta ahora, porque como aseguraba el director general del teatro, Ignacio García-Berenguer, la temporada que está a punto de comenzar, 2015-2016, lleva el sello exclusivo de Matabosch. Ambos comparecían este martes ante los medios de comunicación para presentar la obra que dará el pistoletazo de salida, Roberto Deveraux, acompañados por su director musical, el veterano Bruno Campanella y el de escena, Alessandro Talevi. También por algunos de los intérpretes que se turnarán en los dos repartos de las once funciones programadas hasta el 8 de octubre: el tenor Gregory Kunde, la soprano Mariella Devia y la mezzo española Silvia Tro Santafé.
El estreno de esta ópera belcantista - que contará con la asistencia de Sus Majestades los Reyes - supone, a juicio de Matabosch, el debut en el Real de uno de los mejores tenores del mundo, Gregory Kunde, quien, visiblemente emocionado, reconocía que después de haber pasado los últimos años concentrado en Verdi la vuelta al belcanto es para él “como una medicina”. Igual, ha añadido, que “volver a casa”. Lo hace, además, con Mariella Devia, la soprano que para Matabosch mejor interpreta en la actualidad el papel de la reina Elisabetta, Isabel I de Inglaterra, con quien ya había compartido escenario anteriormente. Devia, por su parte, aseguraba haberse puesto por completo en manos de Talevi y, por supuesto, de Campanella, porque el maestro italiano – reconocido experto en belcanto – conoce la dificultad del repertorio y es quien la apoya en todo momento.
De esa dificultad hablaba precisamente Campanella a la hora de referirse a la obra que Donizetti escribió en uno de los peores momentos de su vida: el compositor acababa de perder a sus padres y a su esposa después del fallecimiento consecutivo de sus tres hijos y Nápoles se encontraba asediada por una epidemia de cólera. Para el maestro, la obra fue creada cuando aún no se había producido la que ha denominado “revolución de los instrumentos” y Donizetti introdujo en la partitura, ha explicado Campanella, demasiados metales en la orquesta. “Podía hacerlo”, ha asegurado el maestro, “porque en aquella época eran sonidos habituales”. Pero las cosas cambiaron después de esa “revolución”, de forma que los instrumentos suenan en la actualidad mucho más fuerte. Y, claro, lo que no han cambiado, advertía el veterano director de orquesta, son las voces: “Por eso, el director tiene que saber acompañar con uno o dos grados menos que la voz para que el cantante no sea vea forzado a forzar su propio instrumento”.
Por lo que se refiere a la escena, su director, Alessandro Talevi, quiso desde el principio que esta producción estrenada en 2013 en la Welsh National Opera tuviera muy presente, además del fatal destino y la trágica suerte que golpeaba al compositor en aquel momento, los problemas mentales que él mismo padecía y que quedaban “irremediablemente” reflejados en muchas de sus obras. En esta, desde luego, de manera muy especial. “Es una obra oscura”, ha declarado Talevi, “En la escena he querido recrear la atmósfera que alumbró Donizetti, con escenas de elevada angustia y terror”. Porque Donizetti y el libreto de Salvatore Cammarano inciden en el perfil psicológico y confesional de la reina, atrapada por una red asfixiante de relaciones disfuncionales, víctima de su propio despotismo en la corte claustrofóbica y terrorífica de los Tudor. Talevi, por tanto, insiste en una versión marcadamente expresionista de las emociones desenfrenadas, pulsiones lujuriosas de la impetuosa reina, una especie de “viuda negra”, en palabras del director de escena. De ahí, el simbolismo creado por la omnipresente araña que en la escenografía firmada por Madeleine Boyd va tomando protagonismo a la vez que avanza la historia de un triángulo de amor imposible.