Sabía que el “baile” en el que se estaba metiendo era para pensárselo, aunque fuera por unos instantes. El ‘follón’ o ‘jardín’, si traducimos al español de acá, de ser el Papa Francisco en la gran pantalla. El actor rosarino
Darío Grandinetti (
Relatos Salvajes,
Hable con ella,
La carta esférica) protagoniza el
primer biopic de Jorge Bergoglio, una coproducción hispano-argentina que llega este viernes a las salas de nuestro país, dirigida por el cineasta gallego afincado en Buenos Aires
Beda Docampo Feijóo.
La española
Silvia Abascal da una correcta réplica al inmenso trabajo de Grandinetti, que cimenta la cinta, y se une a un buen puñado de secundarios entre los que destacan
Carlos Hipólito o Emilio Gutiérrez Caba. El personaje de Abascal, una periodista especializada en información vaticana, sustenta una trama ficticia que se desarrolla en 2013, en torno al Cónclave en el que Bergoglio fue elegido Papa tras la renuncia de Ratzinger, y que sirve de excusa para narrar la vida del padre Jorge: desde su adolescencia en el barrio porteño de Flores hasta el momento en el que, sin joyas y con sus propios zapatos, se asomó al balcón de la Plaza de San Pedro para avisar de lo que estaba por venir: Francisco I, un nombre nuevo y con referencias al valor de la pobreza predicado por San Francisco de Asís.
A partir de entonces, Francisco, el padre Jorge, ha dejado al Mundo con la boca abierta por su cercanía, su mano dura con algunos problemas enquistados y semienterrados de la Iglesia y su apertura de miras en una institución rígida por definición. La flexibilización de las nulidades matrimoniales o una visión más reflexiva y matizada de la compleja realidad aborto –un asunto al que, por cierto, se hace referencia en la cinta, mucho antes de su nombramiento al frente del Vaticano-, son algunas de las revoluciones del Papa, pequeños pasos en una dirección inimaginable hace pocos años. Sin embargo, y tras su labor de documentación en torno a la vida de Bergoglio, Grandinetti asegura en
una entrevista con EL IMPARCIAL que “los que conocen al Papa de antes no están sorprendidos”.
Sin sorpresas para los de siempreDarío Grandinetti arrastra las palabras. Da la sensación de acariciarlas mientras salen de su boca, lentas, argentinas puras, acompañadas de silencios provocados en parte por el cansancio, en parte por la cautela de saber que el objeto de la conversación no es baladí. En su charla con este diario el actor se toma su tiempo para responder. A última hora de su jornada de promoción de
Francisco. El Padre Jorge en Madrid se percibe el esfuerzo por dar algún detalle distinto, por rescatar alguna anécdota que no haya contado hasta ahora.
Empecemos por el principio. “Beda Docampo, el guionista y director de la película, me mandó mail diciéndome que se iba a hacer la película y que él había pensado en mí. La verdad es que lo primero que pensé es que era un proyecto que no se iba a llevar a cabo. Pero enseguida me llamó el productor y vi que era algo firme, que tenía fecha y todo. Fue entonces cuando empecé a pensar y a preocuparme un poco. Cuando decidí que sí, que lo iba a hacer, empecé a leer y a escuchar. Por suerte, hay mucho material de Bergoglio. Hablé con gente que lo conoce mucho y sentía que todo sumaba. No me sobraba nada, incluso cosas que sabía que no iban a ser importantes a la hora de actuar”. En esta fase, el actor sacó una conclusión crucial para darle forma a Bergoglio: “Desde hace dos años, estamos todos sorprendidos con el Papa, pero
los que le conocen de antes no están sorprendidos”.
"Todo el mundo te hace saber que te estás metiendo en un baile importante"
Grandinetti reconoce que al proceso normal de un trabajo de interpretación había que sumarle, en este caso, “todo lo que viene de afuera”.
“Todo el mundo te hace saber que
te estás metiendo en un baile importante. Y tú también lo sabes. Pero a la hora de trabajar te tienes que olvidar de todo es porque si no, no puedes actuar. Y ahora, en la etapa de promoción, uno se mete otra vez en esta vorágine y este vértigo que supone hablar de alguien así”.
Cara a cara“Fue por la película, pero no hablamos de la peli”, cuenta Grandinetti. Y es que el actor tuvo la oportunidad de conocer a Francisco una vez supo que tendría que meterse en su piel.
“No me hizo ni puto caso, pero bien. Me presentaron, el productor le dijo que yo era quien iba a hacer de él en la película y Bergoglio dijo: ‘sí, sí, ya me enteré que estaban por acá’. Nada más. Tampoco iba con la expectativa de hacerle ninguna pregunta porque en tres minutos,
¿qué le preguntas que te sirviera?, ¿cuál era esa única pregunta?”
"Francisco no tiene gestualidad eclesiástica"
Sin pregunta directa, finalmente el encuentro sirvió a Grandinetti, sobre todo para reafirmarse en el rasgo de coherencia tan característico de Francisco. ¿Iba a darle importancia el padre Jorge a una producción sobre su vida? “No sólo no me sorprendió, me gustó. Igual ese encuentro me sirvió para quitarme algunos fantasmas de encima al verlo. Entre otras cosas, vi que no era tan bajo como creía, que es más alto de lo que pensaba. Me fijé en su forma de caminar, en su postura. Ta me habían dicho que ese era un detalle importante al que prestar atención, porque no tiene una gestualidad eclesiástica. Los Papas, los curas, los Arzobispos… tienen como una formalidad, como una especie de rigidez. Él se sienta de otra manera, se mueve, se toca la cara… no es eclesiástico.
Él es un porteño terrible, un tipo de la calle, de fútbol, mate, San Lorenzo y chiste con la gente”.
El secuestro de los jesuitasLa sensación que deja
Francisco. El padre Jorge es la de una especie de incredulidad ante, precisamente, la realidad de un ser incorruptible, de alguien fiel a sus principios hasta las últimas consecuencias, a pesar de la polémica del secuestro de dos jesuitas en 1976, durante la dictadura de Videla, que salpicó al Papa y que se toca de perfil en la película.
“La supuesta acusación respecto de los curas jesuitas está hecha por alguien a quien yo admiro mucho como periodista, alguien que me parece un hombre muy serio y muy honesto. Pero no me imagino a Bergoglio entregando a alguien, sabiendo que los iban a secuestrar y no avisándoles”, reflexiona Grandinetti. “Lo que él dice es que los puso en aviso de que lo que estaban haciendo era peligroso, como todo el mundo sabía.
Todos los curas que habían elegido esa opción de acercamiento a los necesitados y a las villas corrían riesgo. Eso se sabía, la mayoría lo sabía. Según cuenta él, los advirtió, pero de ahí a pensar que sabía que los iban a secuestrar, pudiendo haberlo evitado… Él todavía no era Arzobispo, era un curita en esa época. Tenía una responsabilidad respecto de los jesuitas, de su orden, pero no en la jerarquía eclesiástica. Lo que él sabía, lo sabía por su militancia, por su contacto con los pobres y con alguna gente que militaba en las villas. Esto es lo que yo pienso, claro”.
A parte de esta polémica, “el problema con el que se encontró el director al empezar a investigar sobre la vida de este hombre era precisamente ese –señala el actor-: que
no tenía lados oscuros”.
El Cónclave de Francisco IAdemás del retrato personal de Jorge Bergoglio, la película de Beda Docampo permite realizar una fantasía de muchos curiosos, católicos o no. El proceso de elección de un nuevo Papa encierra secretos, intrigas y un hermetismo durante los días previos a la esperada fumata blanca que atrae inevitablemente. A base de documentación y fuentes, el cineasta rueda esos días de Cónclave en el Vaticano, una recreación que intenta ser lo más fiel posible a lo que se supone que ocurre entre esas paredes y que deja escenas de profunda cotidianidad entre septuagenarios que rezan, comen y se comentan los achaques de cada cual.
La escena culmen, esa en la que el último voto proclama a Bergoglio nueva cabeza de la Iglesia Católica, produce una suerte de satisfacción gozosa en el espectador, que ha contemplado la vida previa del padre Jorge y conoce cuál ha sido su trayectoria posterior como Papa.
¿Cómo preparar ese instante decisivo y secreto, sin apenas referencias?
"Me conmovía pensar en ese señor siendo electo"
“Esa fue la escena que más me gustó rodar. Esa, y los momentos previos. Me importaba dejar en claro que había un momento en el que empieza a verse venir que va a ser elegido. Eso se empieza a contar en un par de planos en los que está solo, rezando, mirando la foto de su abuela. Quería que ahí se notara que él ya es consciente de que va a pasar algo. Y luego, el momento en sí en que lo eligen… se me ocurre que a ese hombre
le tiene que haber pasado por la cabeza la película de su vida. Su frustrada carrera de médico, las discusiones con su madre, su abuela, por supuesto, su recorrido... Supongo que a cualquiera le pasaría eso, pero no me resulta fácil encontrar un ejemplo parecido. Supongamos un tío que estudia leyes y que inicia una carrera en la Justicia, a lo máximo que aspira es a ser juez de la Corte Suprema. Bueno, esto es más todavía. Esto es más que para un actor ganar un Óscar. No hay comparación. Efectivamente, no tenía material que ver para preparar esta escena, pero por suerte se rodó casi al final y yo ya tenía toda la película hecha, ya estaba más o menos metido y tenía claro qué era lo que quería contar. Lo que me parecía ese momento a mí, a Darío, era conmovedor. Me conmovía pensar en ese señor siendo electo. Y lo hice como lo imaginé: al principio le cuesta pararse, no mira, no sabe, es como un balde de agua helada. Pero en seguida, porque es lo que tiene Bergoglio, ejerce todas aquellas cosas para las que fue elegido sorprendentemente, incluso para él, y está a la altura”.
Francisco. El padre Jorge, se estrena este viernes en España, distribuida por
Wanda Films y con 173 copias.