Un periodista no debe transmitir sus sentimientos particulares en una noticia, pero sí en un artículo o en un comentario. Por eso pido a los lectores de EL IMPARCIAL que me perdonen si les confieso que
esta semana he llorado porque ha muerto Andrea y por esa triste noticia me duele el alma. He pedido respuestas y no he encontrado muchas. Solo sé, como ha dicho
José María Gil Tamayo, Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, que “no hay compasión que lleve a la muerte; no a la eutanasia y no al encarnizamiento terapéutico”.
En estos días familiares, amigos y compañeros nos hemos interrogado sobre qué hacer en un caso como éste. No he encontrado otra respuesta que remitir a todos al
Testamento Vital que editó en su día la Conferencia Episcopal Española y que me limito a reproducir:
"A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a..........................Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.Nombre y apellidos:Firma:Lugar y fecha:"Un documento que siempre llevo encima y que puede solucionar problemas de conciencia a muchos.
Sobre todo
no quiero que la muerte de Andrea se considere como un triunfo de los que defienden la eutanasia.