Todo trabajo que explore la labor creativa y contribuya a comprenderla mejor siempre es bienvenido. Y más aún si el análisis se realiza de manera tan inteligente como esclarecedora y amena. Así lo hace la escritora y periodista Janet Malcolm, nacida en Praga en 1934, pero afincada en Estados Unidos, donde colabora en The New Yorker y The New York Review of Books. Precisamente, en Cuarenta y un intentos fallidos se reúne ese número de artículos y reportajes aparecidos a lo largo de varios años en esas dos prestigiosas publicaciones.
El libro se abre con un acercamiento a David Saller, el principal pintor postmoderno norteamericano, para después continuar con otros artistas -sobre todo en el campo de la pintura y la fotografía- y escritores. Así, entre otros, los fotógrafos Thomas Struth, Julia Margaret Cameron, Diane Arbus y Edward Weston, y los escritores J. D. Salinger, Edith Warton, Virginia Woolf y Vanessa Stephen. A veces, Janet Malcolm introduce las charlas que mantuvo con algunos de los personajes, y en todo momento sus observaciones son insólitas y estimulantes. Por ejemplo, cuando disecciona al célebre grupo de Bloomsbury, en el texto “Una casa propia”, o examina algunos relatos, no recibidos por la crítica precisamente con alharacas, del en su día celebrado autor de El guardián entre el centeno, abordándolos en conexión con su alejamiento del mundo y los ataques que recibió: “Si Salinger es la rata que afirman su novia y su hija es algo que tendrá eternamente ocupados a sus biógrafos y que no cambia nada en su obra. La discordia dentro de su familia real no hace sino resaltar la solidaridad inquebrantable que hay en su familia imaginaria”. O nos ofrece una sagaz lectura de Gene Stratton-Porter, cuya novela A Girl of the Limberlost, confiesa Janet Malcolm, leyó y le impresionó a los diez años y luego releyó, descubriendo interesantes aspectos en una novelista arrumbada en el baúl de lo popular y romántico.
A través de esa aproximación y estudio de artistas y escritores concretos, Janet Malcolm nos invita a adentrarnos en los resortes de la creación, sin duda con su punto de misterio, pero no imposibles de desentrañar. Muy al contrario, cuanto más sepamos sobre ella, más la podremos disfrutar. El exigente tótem de la crítica norteamericana Harold Bloom ha elogiado a Janet Malcolm. Comprueben la razón de ello en estos ensayos. Naturalmente, no fallidos.