Para eso debería estar el Gobierno
miércoles 04 de junio de 2008, 22:30h
Hay enfermedades que no matan, pero que quitan la vida. Se van llevando, poco a poco, en su pertinaz avance, muchas cosas importantes y también otras a las que hasta ese momento no te habías detenido a dar valor alguno y de las que, de repente, parece imposible prescindir. Pero ahora es ella, la enfermedad, quien manda. Es el caso de la Sensibilidad Química Múltiple, una de las denominadas enfermedades raras. La cuestión es que para quien la sufre, ha dejado de ser rara para convertirse en una conocida prisión cotidiana, en una condena a estar fuera de la sociedad y a transitar por las horas con la única ayuda que pueden ofrecerte los más cercanos. Y eso, para quienes tienen la “suerte” de contar con los medios emocionales y materiales que den, cada día, el necesario y vital empujón.
Elvira Roda tiene 34 años y su enfermedad le fue apartando de todo hasta terminar en un confinamiento que no le permite vivir como antes, pero que le concede, a duras penas, seguir viva. Después de ocho meses en Dallas, en la única clínica del mundo donde existe un tratamiento integral para este mal que no admite contacto con nada químico, ha recibido el alta y con ella la esperanza de volver a casa, pero el problema ahora es precisamente ése, cómo regresar sin poner en peligro todo lo avanzado en los largos meses de dura y sacrificada terapia.
Es España un país de grandes fortunas, de esas que salen anualmente en las envidiadas listas internacionales, pero sólo una ha dado un paso adelante para atender la petición de ayuda de la familia de Elvira que en su periplo médico ya ha gastado, incluso lo que no tenía. Ha sido la del colonizador de las estepas de Seseña, ese señor de largo yate y avión último modelo. Será en el Gulfstream del Pocero en el que, una vez higienizado, volará Elvira hasta su nuevo e inmune hogar de Valencia. Quizás ahora, el benefactor chupará cámara a costa de su buena acción, pero, en todo caso, yo me quito el sombrero. Para eso está la pasta.
Y, sobre todo, para eso debería estar el Gobierno. Cualquier gobierno. El Ministerio de Exteriores, después de comprobar que Elvira no había estado de vacaciones en el rancho de J.R. y que su especial vuelo de vuelta no se debe a un capricho de VIP, tenía que haber organizado en silencio su regreso a casa, igual que habría hecho con un ciudadano que hubiera sobrevivido a un tornado en tierras lejanas. Igual que hizo hace poco Italia con Antonella Ciliberti, otra paciente en Dallas por la misma dolencia.
En estos tiempos de alta política de salón, se echa de menos que las instituciones públicas y sus responsables bajen al ruedo, donde cada día se lidia con lo más inmediato, la vida y la salud de las personas.
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Escritora
ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora
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