España tardó cinco años en ganar un litigio a la empresa cazatesoros Odyssey por lo encontrado en el buque “Nuestra Señora de las Mercedes”. Pero lo consiguió, el Gobierno español presentó una demanda contra esa empresa estadounidense para defender la propiedad del tesoro y lo recuperó. No es la primera vez, porque ya lo ha hecho varias veces con otros pecios y seguirá haciéndolo. Se estima que hay más de 1.000 buques españoles hundidos que reposan bajo el mar.
Ahora, España y Colombia han acordado utilizar la vía diplomática para resolver la situación que se ha producido tras el hallazgo en aguas colombianas del galeón español San José, hundido en 1708. El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha insistido en que se buscará un acuerdo “amistoso” en un momento en el que, además, las relaciones son “sensacionales”, pero también ha dejado claro que la Unesco ampara a España porque se trata de un “barco de Estado”.
Así, un convenio de la Unesco estipula que este tipo de pecios es “de Estado, de guerra, no un barco privado”, por lo que “hay una titularidad del Estado donde esté abanderado el pabellón” del navío, matizó García-Margallo, que, no obstante, también subrayó que, si no se puede resolver amistosamente el asunto, “ellos entenderán que nosotros reclamemos y defendamos nuestros derechos, como yo entiendo que ellos defiendan y reclamen sus derechos”.
A la espera de que se confirme la titularidad del barco, así como la existencia real de este “tesoro” (el Gobierno español ha pedido información precisa de la situación actual), el principal problema es que España firmó en 2005 la Convención sobre la Protección del Patrimonio Subacuático de la Unesco, pero Colombia, no. Aun así, Margallo recordó que España no renunciará al galeón porque se trata de un barco de Estado con “un significado histórico muy serio”.
Historia de España
Y es que se trata de eso, de preservar un patrimonio histórico. Varios expertos ya han explicado que se trata de una “página de la Historia” que ha estado más de 300 años bajo el mar.
En esta línea, el experto en Patrimonio Cultural Subacuático y catedrático de Derecho Internacional Público de la Universidad Jaume I de Castellón, Mariano Aznar, ha explicado que si se trata este galeón únicamente como un “tesoro”, sólo interesarán los “materiales metálicos o cerámicos”, cuando hay otros materiales que pueden aportar datos de mayor valor.
Se sabe que el galeón San José y otro exactamente igual, el San Joaquín, fueron construidos en 1698 en los astilleros de Mapil, cerca de San Sebastián (País Vasco) y que en el momento en el que fue hundido en 1708 llevaba cerca de 600 hombres y once millones de monedas de ocho escudos en oro y plata.
Según los historiadores, el San José había cargado en la feria de Portobelo (Panamá) su tesoro de monedas y piedras preciosas que había sido recogido en el Virreinato del Perú y se dirigía a Cartagena de Indias. Allí se le harían unas reparaciones para viajar después a Cádiz (España), con escala en La Habana.
Sin embargo, a unas millas del puerto de Cartagena se le atravesó la flota inglesa bajo el mando del comodoro Charles Wager. El “Expedition”, el “Kingston”, el “Portland” y el “Vulture” salieron al encuentro de los galeones españoles que hacían lo que se conocía como la “Carrera de las Indias”. En la batalla, que se prolongó dos días, cerca de la isla de Barú, el San José se hundió tras recibir varios cañonazos. Con él se fueron al fondo del mar casi todos sus marineros y un fabuloso tesoro.
Su estudio daría luz a un momento muy importante de la Historia de España. Pero no sólamente española, también la del tráfico del momento entre Europa y América.
Mucho dinero
Tampoco se conoce exactamente la carga que portaba el galeón. Se habla de 200 toneladas de carga con once millones de monedas de oro y plata y piedras preciosas con un valor aproximado en la actualidad de 5.000 millones de dólares. Para Mariano Aznar esto es “lo menos importante”, ya que el galeón podría aportar información sobre la “historia de las 600 personas que murieron” y permitir a científicos y arqueólogos “conocer una página de nuestra historia”. Se trata del primero de esa época encontrado “completo”.
El reto es “imaginar” un proyecto museológico que acerque al público general todo este patrimonio cultural y no permitir que caiga en manos de los “cazatesoros” que sólo buscan “cadenas de oro” que subastar, mientras “destruyen el contexto histórico y natural”. Dice Aznar que “si eso se hace en el mar, ¿por qué no consentimos que lleguen a la Alhambra, cojan una pieza, se la lleven y la pongan a la venta?”.
La Unesco se lava las manos sobre quién es el propietario. Su responsable de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Subacuático, Ulrike Guérin, dejó claro que su misión es proteger este histórico pecio, pero no decidir quién es el dueño. Aunque sí lamentó que Colombia no haya ratificado la convención de la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura que prohíbe todo comercio con el fruto de yacimientos subacuáticos.
Lo deseable ahora es que muchos expertos trabajen en proteger el galeón San José para que, tanto lo que contenía el barco, como todo lo que sucedió alrededor de su hundimiento, explique un momento de nuestra historia.