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NOVELA

Juan Manuel de Prada: El castillo de diamante

domingo 13 de diciembre de 2015, 17:25h
Juan Manuel de Prada: El castillo de diamante
Espasa. Barcelona, 2015. 456 páginas. 21,90 €

Por Jorge Pato García

A punto de terminar este año 2015 y con la vista puesta ya en lo que nos depare el 2016, se cierra sin duda una anualidad en la que Santa Teresa de Jesús ha sido absoluta protagonista. De los santos católicos se celebra la muerte, pero este año, previa bula, se ha celebrado el nacimiento de la mística abulense, la mujer de mayor fama internacional de las que el suelo patrio ha sido cuna.

Con este motivo, Juan Manuel de Prada nos regala un volumen en el que se ahonda en el cruce de los caminos vitales de la santa, en su faceta reformadora del Carmelo; y Doña Ana de Mendoza y de la Cierva, celebérrima princesa de Éboli, y una de las mujeres que mayor influencia tenían en la España del siglo XVI, incluyendo al mismísimo Felipe II.

Es sabido por el público general que la princesa de Éboli se encaprichó en que la monja andariega fundase uno de su palomarcicos en alguno de sus extensos dominios, en concreto en Pastrana. No tuvo que aguzar mucho su ingenio y mente brillante Teresa de Ávila para ver en este deseo un trasfondo de capricho y, sobre todo, de ganas de tener mando en plaza por parte de la duquesa en el convento que fundase.

Cierto es que una empresa tan ardua como la reforma del Carmelo que inicio la heroica Teresa necesitaba del apoyo divino para el alma, pero del apoyo de los poderosos para las cuestiones materiales. Terrenos, elementos para la construcción, el visto bueno de los que ostentaban el poder, etc. Pero no es menos cierto que, ante todo, lo primordial era que dentro de los muros carmelitas que levantaba Teresa el único señor absoluto era Él.

Con estos mimbres se gestó una relación que debió ser tensa, ya que Ana y Teresa eran dos mujeres fuertes, podrían haberse llamado sin problema Esther y Judith como las bíblicas. Fuertes de carácter, una de ellas fuerte por sentirte apuntalada por el Altísimo y la otra fuerte por saber que el poder terrenal poco se le resistía.

Juan Manuel de Prada en base a los pocos documentos que nos han llegado sobre el trato entre ambas, se dedica a novelar con el acierto que le caracteriza. No cabe ninguna duda de que su formación y sus conocimientos hacen que de lo que en este libro se escribe sea una fantasía en muchas partes pero con el cimiento real y firme, lo que le dota de una estructura y un empaque que destaca a lo largo de toda su lectura.

La fundación de Pastrana tuvo corta andadura, únicamente un lustro, con entrada como novicia de la propia princesa. Soberbia, falta de obediencia y un una serie de avatares que hicieron que Su Majestad Católica tuviese que ordenarla abandonar la vida conventual, con la consecuente cólera principesca y el hostigamiento al convento desde fuera de sus muros.

Finalmente el mal augurio que tenia la santa se cumplió y firmó la orden de abandono del convento y traslado de las monjas a Segovia.

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