Es pronto para aventurar qué sucederá tras las elecciones de este domingo. Al parecer, habrá que decidirse entre Rajoy, Sánchez o repetir las elecciones. Por lo pronto, es claro que el PP gana pero lo tendrá dificilísimo para gobernar. Mariano Rajoy ya ha declarado que va a intentar formar gobierno. Esto le obligará a contar con el apoyo de Ciudadanos y del PSOE. Bien bajo la fórmula de una gran coalición o bien como pactos de abstención para propiciar su elección como Presidente, Rajoytendrá que hacer muchos encajes si quiere conseguirlo. César Luena ya ha anunciado que el PSOE no colaborará. Por mucha mayoría relativa que haya sacado, es difícil presentarse como ganador con este panorama.
El PSOE de Pedro Sánchez tiene posibilidades si logra liderar un gran frente de izquierda que sume a Podemos y a Unidad Popular/Izquierda Unida. También podría intentarlo con Ciudadanos pero necesitaría de muchas abstenciones. En el caso del líder socialista, se da la paradoja de que ha sacado unos resultados electorales decepcionantes pero es clave para cualquiera que intente formar gobierno. Quizás no logre ser presidente, pero puede torpedear que otro lo sea.
El problema del PSOE es que está dividido y su estrategia postelectoral va a tener consecuencias internas. Hay un sector de históricos del partido y de líderes regionales, entre ellos Susana Díaz, que recelan de Pedro Sánchez. La tarde del domingo se rumoreaba la existencia de conversaciones entre populares y socialistas opuestos a Pedro Sánchez para alcanzar algún acuerdo. El candidato socialista a la Presidencia del Gobierno se ha apresurado a anunciar que se presentará a la reelección como secretario general de su partido. Esta división condiciona el apoyo que le pueda brindar al PP o a Podemos. Hay riesgo de conflicto por la derecha y por la izquierda. Además, los resultados en comunidades tan importantes como Madrid -donde se ha producido un vuelco a favor de Podemos- obligan a una reflexión sobre las decisiones tomadas en el último año. Juega a favor de Sánchez que rivales comoMadina han quedado fuera del Congreso. La ironía es que el mal resultado en Madrid ha propiciado que Sánchez se desembarazase de uno de sus más señalados opositores.
Podemos se presenta como la formación triunfadora a pesar de ser los terceros. No es una lectura por completo desacertada. Su irrupción en el Congreso abre una brecha en el liderato que hasta ahora tenía el partido socialista. Si Pedro Sánchezquiere ser presidente, necesitará a Pablo Iglesias, que, a diferencia del socialista, ya ha conseguido muchísimo con llegar hasta donde ha llegado. El réquiem por Izquierda Unida fue anticipado pero la tendencia es clara: el futuro de la izquierda pasa necesariamente con contar con la formación violeta.
Aquí hay un escollo. En buena medida, Podemos coincide en el modelo de sociedad con el PSOE, pero es más ambiguo y tiene más servidumbres en lo que se refiere al modelo de estado. El PSOE ha logrado reconducir a su ala más nacionalista -quién ha visto y quién ve a Miguel Iceta- y se ha opuesto al proceso soberanista liderado por Artur Mas mientras que Podemos ha dado alas a la suya. En realidad, Pablo Iglesias ha desarbolado a la izquierda radical vasca y ha crecido en Cataluña gracias al apoyo de Ada Colau. Podemos crece entre los jóvenes nacionalistas y corre el riesgo de defraudarlos, que es algo que quizás tenga que hacer si se acerca al PSOE. A diferencia de los socialistas, los violetas tienen poca estructura y ha habido entre sus filas varios conatos de rebeldía. En Podemos -que nació como una galaxia de movimientos, grupos, partidos y plataformas- hay una mayor propensión a la rebeldía.
Por fin, Ciudadanos ha alcanzado unos resultados inferiores a los esperados pero en modo alguno despreciables. No logran ser el partido bisagra del que dependería la mayoría absoluta y habrá que preguntarse las razones. Durante los últimos días de campaña dio la impresión de que, entre las filas populares, temían el crecimiento naranja. Se recordó hasta la extenuación el pretendido riesgo de dar poder a quien no tenía experiencia de gobierno. Pues bien, parece que lograron frustrar el avance de Albert Rivera y enervar, al mismo tiempo, la posibilidad de entenderse con un único partido afín en lugar de con varios muy diferentes.
Desde luego, tanto Rajoy como Sánchez van a tener muy difícil estructurar los apoyos necesarios para gobernar.