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TRIBUNA

Discurso del Rey: naciones y regiones

Natalia K. Denisova
sábado 26 de diciembre de 2015, 19:58h

El discurso del Rey ha sido alabado y con razón. La crítica severa por parte de los nacionalistas y otras agrupaciones afines es otro indicio de que el Rey ha acertado. El primer acierto ha sido el cambio de la sede. La residencia oficial de la Zarzuela, su aspecto sereno y algo burócrata no correspondía a las circunstancias actuales. El Salón del trono del Palacio Real, suntuoso y opulento, decorado con la bandera de España que no quedaba escondida como el año pasado, era el escenario idóneo para un mensaje del Rey en una situación excepcional. El Rey Felipe VI ha pronunciado un discurso con varios mensajes esperanzadores, entre ellos destacaría la reivindicación del papel de la historia de España, cuando su desconocimiento y tergiversación son parte de la vida cotidiana y ya no escandalizan a nadie ni siquiera a los historiadores. La historia de España, el reconocimiento de su riqueza cultural y artística, son claves para su futuro como una nación, o sea como un país importante en la arena internacional. Pero… y esta vez entre los aciertos del discurso real se ha escondido un desliz, muchos dirán que es de poca importancia, ya que nadie le ha prestado atención, pero, a mi modo de ver, es un desliz considerable y consiste en insistir en el término “nacionalidades”: “Un Estado que reconoce nuestra diversidad en el autogobierno de nuestrasnacionalidades y regiones”.

¿Cuántos debates ha provocado el uso de la palabra “naciones” para denominar a los pueblos de España que aspiran a la independencia? ¿Cuántas críticas ha suscitado la aplicación de los términos “plurinacional” para denominar el estado español? La mención de la palabra “nacionalidades” por el Rey en el contexto puede significar dos posibilidades: por un lado, puede ser una mera concesión al lenguaje políticamente correcto y en este caso no merece más análisis porque carece del significado; por otro lado, puede ser un término para denominar una realidad histórica, es decir, señalar que dentro de España haynacionalidades. Tradicionalmente, lo que distingue una región de una nacionalidad es el ejercicio de la soberanía. ¿Corresponde a la realidad histórica esta frase del Rey? Creo que no. En cualquier caso, el Rey ha utilizado un término que, desgraciadamente, recoge la Constitución… Y del que tanto se quejó Julián Marías.

El Rey, en fin, podría haber prescindido del término en estas circunstancias. A pesar de todo, alabemos el discurso del Rey, y recordemos que la monarquía española es una institución muy difícil de estudiar, sobre todo, el período de los Habsburgo. Frente a las acusaciones de ser un gobierno absolutista y casi tiránico, fue una monarquía de equilibrios efímeros, consensos tácitos que emanaban de las Cortes. Las Cortes principales eran las de Castilla y las del reino de Aragón, del reino de Valencia y del principado de Cataluña, estas tres normalmente se juntaban y se celebraban en Monzón. Las Cortes eran una asamblea para resolver los problemas locales de cada territorio (esto sin la intervención del monarca), para solicitar al rey algunas mejoras y exponer sus quejas y también para hacer su contribución en la política interior y exterior común en forma de pagos o subsidios. Esto último siempre causaba una resistencia taciturna de las Cortes de Aragón, Valencia y Cataluña que gustaban de poner en prueba el temple de monarca haciéndolo esperar semanas antes de pagar fielmente las sumas solicitadas. En el lejano 1547, el príncipe Felipe encontró la vía para acelerar este procedimiento señalando a los mencionados reinos y el principado que en sus manos era elegir entre quedarse reducidos a unos territorios de escaso poder en la política europea, pero satisfechos en su mezquindad, o seguir formando parte del imperio y teniendo un peso en el comercio y política mundial.

El diálogo entre las Cortes y el monarca fue suprimido por Felipe V, el primer representante de los Borbones en el trono español. Felipe VI se equivoca y mucho si considera que la existencia de las Cortes, una institución del poder local que no pretendía usurpar la soberanía del monarca, es un fundamento suficiente para subrayar en el discurso navideño la separación de España actual en las nacionalidades y regiones.

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