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DIRECTORA DE LA NOVIA, NOMINADA A 12 PREMIOS GOYA

Paula Ortiz: "En una época tan líquida, son necesarios los relatos de raíz"

viernes 05 de febrero de 2016, 11:40h
EL IMPARCIAL charla con la cineasta Paula Ortiz, directora de la cinta que parte como favorita, junto al Truman de Cesc Gay, el próximo sábado en la gala de los Goya. Esta adaptación cinematográfica de la lorquiana Bodas de Sangre, que cuenta con Inma Cuesta, Álex García, Asier Etxeandía o Luisa Gavasa, entre otros, en el reparto, opta a 12 nominaciones.
Llega a la entrevista sonriente, pizpireta. Dice que está un poco cansada –mucho trote en las últimas semanas-, pero de su cara sólo se desprende ilusión, felicidad. La cineasta Paula Ortiz puede presumir de haber concebido una de las películas más bellas, honestas y poéticas del cine español de los últimos años, una adaptación arrebatadora de las Bodas de Sangre de Federico García Lorca envuelta en el halo de lo artesanal y evocadora de la expresión cinematográfica en su versión artística.

Han pasado cuatro años desde el debut de esta profesora universitaria que fue trasladando su amor por la lengua (estudió Filología hispánica) del papel a la imagen. En aquel drama clasificable dentro de lo femenino y lo generacional, De tu ventana a la mía, ya se veía la poética, la exquisita narrativa y la preocupación por lo sensorial que terminan de explotar en La Novia, nominada a doce premios Goya. Entre una y otra, “un camino lento”, según reconoce Ortiz en su charla con EL IMPARCIAL. Sin abandonar nunca la docencia y la investigación, la cineasta rodó en la primavera de 2012 un ‘teaser’ de “imágenes muy precarias e intuitivas” sobre “cómo se podría adaptar a Lorca”, un reto al que se fueron sumando arriesgados productores nacionales, turcos y alemanes. Sólo entonces el proyecto obtuvo el apoyo público: el ICAA y la diputación de Zaragoza. Después vino un rodaje casi de guerrilla y un trabajo de posproducción de un año. “Este tipo de películas son muy artesanales, Vas tejiendo las piezas muy poco a poco y tienes que rascar tiempo para intentar hacerlo despacio, pero bien”.

Foto: Juan Pablo Tejedor


¿Nerviosa a cuatro días de la gala?
Es una mezcla de emoción, de nervios, de ganas. En cualquier caso es una emoción muy bonita, muy positiva, porque es una fiesta y porque no deja de ser la celebración del trabajo en el cine.

¿Te puedo preguntar que por qué Lorca?
Me sorprende que la pregunta sea siempre ¿por qué Lorca? Yo siempre contesto que ¿por qué no? Parece que hay que justificar la elección de un clásico. Supongo que también se daría la pregunta de que por qué Calderón de la Barca o por qué Valle-Inclán o por qué Clarín. No estamos acostumbrados a traducir el patrimonio de relatos que tenemos en nuestra literatura.
En lo personal, el abismo hipnótico que a mí me provoca Lorca es algo muy esencial y muy íntimo. Me llama, me apasiona, me sigue provocando asomarme a cada uno de sus poemas, de cualquiera de los momentos de su vida, de sus obras, me produce una convulsión interior. Lorca es para mí una ventana a un horizonte que no tiene final. Pero es que a la vez considero que es necesario. En una época tan convulsa, tan fragmentada, tan líquida, son más necesarios que nunca los relatos de raíz, los relatos que abren las grietas esenciales, que abren las preguntas y las grandes pasiones, no las que se diluyen, las otras, las que son nuestras raíces, nuestro tronco.

¿Consideras que has hecho una adaptación personal de un texto con múltiples lecturas?
Este tipo de textos que se convierten en clásicos plantean un relato universal en el que todos nos vemos reflejados. Pero es cierto que, igual que habla de todos nosotros, a cada uno nos habla de una manera diferente. Lorca puede leerse en su contexto, por quién fue él, la época en la que vivió, la vida que vivió y la muerte que tuvo; tiene una lectura político social, del retrato de un momento, de un ámbito cultural y de una coyuntura muy específicos. Pero puede leerse también desde una poética muy abierta y muy abstracta, mágica, casi fantástica. Y entre esos extremos hay muchos lugares intermedios, graduales, desde donde situarse y vivir a Lorca. Su poética fuerte y universal atraviesa el tiempo y el espacio, se le entiende en cualquier lugar del mundo y creo que se le entenderá en cualquier época de la historia.

"Cuando planteas una obra cinematográfica debes regalarle al espectador la experiencia más intensa, más profunda y más envolvente posible"


Esta vocación de La Novia de apelar directamente a las emociones, del cine como arte, ¿es arriesgada?
Sí ha habido gente que lo ha calificado de arriesgado, y de valiente, de riesgo incluso de caer en el ridículo, de excesivo. Se la califica con adjetivos demasiado extremos, pero yo lo veo como algo natural. Me parece que cuando planteas una obra cinematográfica, debes regalarle al espectador la experiencia más intensa, más profunda y más envolvente posible. Y para eso, me gusta usar todos los lenguajes que el cine pone a nuestra disposición. En este caso, además, Bodas de sangre, es una tragedia y las tragedias exigen la vivencia de un río torrencial de pasiones que te lleven a la catarsis, eso que los griegos llamaban la ‘limpieza del alma’, una convulsión emocional brutal, que en el teatro griego se conseguía con sus herramientas y que en el cine de hoy necesita ser vivida con las herramientas específicas del cine: los paisajes, la fotografía, los colores, la música, la atmósfera sonora, la palabra poética en sí misma. Para mí, esta era la manera natural de traducir a Lorca al cine y también la manera más honesta para invitar a un espectador a que invierta tiempo y dinero en ver a Lorca. Sin querer plantear ninguna disyuntiva con otras opciones, para ver a Lorca recitado en un patio encalado con mujeres vestidas de negro y un moño, ya ha habido muchas lecturas teatrales. Eso ya lo hace el teatro, el cine te otorga otros caminos y creo que era un imperativo transitarlos.

¿Alguien te dijo, cuando estabas intentado levantar el proyecto, que estabas loca por meterte a hacer esta película?
Mucha gente. Curiosamente nadie del equipo, todos estábamos muy convencidos. Pero desde fuera, la pregunta era ‘¿cómo te metes ahí?, ¿no tienes medio a fastidiarla?’. Y me daba rabia. Ya me dirán si la he fastidiado cuando la haya fastidiado, pero dadnos el margen de error. Esa pregunta es muy de la actitud crítica española, nos la encontramos más en España que en las coproducciones internacionales. Allí les podía gustar o no gustar, cuadrar o no cuadrar, pero no había una actitud negativa. Me parece una pregunta anticreativa. Esto es ensayo error, tienes que tener el derecho a fastidiarla, si no, no hay creación. Por un lado, es verdad que es una responsabilidad trabajar con un texto de referencia pero, a la vez, son los textos que hay que volver a poner encima de la mesa.

Haces cine, pero lo que te da de comer es la docencia. ¿Se puede vivir del cine en España?
Es realmente difícil vivir de esto. Todo el equipo de La novia, desde los productores, pasando por mí, hasta el equipo técnico, la hemos podido hacer por convencimiento, mientras hacíamos otros trabajos. Ahora mismo, la industria lleva una deriva donde ese tipo de proyectos no tienen los recursos necesarios para plantearte parar tu trabajo y tu carrera profesional y dedicarte un tiempo completamente a ello. Y cada vez menos. La producción de cine se está polarizando: o grandes producciones de unos pocos y de un tipo de contenidos donde además es difícil arriesgar con otras propuestas, o películas realmente de guerrilla, que salen porque el equipo hace una serie de renuncias pero no porque realmente te puedas dedicar a ello. Claro que aspiramos a vivir de esto, que a veces parece que no.

"Según los criterios de la nueva Ley de financiación del cine, La Novia nunca hubiera salido"


¿Cómo ves los últimos pasos que se han dado, en este sentido, en la regulación del sector: la Ley de financiación que entró hace poco en vigor?
Esta ley nos va a perjudicar a muchos. Según sus criterios, por ejemplo, La Novia nunca hubiera salido. No es una ley cultural, sino industrial, que valora la posibilidad de la rentabilidad. No podemos ser ingenuos y ciegos con respecto a tu proyecto, hay que mirar a esa rentabilidad, claro, pero puede haber retornos proporcionales al proyecto. El problema es que ya se están poniendo unas cifras de entrada muy difíciles para proyectos más independientes. Y además, se exige que todo el mundo tenga ya una trayectoria de varias películas a sus espaldas: las empresas, los directores, los productores. Si es así, nunca habrá discursos nuevos y nuevas propuestas, es difícil que se renueve y que se avance. Creo que esta ley tiene grandes socavones para el desarrollo artístico del cine.

En general, las industrias culturales aluden a dos conceptos de matrimonio complicado…
Este es el tema, que son dos debates que se tienen que dar simultáneamente y ambos son imprescindibles. Tiene que haber un debate sobre la gestión cultural para que tenga, al menos, un equilibrio sostenible; y si además tiene una rentabilidad, por supuesto que mejor, porque es lo que hará que esto crezca, que cada vez más gente pueda trabajar en ello y que se genere movimiento, más proyectos. Y por otro lado hay algo que creo que se está olvidando, que hace mucho que nadie pone encima de la mesa desde un nivel consciente, responsable, valiente y honesto: que haya un proyecto cultural en nuestro país. No lo hay ni se habla de que lo haya. Lorca es hijo de un proyecto cultural. Lorca, Buñuel, Dalí… los miembros de esa generación de artistas, de pensadores e intelectuales no son solamente hijos de un talento, son hijos de un proyecto cultural, educativo.

LA NOVIA

Adaptación de Bodas de sangre, de Lorca. Desde pequeños, Leonardo, el novio y la novia han formado un triángulo inseparable. Sin embargo, las cosas se han complicado mucho últimamente: el novio y la novia se van a casar, pero entre ella y Leonardo siempre ha habido algo más que amistad. La tensión entre ambos cada vez es mayor, como un hilo invisible que no pueden explicar, pero tampoco romper.

Reparto:
Inma Cuesta, Asier Etxeandía, Álex García, Luisa Gavasa, Carlos Álvarez Novoa, Ana Fernández, Consuelo Trujillo, Leticia Dolera, María Alfonsa Rosso, Manuela Vellés, Mariana Cordero

Nominaciones: mejor película; dirección (Paula Ortiz); actriz (Inma Cuesta); actor (Asier Etxeandía); actriz de reparto (Luisa Gavasa); actor revelación (Álex García); guion adaptado (Javier García Arredondo y Paula Ortiz); música original (Shigeru Umebayashi); dirección de fotografía (Miguel Amoedo); dirección artística (Jesús Bosqued Maté y Pilar Quintana); maquillaje y peluquería (Esther Guillem y Pilar Guillem); sonido (Nacho Arenas, Clemens Grulich y César Molina)

Eres miembro de CIMA, la asociación de mujeres cineastas. Este año, el apartado de mejor dirección en los Goya lo componen dos hombres y dos mujeres: ¿casualidad o vamos por el buen camino?
Espero que no sea una casualidad ni un hito. Es lo justo y necesario. Es la primera vez que pasa y mi duda es que cómo ha ocurrido antes, cuando ya hay una generación de mujeres, de narradoras, de directoras, guionistas, productoras, directoras de fotografía, montadoras… tan preparadas, que han trabajado en proyectos tan importantes, con carreras tan sólidas y con tan buenos resultados en festivales, taquilla o en la crítica. Esto, a veces, no se refleja en los premios ni en la propia industria a nivel estadístico.

Para terminar. ¿Cómo ves la ‘cosecha’ de los Goya este año?
Yo estoy súper contenta de ver mi película nominada con esas otra cuatro obras, de gente que, no solo me parece que este año han dado a luz películas muy interesantes, innegables a nivel técnico, imaginativo, de discursos y de propuestas, siendo cada una de ellas es un peliculón, y tan diferentes, tan plurales; es que creo que son directores que lo llevan haciendo toda la vida. Para mí es un honor y denota que, a pesar de los problemas, hay buena salud en la imaginación que tenemos en España.

¿Qué esperas del sábado?
Bueno, la Academia ya nos ha dado mucho con la nominación. Los Goya son, al final, una plataforma para que la gente sepa que estas películas existen, porque a veces no tenemos tantas herramientas para mostrarnos. Nosotros entramos en el cine la semana antes de Star Wars. Si no nos llegan a nominar a los Goya, hubiéramos caído como una mosca, y ahí seguimos.
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