www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

JORNADA 25: ATLÉTICO 0 VILLARREAL 0

El Atlético se atasca ante el Villarreal y compadece al Madrid | 0-0

domingo 21 de febrero de 2016, 22:22h
El sistema de Simeone se descubrió, una vez mäs, víctima de sus presupuestos. Marcelino obvio lo alegre de su propuesta para arrancar un punto en base a otro cierre ortodoxo. El 0-0 final, consecuente con una tarde de gélida producción ofensiva, aleja a los madrileños del liderato y no les permite distanciarse de su enemigo íntimo. El Villarreal, por el contrario, abandona la capital habiendo cimentado su cuarta plaza. Estadio Vicente Calderón



La tribuna del ardoroso Vicente Calderón coqueteó con su séptimo lleno del presente curso para envolver el duelo del altura que cruzaba las inercias de Atlético de Madrid y Villarreal. El regreso de las competiciones continentales -durante la pretérita semana y la venidera- marcaba un combate de estilos antagónicos que, sin embargo, compartían el regusto intenso de sus guiones. Los defensores de la Ribera del Manzanares sumaban, a la motivación propia de un envite ante un rival directo, la pimienta de distanciar a su enemigo íntimo, resbalado en Málaga horas antes, a siete días de un derbi capitalino que podría conllevar un cochón de seis puntos en la frontera de la segunda plaza y en favor de los rojiblancos. Los levantinos, por su parte, desembarcaron en esta complicada empresa con la concentración distribuida entre Nápoles y el campeonato doméstico, pero a tiro de piedra de los merengues y con la relativa urgencia por alimentar el abismo con el quinto. Así pues, se desplegaba el cierre de la jornada dominical con un delicioso enfrentamiento de bloques punteros en lo estadístico -representan las dos metas menos goleadas- y referenciales en lo relativo a cada filosofía de fútbol.

Diego Pablo Simeone hubo de lidiar con cinco bajas para confeccionar su apuesta inicial. La acumulación de amarillas que sacó de la titularidad a Giménez se añadió a la lista de infortunios -Carrasco, Tiago, Augusto y Thomas-. Así pues, el técnico argentino trató de suturar el agujero padecido en su centro del campo entregando la manija del sistema a Gabi, Koke y Saúl. El equilibrio propio de dicho trío entremezclaría con el desborde de Correa -que volvía a recibir la alternativa en detrimento de Óliver- y el faro venenoso Griezmann. Fernando Torres, único punta protoípico en plantilla, ampliaba su margen de confianza después de su somera racha anotadora. Savic cimentaría la habitual retaguardia -Juanfran, Godín, Filipe y Oblak-. Buscaba el Atlético refrescar las sensaciones que, a esta cota de calendario, fructifican en ejercicios soberbios de cohesión, orden, pulsión competitiva y frenesí. La gestión de las transiciones y posesiones prolongadas visitantes, la precisión en el cortejo endógeno del cuero y la pericia en el último tercio de cancha delinearía lo alejado o cercano que los colchoneros se encuentran de su punto adecuado de cocción y, de paso, de granjearse tres puntos más vailiosos de lo que podría antojarse en febrero.


Marcelino García Toral concibió este envite como una suerte de etapa maestra a quemar antes de lanzar el abordaje definitvo al segundo clasificado de la Serie A. Buscó el preparador asturiano alternar el reparto de esfuerzos con la configuración de una estructura inicial de garantías, que cultivara el terreno adecuado para crecer con el paso de los minutos. Las ausencias de Samu García, Asenjo y Jonathan Dos Santos condicionaban, amén de la tesitura de entreguerras, el planteamiento nominal amarillo. No en vano, Musacchio, Trigueros, Denis Suárez y Baptistao, todos ellos titulares en el meritorio triunfo del pasado jueves, aguardarían turno. La medular castellonense luciría la seria pareja Bruno-Pina, con el apoyo sacrificado de Rukavina. Bonera acompañaría a Víctor Ruíz en el cierre, con Mario y Bailly ejerciendo de tapones extreriores o carrileros profundos. Samuel Castillejo aliñaría una ofensiva destinada a explotar en vuelo, basando su alcance en la astucia complementada de Bakambu y Soldado. Debía el Subrmarino reproducir la consistencia evidenciada hace días y la personalidad para con el uso de la pelota en busca de desahogo y, en la vertiente más ambiciosa, del dictado del ritmo. La vigilancia tras pérdida y el rigor táctico manifestaría la vigencia de los presupuestos del cuarto clasificado ante la roca rojiblanca.



Arrrancó el choque desplegando con cereridad la apariencia que dibujaría en su conjunto: dominio posicional y del cuero atlético y achique ordenado y salida visitante. El prólogo de la trama estableció un espejismo que situaba el timón de mando en manos de la asociación amarilla. Sin embargo, cuando se hubo superado el primer pestañeo de conocimiento mutuo, el Villarreal mutó su incipiente querencia del esférico hacia la intención vehemente dirigida en pos de eludir el encierro. Se bastó el virtuoso conjunto aspirante al entorchado de la Europa League con remendar sus oquedades y aguardar la ocasión para desatar una deflagración a la contra. Se toparía esta voluntad con los desginios de un Atlético que mantuvo las líneas adelantadas. La perpetua búsqueda de superioridades por banda era colapsada por la red de ayudas dispuesta por Marcelino, acontecimiento que generó una reducción de espacios que conllevó la experimentación de un ritmo trompicado favorable a la pretendida anestesia valenciana. La pérdida de Bailly que cazó Saúl en el pico del área oponente para el chut consiguiente a las nubes -minuto 8- abrió boca. Antes, había reclamado penalti Castillejo tras anticiparse a un pase en el interior del área contrincante.


Intercalaba el Atlético a Koke y Saúl como interiores que se acoplaban a la trinchera de la frontal, con Griezmann fluctuando hacia la cal derecha, en una estratagema más vertical que pausada, acomodando un cierre rival que se preocupcaba por acumular piezas en su compacto achique. Con ello consiguieron cortocircuitar los pasillos interiores de manera sostenida. El juego entre líneas brillaba por su ausencia, penalizando la frugalidad atacante de ambas escuadras, y los avances no localizaban rutas de acceso a posiciones de remate, a excepción del centro bombeado desde los laterales, herramienta tan sistemática como fútil ante la comodidad castellonense. Así, el juego plano recobraba el peso de su fantasma, de vuelta a la actualidad rojiblanca. Quiso argumentar evasiones a la densidad mostrada por su sistema Simeone elevando las revoluciones y exigencia antes de atravesar la frontea del minuto 20, movimiento éste que le proporcionó el superioridad táctica ante un contrincante cada vez más arrinconado, sin paréntesis de respiro. No obstante, el Villarreal no atinaba a regalar fluidez a sus asociaciones como consecuencia del relevo coyuntural o la ausencia de buena parte de sus elaboradores con rango de actuación en el ecuador del territorio. El bostezo de ambos porteros emergió como paradigmático, con las líneas muy juntas en ambas fases de juego y la asociación con pretensión de remate reducidas al mínimo. El centrocampismo aterrizó para quedarse con Pina y Bruno como gobernadores.


Una buena combinación, con Correa y Griezmann como desastascadores centrales, que concluyó en centro de Juanfran, rechace hacia la frontal y disparo tímido que ataja Areola -minuto 23- activó la reacción visitante. Marcelino alzó las líneas para reclamar la pelota y el sosiego táctico que le entregara el mando de la dinámica. Había ejercido sólo como sujeto pasivo afanado en el repliegue contemplativo y de espera de opciones en contraataque, pero viraba su devenir alzando la altura de la línea defensiva y, por ende, doblando la exigencia interpuesta a la circulación local. Trató, pues, de eludir un nuevo encierro sobrevenido. Pero el despliegue de fútbol control local, tanto en la concepción atacante, horizontal, como en la tensión relativa a la vigilancia de la transición visitante tras pérdida, no cedía en su pulso. Sin embargo, no traducía el segundo clasificado la posesión en acercamientos que regatearan la presuntuosa mecánica de centro exterior y en parábola hacia rematadores de menor estatura que los centrales amarillos, con lo que la placidez del repliegue levantino empezó a propulsar la evolución táctica y la ambición global. El zurdazo de Víctor Ruíz -a la salida de un saque de esquina producto de una asociación continuada- que lamió el larguero de Oblak, en el 31 de partido, susurraba la mutación del escenario. La aridez productiva colchonera parecería dar paso a un salto de página que empujaba a los pupilos de Marcelino hacia un papel de mayor bagaje protagónico en la trama.


Para su desgracia, opuso resistencia al presunto punto de inflexión un Atlético que no abandonó su hierático dictado de la plomiza inercia. Incluso, pasó de endurecer el amarre de su rival a efectuar un respingo en los últimos 10 minutos, al tiempo que Soldado y Bakambú, descontextualizados, yacían lejos del eje amarillo. Castillejo no ocupaba posciones intermedias de conexión, al igual que Correa se manejaba en un estatus de irrelevancia generadora desde la mediapunta. Pero la aceleración postrera alzó el telón de la producción colchonera: Saúl probó suerte a través de nuevo disparo, mordido, sin consecuencias -minuto 35-; a continuación, Koke ejecutó una volea escorada y desde media distancia que se estrelló en el lateral de la red -minuto 40-; y Griezmann cerró el tríptico al peinar desviado un centro de Juanfran en el 42. Pero, además de sobrevivir a este trance, el Villarreal soltó las piernas de sus puntas en una salida coral brillante, con los puntas como gestores, que culminó el disparo muy desviado desde el pico del área de Mario -minuto 44-.


Se marcharon a vestuarios los comparecientes con una relación de siete ocasiones generadas locales por tres visitantes, 2-0 en cuanto a remates a portería y un reparto de 54 a 46% en relación con la posesión, con preeminencia colchonera. La lentitud de los presupuestos urgía tomar una decisión al Cholo: apostar por mover ficha decididamente y desatascar el engorro creativo -y con ello cambiar el ritmo- o madurar el partido a la espera de que el cansancio jugara su papel. Marcelino, por el conrario, extraía conclusiones sensacionales de la capacidad de sufrimiento de su esquema, enriquecido con esta arista defensiva, por lo que no contemplaría demasiadas modificaciones a la hoja de ruta.


Sin cambios comenzó un segundo acto de similar pentagrama. El domino local contaminó el guión con rapidez pero, esta vez, lo haría acompañado de un ascenso de velocidad con y sin pelota. En consecuencia, se inauguró un chispazo de pegada rojiblanca que autografió la cesió de Koke a la entrada fulgurante de Correa. El argentino, que lució un número de fintas y engaños que sentó a su par, esbozó una vaselina que Areola sacó in extremis -minuto 52-. Repitió de inmediato Ángel, en desmarque de ruptura, con un chut cruzado que no hizo diana. En el entetanto, Saúl vio su figura empotrada en busca de rudos envíos desde la cueva o como sustento de Torres en el intento de caza de los centros laterales al área. Y los réditos parecían asomar. Pero, pasados los diez primeros minutos de la reanudación, el Villarreal reaccionó al repiqueteo colchonero y subió, de nuevo, líneas.




Simeone acudió, entonces, al irregular Óliver como desengrasante que oradara el imperturbable cierre visitante. Marcelino, afinado estratega, eligió a Adrián para engordar el brío en transición y al espacio. Griezmann, vacío desde el prisma físico y la trascendencia en el juego, dejó su escaño y Soldado, firme en su solidaridad para con el colectivo y desasistido en ataque, hizo lo propio. El remate de Bakambu -minuto 61- que no encontró palos a pesar de su franca posición subrayó el ascenso de vatios en el rebate levantino, que dibujaba presiones a cancha completa. El movimiento tocaba tierra en una tratativa por acelerar en busca de una mayor cosecha que la contemplación desprovista de propuesta creativa, la versión pragmática de su argucia menos luminosa.


Se disparaba el duelo replegado sobre sí mismo hacia el desenlace atravesando un intervalo de densidad inocua que congeló el prometedor ritmo insinuado tras el descanso. Por el camino, ambos preparadores diseñaron el tipo de equipo con el que afrontarían la pugna por los puntos. De este modo se incluyó en la fórmula a Denis Suárez, la pieza más desequlibrante, sentando a Castillejo -más trabajo que lucidez- y Vietto tomó el relevo de Correa para renovar energías y atribuciones. Entraban en escena, pues, los directores del último pase en ambos equipos. Ejecutaban, por tanto, una modificación que pasaba del matiz valiente. Sin embargo, a falta de 20 minutos, no terminaban por soltarse los amarres del respeto compartido. Y el perfil escurridizo visitante no alcanzó la labor escapista deseada. Tan sólo encontraría un par de contras hilvanadas con mimo que Oblak deshizo adelantándose al remate definitivo. Krannevitter cogió el testigo de Saúl -apagado en la fase decisiva de su rol- y Baptistao otogó descanso a Bakambu -intermitente en su desborde y conexión con Soldado-.


La última recta abandonó el envite al esbozo de una llamarada de ritmo que nunca llegaría. El Villarreal trató -y terminaría consiguiendo- de errar otro rendimiento notable de achique y el Atlético buscaba sobreponerse a su escasez creativa. La desprovisión de rapidez en la asociación y en la movilidad nunca tocó ratios absolutos, beneficiando la labor de ambas retaguardias. La monotonía general sólo se vería rota por dos aproximaciones inconexas rojiblancas. La primera, en el 84, nació de un centro frontal de Óliver que interceptó y remató sin punch Torres; la segunda, cargada de frenesí improvisado, selló el descuento con un pelotazo de Gabi que Óliver bajó y prolongó de tacón, y Vietto remató desviado. No sirvió este par de intentos para extremar la eficacia necesitada y el reparto de puntos se hizo tangible. Desaprovechó la oportunidad el conjunto colchonero de enfrentar el derbi con mayor holgura y afianzó su posición de último club con acceso a la próxima edición de la Liga de Campeones un colectivo castellonense en pleno ascenso conceptual y estadístico. El frío capitalino resfrió, finalmente, al obrero familiar, que despidió buena parte de las molestias discursivas que le tildaban de candidato al entorchado liguero.



Ficha técnica:
Atlético de Madrid: Oblak; Juanfran, Savic, Godín, Filipe; Gabi; Griezmann (Óliver, m. 61), Saúl (Kranevitter, m. 80), Koke, Correa (Vietto, m. 68); y Fernando Torres.
Villarreal: Areola; Mario, Bonera, Víctor Ruiz, Bailly; Rukavina, Bruno, Pina, Castillejo (Denis Suárez, m. 67); Soldado (Adrián, m. 62) y Bakambu (Baptistao, m. 81).
Árbitro: Prieto Iglesias (C. Navarro). Amonestó a los locales Gabi (m. 68) y Filipe (m. 73) y a los visitantes Castillejo (m. 61) y Bailly (m. 76).
Incidencias:
53.000 espectadores asistieron al partido correspondiente a la vigésimo quinta jornada de Liga, disputado en el estadio Vicente Calderón .
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios