www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TEATRO REAL

Una fugaz Luisa Miller protagonizada por un magnífico elenco

miércoles 27 de abril de 2016, 08:40h
Fabulosa versión concierto de la ópera de Verdi Luisa Miller en el Teatro Real.
  • Dmitry Belosselskiy (Conde de Walter)

    Dmitry Belosselskiy (Conde de Walter)
    Fotógrafo: Javier del Real | Teatro Real

  • Leo Nucci (Miller)

    Leo Nucci (Miller)
    Fotógrafo: Javier del Real | Teatro Real

  • María José Montiel (Federica) y Vincenzo Costanzo (Rodolfo)

    María José Montiel (Federica) y Vincenzo Costanzo (Rodolfo)
    Fotógrafo: Javier del Real | Teatro Real

  • Plano general

    Plano general
    Fotógrafo: Javier del Real | Teatro Real

  • Vincenzo Costanzo (Rodolfo), Lana Kos (Luisa Miller) y Leo Nucci (Miller)

    Vincenzo Costanzo (Rodolfo), Lana Kos (Luisa Miller) y Leo Nucci (Miller)
    Fotógrafo: Javier del Real | Teatro Real

Diez minutos de aplausos al finalizar la ópera de Verdi Luisa Miller supieron a poco para premiar la fabulosa versión concierto de la misma que el Teatro Real ha ofrecido en dos únicas funciones, los días 23 y 26 de abril.

Un elenco de altura - en el que destacaba el nombre ya mítico si de padres verdianos se trata, Leo Nucci – dirigido, al igual que la Orquesta Titular del Teatro Real, por la experta batuta del maestro estadounidense James Conlon demostraba, una vez más, que una ópera en versión concierto puede tener aún mayor empaque y mejor factura que una escenificada. Especialmente si, como ocurre en este caso, los intérpretes logran no solo transmitir las potentes emociones que jalonan las obras del gran Verdi, sino también llevarnos a una imaginaria escena en la que no se echa en falta ningún tipo de attrezzo. La fugaz Luisa Miller que ha podido verse durante dos únicas veladas en el coliseo madrileño ha resultado ser un bellísimo ejemplo de que contar con la orquesta y el coro junto a los cantantes sobre el escenario ya constituye en sí mismo una escena que no tiene por qué resultar fría o hierática. Todo lo contrario. Anoche, en la segunda y última de las funciones de esta injustamente olvidada obra del compositor italiano la liturgia de los músicos y los cantantes al inicio de la obra daba paso a la interpretación actoral de unas voces que transmiten más allá de decorados, equilibrismos, iluminación especial o vestuario. Cuando una versión concierto cuenta con un elenco como el de esta Luisa Miller, que además prescinde por completo de atriles, resulta un privilegio poder ver una interpretación sin artificios, con los cantantes al lado de los músicos, codo con codo, sin que el público tenga que imaginar, porque lo está viendo, lo que ocurre “a escondidas” en el foso.

Por otra parte, si los aplausos al final de la obra pudieron saber a poco después de tanta intensidad sobre el escenario también es justo advertir que desde que media hora después de empezar el primer acto se escucharan las primeras aclamaciones de “bravo”, dirigidas, cómo no, al barítono italiano Leo Nucci, el premio del público fue in crescendo y dirigido en justicia a todos los participantes de tan redonda velada. Así, pocos minutos después del merecido aplauso a Nucci en su interpretación de otro sufrido padre verdiano más, esta vez el de Luisa Miller, el bajo Dmitry Belosselskiy, recibía el reconocimiento del público por la calidad vocal otorgada a su personaje el conde de Walter, el otro padre de la historia, o mejor dicho el padre del otro enamorado, el joven Rodolfo, del libreto de Salvatore Cammarano basado en una obra de Friedrich Schiller. Un libreto al que, por otra parte, algunos han querido culpar de ese injusto e injustificado “olvido” de Luisa Miller después de su exitoso estreno en el teatro San Carlo de Nápoles en 1849 cuando lo cierto es que esta obra lo que tuvo fue una durísima competencia nacida en su propia casa, es decir, en las inmediatamente siguientes óperas de Verdi, especialmente Rigoletto – a la que recuerda Miller a modo de precedente – o La Traviata.

Por lo que se refiere a la joven pareja protagonista del amor que termina en tragedia, Luisa y Rodolfo, los intérpretes de estas funciones en Madrid acabaron siendo – en su debut madrileño - los más premiados de la noche, tanto en sus momentos en solitario o con sus respectivos progenitores como, de manera especial, en el terrorífico dúo final: cuando comprenden, demasiado tarde, que han sido víctimas de intrigas promovidas por el poder, la venganza, el miedo y los celos, también el idealismo del resto de los personajes. La croata Lana Kos convencía desde su primera aparición de la noche por la rotundidad de una voz de elegante fraseo, mientras que el tenor italiano Vincenzo Costanzo iba creciendo con seguridad en su interpretación de Rodolfo, hasta llevarse el aplauso más largo de los que iban premiando cada aria antes de que el metafórico telón cayera pocos minutos antes de las once de la noche. Con merecidos aplausos, asimismo, para James Conlon - quien por su parte no había dejado de aplaudir con su batuta a los cantantes durante toda la obra -, para el magnífico bajo canadiense John Relyea y la mezzosoprano madrileña María José Montiel, sin olvidar por supuesto a la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real, y al director de este último, Andrés Maspero.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+

0 comentarios