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ESTRENA ACANTILADO

Helena Taberna: "Todavía seguimos sorprendiéndonos cuando hay personajes femeninos de entidad"

jueves 02 de junio de 2016, 17:59h
La cineasta Helena Taberna estrena Acantilado,unaadaptación libredelanoveladeLucíaEtxebarría El contenido del silencio que reflexiona sobre el individuo ylacomunidadsobreunthrillerpolicíaco. Gabriel (Daniel Grao) recibe la noticia de un suicidio colectivo de una secta en Canarias.Suhermanapequeña (IngridGarcía-Jonsson), a la quenohavistoenaños, era una de las adeptas. Gabriel viaja a la isla ysesumergeenlabúsqueda de su hermana desaparecida.JuanaAcostayJonKortajarena completan el reparto de la cinta, que llega este viernes, 3 de junio, a las salas. El Imparcial ha charlado con la directora.
Foto: Juan Pablo Tejedor
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Foto: Juan Pablo Tejedor
Has dicho en alguna ocasión que Acantilado tenía mucho de ti, ¿en qué sentido?
Soy consciente de que he hecho esta película en un momento especial de mi biografía, en el que he podido tener más sensibilidad para percibir cosas que estaban pasando. Puede ser que me haya tocado transitar por la zona oscura, como les pasa a mis personajes.

La novela de Lucía Etxebarría en la que se basa la película se llama El contenido del silencio. ¿Qué papel juegan los silencios en Acantilado?
El título de El contenido del silencio sí que ha marcado la película, desde la escritura del guión hasta la planificación. En la literatura, el silencio se puede contar con todas las palabras que quieras, pero en el cine, el silencio sólo admite imagen y te obliga a un ejercicio cinematográfico austero y muy interesante. Desde que decidí que iba a hacer una adaptación literaria, partí de la base de la diferencia de lenguajes y de tener la libertad para que lo que contara fuera mi mirada sobre esa novela. Y así lo hablé con Lucía. El querer ser demasiado fiel o admirativo a la novela da como resultado malas películas. Creo que es preferible una película más apartada de la novela, pero que tenga un vuelo propio y sea un buen cine. Es tan complejo hacer una película que no quería tener en la espalda esa responsabilidad de que le gustase o no a la autora.

¿Cómo se consigue que un autor conceda esa libertad sobre la propia obra?
Creo que tiene que ver con que yo venía de que me cedieran aún más. En mi anterior película (Nagore, 2010) trabajé con la madre de Nagore Laffage, la chica asesinada en los Sanfermines en 2008. Yo quería darle un abrazo y mi forma de abrazar es hacer cine. Así que le dije que quería hacer algo sobre su hija, pero también que no iba a ser una película para agradarla a ella o para tranquilizar a la familia, sino que mi intención era hacer una película para el mundo. Y me cedió la libertad para que pudiera hacer ficción, documental o cualquier otro género. Venía de una entrega más generosa, porque lo que me estaba dando esa mujer era mucho. A la hora de adaptar la novela, ya sabía que era importante que desde el principio estuvieran las cosas claras. Toda adaptación cinematográfica, incluso la más fiel, es la mirada del cineasta sobre la literatura.

Sí que toma de la novela esa reflexión de fondo sobre la colectividad frente al individuo, ahora, en un mundo que es a la vez más globalizado y más individualizado, pero que últimamente –y lo vemos claramente en España- ha revitalizado el movimiento colectivo, la necesidad de formar parte de algo...
Bueno creo que todavía aquí en España tenemos bastante soporte familiar. Vivimos en una sociedad en la que, a diferencia de la norteamericana por ejemplo, aún hay puntales familiares muy fuertes. Esas estructuras también responden, de alguna manera, a comportamientos sectarios y uno huye de la familia a veces en busca de su propio camino. Porque la familia te da protección y afecto, pero también te limita en el vuelo y te marca. Creo que tenemos que ir ajustando, pactando: si queremos tener libertad y al mismo tiempo afectos, hay que negociar. Todo este tipo de lecturas de la película, que salen a posteriori, me parecen muy interesantes porque hacen de la cinta un ente abierto, vivo y con el punto poético de la no comprensión completa.

Y en torno a estas reflexiones más, si se quiere, poéticas, has construido un thriller…
Es que es una novela muy difícil de adaptar, así que los guionistas decidimos crear una estructura de thriller que sirviese de soporte para que lo que ocurre en la película se mantuviese con una tensión y un ritmo que para mí son fundamentales en cualquier relato cinematográfico. Cuando conocí la historia de las sectas presentes en Canarias y la figura del infiltrado, fue cuando decidimos incluir la trama policiaca. Fue un trabajo muy importante y, de alguna manera, arriesgado. Porque el público al que le gusta el cine de género puede percibirla como una película de autor y, al revés, los que buscan cine de autor van a ver el género. Pero en mi manera de hacer cine y de estar en la vida no me gustan las etiquetas. Lo que hay es una historia, que tiene capas y mantiene la tensión. Eso es una película, es cine, independientemente de las etiquetas que vienen a posteriori, de esa necesidad de llamar a las cosas en lugar de dejarlas, simplemente, que sean.

Repasemos tu filmografía a grandes rasgos: Yoyes, sobre la primera mujer que ocupó puestos de responsabilidad en Eta; Extranjeras, sobre mujeres inmigrantes a principios de los 2000; La buena nueva, sobre el papel de la Iglesia en el levantamiento militar previo a la Guerra Civil española; o Nagore, de la que ya hemos hablado; y ahora las sectas y el suicidio. Da la sensación de que te decantas por asuntos espinosos o complicados. ¿Es algo consciente?
El primer corto que hice, La mujer de Lot, lo rodé en un acantilado y La buena nueva termina también en un acantilado. En aquel momento, el montador me dijo que empezaba mi última película donde terminaba la primera. Yo no me había dado cuenta. Pero creo que sí me gusta moverme en los bordes, en los límites, me gusta la intensidad. Tanto en la vida como en el cine huyo de la banalidad, quiero que pasen cosas. Probablemente es un canto a una vida plena, que igual requiere más esfuerzo, pero que merece la pena.



Como fundadora de CIMA, la asociación de mujeres cineastas, ¿cómo ves en la actualidad la situación de la mujer en el sector?
Creo que hay películas magníficas hechas por mujeres en España desde el punto de vista artístico y cinematográfico, pero al mismo tiempo pienso que faltan muchas películas dirigidas por mujeres. Nos estamos perdiendo talento y algo hay que hacer. Nosotras empezamos empujando desde CIMA y la verdad es que aún no se ven resultados. Y ahora, si hay crisis en el cine, las primeras que caen en el saco del olvido son las mujeres. Por otro lado, tenemos el estímulo de que en la industria americana están apareciendo voces por la igualdad y muchísimo talento femenino que reivindica a las mujeres. Todavía seguimos sorprendiéndonos cuando hay personajes femeninos de entidad y bien definidos y eso significa que aún falta mucho por hacer. La industria de la literatura ya ha conseguido una paridad real, aunque es cierto que tiene mucho menor coste la edición de un libro que hacer y enseñar una película. Me gusta hablar de esto desde el talento: no nos van a regalar nada, es que hacemos buen cine, contamos buenas historias y al público le apetece verlas. La industria tiene que animarse y que nos demanden para hacer cosas.

Y en cuanto a la parte más artística, ¿crees que hay un cine femenino o una visión femenina del cine?
Sí que creo que hay un conocimiento muchísimo más grande de la condición femenina y mucho talento a la hora de contar personajes femeninos. Aunque hay directores hombres que dirigen a las mujeres y al alma femenina de maravilla, los personajes femeninos en cine casi nunca aparecen en lugares reales, por lo general son mujeres idealizadas. Pero en realidad no se trata tanto de reivindicar la mirada femenina como de reivindicar la mitad de la mirada. Los talentos están repartidos, así que es casi milagroso que hagamos películas tan buenas siendo tan pocas. Simplemente se trata de completar, que estemos todos y todas, porque no quiero perderme talento.

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